La ciudad literaria de Julio Ortega

Dos libros venezolanos en México

Posted by jortega@brown.edu on January 26, 2006

Por Julio Ortega

Estaba yo haciendo la maleta para volver a Caracas cuando leí en The Economist (del 11 de junio) la más sorprendente noticia internacional sobre Venezuela: este es el país más optimista del mundo. Según la encuesta hecha por NOP World, un centro de investigación del mercado mundial, los venezolanos son el pueblo con más confianza en su porvenir económico. En el vuelo a Miami recordé que hace unos años Venezuela era el país número uno en emigrantes potenciales. Los venezolanos habían batido a los ingleses en las ganas de dejar su país. Es muy difícil ganarle a los ingleses en esa pasión nacional.

Pero ya aterrizando en Caracas concluí que ambos hechos no son contradictorios porque se explican en el escenario de la modernidad desigual que nos ha tocado. Y siendo Venezuela el país más moderno de América Latina, nada es peor que repetir el pasado, y todo se proyecta hacia el futuro. A veces, agonizando de fugacidad, vivimos ya en el futuro, dándole el poco presente a cambio. No se si el potencial económico explica por si mismo este derroche de futuro pero sí es cierto –según demuestran los economistas –que el actual consumo intensificado de energía ha cambiado las reglas de juego multiplicando el valor de las pocas fuentes energéticas y, en la lógica del mercado en que vivimos, elevando precios y ganancias pero también incrementando recursos para los países productores.

Pues bien, si por una vez la materia prima nos dejará réditos efectivos, los recursos que dan forma al futuro, los de la cultura, adquieren hoy renovada función. Siendo la cultura una agencia propiciadora de la modernidad (en tanto espacio de crítica, democratización y creatividad), su función más sensible es reafirmar esos derechos humanos, incluyendo tanto los de la misma naturaleza como los del diálogo.  En un mundo que depreda y gasta el futuro, la cultura es un horizonte sin fronteras, la siembra de nuestra humanidad. Todo buen libro, por ello, es un ahorro de porvenir.

No se puede conocer a los pueblos –dijo hace tiempo Levi Strauss –sin conocer su horizonte de expectativas, allí donde sueñan y desean. La lectura es parte de ese proyecto colectivo, allí donde el diálogo nos alberga, libres del monólogo autista.

La publicación de dos libros venezolanos en México adelanta esa coincidencia feliz entre las tareas de la literatura y el deseo de imaginar el porvenir. Mirla Alcibíades ha escrito un libro fundamental (La heroica aventura de construir una república. Familia-nación en el ochocientos venezolano), dedicado a la memoria nacional como un sistema problemático de comunicación. Milagros Socorro es autora de cuentos de entrañable agudeza y hace la crónica descarnada del presente. Ambas se ocuparán del libro de entrevistas literarias Diálogos transatlánticos de María Ramírez Ribes y de Falke, novela de Federico Vegas, publicados por Jorale Editores en la serie Contracorriente a mi cargo. La historia oral de una rebelión despierta en esta magnífica novela como la promesa que da forma al pasado, alentada por el paradigma –tan real como imaginario –de Rómulo Gallegos. Releí, por cierto, Doña Bárbara para situar Falke, y encontré que Gallegos no sólo es un gran escritor sino el más venezolano, porque todo está por hacerse en su novela: la familia nacional, la civilización, la novela misma, esas grandes apuestas de lo moderno. A propósito de la historia oral, acabo de empezar el notable libro de Yolanda Salas sobre Manuel Piar y su largo debate con Bolívar, que es una pregunta por los orígenes divisorios (Piar: el héroe de mútiples rostros). Y en los diálogos de María Ramírez Ribes con 31 escritores e intelectuales nos encontramos con las orillas atlánticas de nuestro principio y, creo yo, nuestro destino, con el ágape del entendimiento (gozosamente en el caso de Alejandro Rossi) y las apuestas libérrimas (con magníficencia en el de Salvador Garmendia). A propósito de apuestas, María acaba también de publicar La utopía contra la historia, una espléndida puesta al día de las demandas de la Utopía, madre de esta América. Es sintomático que el proyecto del Falke, un barco de jóvenes rebeldes contra la dictadura de Gómez, sea asumido desde el discurso de Rómulo Gallegos, educador por excelencia, y a nombre del lector, cuyo saber deberia mejorarnos a todos. Porque estos serán mayores libros cuando haya mejores lectores.  Bien define Gallegos al interlocutor, al sujeto del diálogo: “Y era otra voz aquella con que ahora hablaba.”

Son, así, libros multiplicados por los tiempos de la rebeldía creadora, el diálogo constitutivo, y la comunidad de la lectura.

Gracias a Carlos Noguera y la Libería de Monte Avila, gracias a los autores y a todos ustedes, por esta noche plena de futuro.

(Presentación de J. Ortega en la Librería de Monte Avila, 7 de julio, 2005).