La ciudad literaria de Julio Ortega

Libros: entrevista sobre Donoso

Posted by jortega@brown.edu on November 26, 2006

Domingo 1 de octubre de 2006
JULIO ORTEGA HABLA DE LA OBRA INÉDITA DE DONOSO
“La novela es estremecedora”
C.C.H. Mc
El crítico peruano se encuentra en plena edición de “La cola de la lagartija”
C.C.H. Mc
José Donoso vivía escribiendo. Que es más o menos lo mismo que decir que vivía sumergido en papeles. Como nunca fue ordenado, su hija Pilar se propuso organizar esta gigantesca documentación con el fin de emprender su estudio. Fue así como descubrió una novela inédita: La cola de la lagartija. Las preguntas rápidamente se agolparon. Pilar entonces revisó el diario del escritor y allí encontró una especie de bitácora del proceso creativo del libro, con currículo de los personajes y todo.
En febrero de 1973, Donoso escribe: “Ayer terminé, creo que con cierto éxito, mi segunda versión del primer capitulo de La cola de la lagartija. Ahora es cuestión de seguir adelante lo más que pueda, haciendo cada capítulo minuciosamente como hice el primero, hasta tener toda la novela completa y después, en una revisión final, fundirlo todo rápidamente, con una sola perspectiva, que pondrá el ‘time sequence’ en orden (o desorden), y me dirá lo que debo subrayar y exagerar y lo que debo hacer más glissé como diría mi pobre tía Flora”.
Y así lo hizo. Lo misterioso es que una vez concluida, la olvidó. Hasta ahora, que luego del rescate hecho por su hija, fue entregada al crítico Julio Ortega que actualmente prepara su edición.
¿Qué criterios va a aplicar a la hora de editarla?
– Voy a editarla tratando de seguir las revisiones de Donoso, que dejó numerosas correcciones y enmendaduras en algunas páginas. Yo diría que es una “novela abandonada” por su autor, pero que vale mucho la pena leer como una “novela recuperada”.
¿Por qué ese título?
– La cola de la lagartija es una metáfora equivalente a cambio de piel; parece que esos bichos pierden la cola y les nace otra. Seguramente se refiere al personaje que quiere rehacer su vida, dejar el arte de las galerías y retirarse del mundo. No es un título muy feliz, hay que decir.
¿De qué se trata la novela?
– Hay dos líneas argumentales. Una, las relaciones de amor y amistad de un artista tardío y desencantado. Y, la otra, su búsqueda de una casa auténticamente antigua en un pueblo perdido de Cataluña. Ha decidido retirarse del mundo pero esa búsqueda del lugar final, lo devuelve a un mundo peor.
Fue escrita hacia 1973 ¿no?
– Seguramente. Tuve la suerte de compartir Barcelona y Sitges con Pepe y Pilar, encuentros más bien casuales pero propicios, cuando vivían en un pueblo demasiado parecido al de esta novela. Recuerdo que invitaban a los amigos a visitarlos, pero no todos nos animábamos a ese exceso rural.
¿Se trata de una obra terminada o es un borrador?
– Se podría decir que es una novela casi terminada en dos sentidos: faltó culminar el proceso de revisión; y faltó, quizá, articular las dos historias en el relato. La idea de que el amor culmina en la amistad es laboriosa y requiere más aliento, ¿verdad?
¿Cómo cree que se inserta dentro de la novelística donosiana?
– Lo formidable de esta novela es que a pesar de sus leves lagunas, se lee con mucho placer. Despliega esa prosa ardorosa, fluida y elegante, característica de la digresión donosiana. Esa suerte de intimidad feliz y cálida, que comunican sus libros de esos años. Se puede relacionar con Casa de campo y con El jardín de al lado, que son más acabadas.
¿A qué atribuye que Donoso nunca publicara esta novela?
– Creo que se sintió urgido por otros proyectos narrativos, de mayor riesgo y complejidad. La hija de los Donoso, Pilar, me ha dicho que tal vez el golpe de estado chileno interrumpió el afincamiento español de su padre, y otras demandas se le impusieron, lo cual me parece veraz.
¿Los personajes son reconocibles?
– Pepe Donoso nos ha educado en la lectura sospechosa. Siempre creemos que detrás de sus argumentos hay una sonrisa del demiurgo que, como Nabokov, urde un argumento con arrebato y complicidad; pero, como Henry James, esa trama es la forma de la subjetividad enigmática. Tal vez la novela se disfraza de autobiografía para ser verosímil y, de pronto, es la historia anticipada de una generación española que ha terminado perdiendo España en manos de las hordas del turismo.
¿Están representadas algunas de sus viejas obsesiones?
– Me parece que, al final, La cola de la lagartija responde a la gran pregunta del imaginario chileno: ¿dónde vivir, qué casa construir, cuál lugar nombrar como propio? Donoso ensayó en su obra respuestas entre mansiones en ruinas, palacios de opereta, y jardines que no se bifurcan. También Jorge Edwards ha narrado la imposibilidad del espacio familiar como el costo del rebelde sin lugar. Diamela Eltit ha buscado recuperar el lugar público como el sitio de los despojados. Nicanor Parra, que ha dejado su huella juglaresca en todo lo que importa, fue el primero en habitar el habla de la calle.
¿Qué interés puede tener la publicación de esta novela diez años después de su muerte?
– Lo más sorprendente de esta novela es su carácter de revelación: se lee como un documento anticipatorio de nuestra época. Nos da una versión del presente que, treinta años más tarde, se confirma como veraz. Me refiero a la melancólica visión de una Casa que convoque todos los tiempos vividos en un convivio liberado del mercado y sus demandas. Pero justo al comienzo de esa búsqueda ya es demasiado tarde: la Casa está en venta pero no para alguien que busca darle lugar a su vida sino para quienes imponen el tiempo libre del bienestar, y van tomando los pueblos, uno a uno, ofertados a la modernización representada por el turismo, esa nueva versión de los bárbaros. La actualidad de esta novela es estremecedora.