La ciudad literaria de Julio Ortega

Un enano recorre Lima

Posted by jortega@brown.edu on February 7, 2006

Se trata de la novela El enano, Historia de una enemistad de Fernando Ampuero (1949), uno de los mejores y más leídos narradores peruanos, cuya primera edición de diez mil ejemplares se agotó en pocos días. Antes de que la nueva impresión estuviese lista, la inevitable edición pirata se vendía en todos semáforos de la ciudad. La primera reseña, hecha por el escritor Alonso Alegría (“La diatriba como una de las bellas artes”, Dominical de El Comercio, 9-9-01) identificaba al personaje, llamado Hache, como el periodista César Hildebrandt, cuya reputación de feroz destructor de famas es bien conocida dentro y fuera del Perú. La novela relata los inevitables desencuentros de un Narrador alto, guapo y exitoso con el amargo y mínimo Hache. Asumiendo el riesgo, Alonso Alegría escribe: “Quiero que Hache me denigre por esta crónica. Que de una vez me haga el blanco de su ira directa…! Qué honor haber estado desde hace tiempo en su abultada lista negra!”
Más sobrio pero no menos divertido, Abelardo Oquendo en su columna de La República (donde hace dialogar a los personajes de una irónica tertulia literaria) prefiere calificar la novela de “libelo” devuelto a la buena literatura. En la televisión, la popular revista de Beto Ortiz le dedicó veinte minutos de entusiasmo, esgrimiendo el libro como una reivindicación contra el libelo poco literario. Varias conductoras de programas populares, como Cecilia Valenzuela, Mónica Delta y Rosa María Palacios, hicieron lo mismo. En cambio, Magali Medina, conductora de un talk-show de telebasura, arrojó la novela al suelo y la pisó con el tacón de su zapato mientras lanzaba improperios. Es la primera vez que una novela, convertida en espejo miniaturizante, merece tanta atención en los medios de comunicación peruanos. En cambio, Jaime Bayly guardó elocuente silencio. No es para menos: en la novela es él quien “forwardea” al Enano un e-mail de Alfredo Bryce Echenique, alertándolo de que los amigos de Ampuero, a quien Hildebrandt había atacado ferozmente en su columna, preparan una carta de apoyo. Bryce le había escrito a Bayly invitándolo a adherirse.
En efecto, el Hildebrandt había insultado a Ampuero a propósito del cáncer que estaba combatiendo; escribió que “el cáncer que padece es el de la banalidad.” La novela demuestra que ese no es el menor de los ataques del periodista quien, por otro lado, había sido uno de los críticos más feroces del régimen de Fujimori y Montesinos. Sin embargo, la novela no es amarga sino sumamente cómica y está aliviada por la autoironía. Hache, lamentablemente, es real porque de otro modo sería una invención satírica del antihéroe mediático, verosímil en cualquier país donde no sólo hay una mala distribución del ingreso sino una pésima distribución de la fama. Envidioso, resentido, amargado y enano, Hache es un personaje lamentable pero humano, digno de pronta simpatía piadosa. Desde lejos, eso sí. La carta en defensa de Ampuero es inobjetable : “No podemos creer ni una sola palabra de los patéticos artículos de Hache [la novela se resiste a escribir su nombre] aparecidos recientemente en el diario Liberación acerca del señor Fernando Ampuero, a quien admiramos como escritor, respetamos como periodista y queremos como amigo.” Firman trece escritores, entre ellos Bryce Echenique, Blanca Varela, Antonio Cisneros, Alonso Cueto y Abelardo Sánchez León.
César Hildebrandt no ha reaccionado al varapalo humorístico. Algunos creen que toma aliento para denigrar personalmente a los primeros diez mil lectores de esta novela. Por lo pronto, ha vuelto a atacar a los dueños del diario El Comercio, donde Fernando Ampuero ha sido ascendido a editor general adjunto. Esta saga de ingenio y cotilleo aún no ha terminado. Pero al final importan más los libros de Ampuero, que vuelven a la lista de best-sellers, se traducen al inglés y el francés, y empezarán a lanzarse este año en España. Si sus novelas y cuentos sobre la zozobrante comedia humana limeña tienen ya cinco y seis ediciones (sus Cuentos escogidos fueron publicados por Alfaguara en 1998), la lectura masiva de El enano parece haber sumado la realidad y la ficción, la televisión y la biografía, en la primera exitosa catarsis post-fujimorista en un país necesitado de llamar a las cosas (y a los enanos) por su nombre.