La ciudad literaria de Julio Ortega

R. Juan-Cantavella

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

<strongRobert Cantavella: Una voz nueva en Barcelona
Los relatos de Robert Juan-Cantavella (Almassora, 1976) reunidos en “Proust Fiction” (Barcelona, 2005) parecen, a primera vista, glosas y parodias de la tradición narrativa modernista pero, en verdad, rescriben, refutan y, con humor, reinventan nuestras lecturas esa gran tradición. Los gigantes que Don Quijote creyó ver se han destruido uno a otro y al “deslumbrado” sólo le queda batir molinos. Si Borges imaginó un “congreso” de todos los hombres, Escargot (el personaje recurrente de estos relatos) es en “Badajoz” un periodista infiltrado en un congreso museológico ( del ocio turístico) donde termina escribiendo una novela sobre el crimen que él comete y del que es víctima. Y en “Proust fiction,” el relato final, Marinetti es un poeta que todo lo ha trascrito y firmado.

Borges cuenta que Pierre Menard escribió El Quijote copiándolo literalmente, y concluye que cada lector es autor de lo que lee. Pero en Proust Fiction ya no se trata de una copia sino de una fotocopia, de un fax, de un programa de power-point, de la tecnología de la reproducción que desmonta los edificios de la cultura y los convierte en propiedad anónima. La literatura ya no está “hecha por todos” sino traducida por el ordenador de todos. Marinetti introduce en su portátil textos de otros autores, que un programa on line traduce al inglés y luego al castellano, dejando de lado la originalidad del texto, el culto del autor, y el sistema de la propiedad impresa. El poeta vuelve a ser expulsado de la República y sólo lo salva la locura. Es un Quijote del anacronismo: firma la obra de todos los autores.

Estas ironías de Juan-Cantavella son un acto de rebeldía nihilista (del “nihilismo creativo,” que propone Vattimo); y una celebración de la lectura como apropiación, a la vez radical y fugaz. No en vano en estos relatos abundan las torres (Joyce), los laberintos (Borges), las escaleras (Cortázar), la traducción erudita (Nabokov), sólo que esas y otras construcciones se vienen impecablemente abajo. Juan-Cantavella no es otro epígono del gran modernismo. Más bien, convierte a esa Biblioteca en una suerte de policial truculenta (su Escargot viene de Tarantino y podría terminar asesinando a Torrente). Coincide en este desmontaje del sistema canónico con el sector de nuevos narradores españoles que anuncian la hora del relevo: Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Eloy Fernández Portas, Mercedes Cebrián, Manuel Vilas, Carmen Velasco, Jorge Carrión, entre otros. Esta es una nueva promoción de escritores nutridos por la exploración post-moderna (que cuestiona el rol visionario del escritor, tanto como la figura anacrónica del intelectual público vuelto opinador dominical), animados por su intenso diálogo con la literatura reciente norteamericana y latinoamericana.

Nos dicen, y es bueno creerles, que la ciudad literaria no está del todo tomada.