La ciudad literaria de Julio Ortega

Prima lejana y la casa del relato

Posted by jortega@brown.edu on February 14, 2006

Federico Vegas (Caracas, 1950) es un escritor de música de cámara (sus narraciones tienen la simetría cristalizada de un cuarteto de cuerdas barroco), tanto como de cámaras interiores (la realidad no es solamente lo que sabemos, lo que ignoramos es algo más cierto y amenazador) y de recámaras mediadoras (las relaciones amorosas, la vida sexual, la pasión o su nostalgia son claves de sus relatos). No en vano Federico Vegas es arquitecto y está poseído por el espíritu sutil: las simetrías del espacio y las formas privadas y públicas organizan sus ficciones como cajas chinas, unas dentro de otras; como si la historia que leemos llevase dentro otra que no leemos y que es la novela misma, revelada en la intrincada exploración de la lectura. En sus dos libros de cuentos, “El borrador” (1994) y “Amores y castigo” (1997), y ahora en su espléndida novela breve “Prima lejana” (Caracas, John Lange Ediciones,1999), Vegas ha demostrado su talento para una narrativa de vocación vivencial, recuento analítico y gusto por la comedia urbana. Breves tratados del mundo emotivo, estos libros convocan a una conversación apasionada y amena sobre el arte de vivir acompañados.
La cualidad dominante de esta escritura es la inmediata intimidad que establece con el lector. Se trata de una voz que se desenvuelve con espontaneidad aunque su confesión es sólo en apariencia transparente. Más bien, es una voz que nos convoca a una estratagema: requiere de nuestro diálogo para desarrollar su propia búsqueda. Porque en los relatos de Federico Vegas quien habla es quien no tiene todas las claves, y para descifrar y conocer es preciso decirlo todo, rehacer, se diría, la trama verbal de los hechos para saber la verdad mutua. Hablar, entonces, es descubrir una carencia, reconocer una herida. Así, estos relatos comunican la textura y temperatura de la emotividad, allí donde se gesta el habla, casual y empática.
En sus cuentos Vegas había ya demostrado la flexibilidad de sus recursos narrativos, y había así mismo adelantado sus temas centrales. En “Las vacas,” así, se lee: “¡Qué bien se llevan los mentirosos! Entre los fanáticos de lo correcto sólo encuentras fastidios y reiteraciones. No hay encanto ni sortilegio, todo se sostiene solo. La verdad no es para compartirla, sino para llevarla por dentro. En cambio, entre los que nada aseguramos ni defendemos como cierto, a veces aparecen fragilidades desinhibidas que se entretejen y se convierten en verdades más inquietas y conmovedoras.” Los individuos de ideas fijas y certezas incólumes no permiten buenos cuentos, sugiere el narrador. Por lo contrario, los más vulnerables son los más novelescos. Este tránsito por los sentidos y las emociones hace de los personajes actores de su propio relato. En el cuento se reconocen, y en la ficción se confirman más ciertos.
En “Prima lejana” Vegas logra convertir a su sistema indagatorio en una aventura tanto de autoconocimiento como de ficcionalización. Esto es, el escritor, en pleno dominio de sus recursos, nos entrega el proceso de reconstrucción novelesca de una identidad emotiva. Por un lado, tenemos la tramada y exacta involución del relato, que se descubre como una secuencia exploratoria; por otro, la historia amorosa de un hombre joven, que se descubre en una trama como protagonista y víctima, entre la certeza y la incertidumbre urdidas con el mismo hilo de la aventura.
La historia de una familia caraqueña y sus relaciones secretas y pasionales con una familia norteamericana se convierte en “Prima lejana” en una intriga laberíntica, que hace de unos los espejos de otros. Historia de madres sustitutas, lecciones paternas de amor y celos secretos de hermanos, la novela narra la historia familiar desde la relación amorosa con esa prima nominal, que se hace fantasmática en el recuento, una ausencia sin voz que confirma la soledad del narrador. Con agudeza y desapego, la voz del recuento actualiza el pasado y recompone las relaciones íntimas. Pero lo novelesco no es solamente lo episódico sino la misma autorrevelación, esa verdad del uno en el otro, que convierte a la mujer amada en un enigma.
“Prima lejana,” por lo demás, está llena de la sabiduría mundana de una reflexión analítica que se deleita en los detalles tanto como en los balances. Pero no agota sus interrogaciones y deja al lector la inquietud del enigma. Pero esta novela revela además, que las historias de Federico Vegas se articulan como una indagación por el lugar habitable, por la casa arcaica, allí donde estén las raíces de siempre y las flores del día. En esta arquitectura del relato, la pregunta por el espacio desasido entre historias pasajeras y sujetos nomádicos, se convierte en una pregunta por nosotros mismos. Tratándose de un escritor de la calidad genuina de Federico Vegas, esa pregunta es pertinente y nos concierne.