La ciudad literaria de Julio Ortega

Quien asume la fuerza del deseo

Posted by jortega@brown.edu on February 14, 2006

observa su propio corazón (casi un fantasma
en la ópera) confesional,
inconstante.
Dos damas le interrogan
mientras beben ron con leche de coco
en la terraza de su noche tropical.
Una de ellas posee la convicción
de los cuerpos crudos y altos, gozosos
en su promesa iletrada.
La otra es más sutil
y su inteligencia una miel suave
que define lo real.
Ella manipula a su marido
que luce más muchacho, peludo y reilón
cuando ella le reclama una respuesta.
La otra, en cambio, es orgullosa,
privilegiada por amores secretos
y estoica ante el acoso de los mosquitos.
Imposible amar a estas damas airadas en el soto
sin ser capaz de dos o más vidas.
Los dioses en trance semejante
se disfrazaban de toro o cisne: tenían
una segunda vida más o menos
escandalosa, y luego de retozar
volvían al culto de sí mismos.
Fueron, es verdad, dioses incapaces
de ganar una elección.
Al final al sensualista no le queda
sino la memoria heroica,
sabiendo que siempre hay más belleza
de la que puede nombrar.