La ciudad literaria de Julio Ortega

Vallejo infinito

Posted by jortega@brown.edu on November 26, 2006

El Nacional
Lunes 31 de octubre de 2005
“Su obra es infinita. Él es un término de referencia mental. Su obra genera un nivel de demanda sobre las palabras que muchas veces la literatura ya no tiene.” Julio Ortega.
El pasado viernes se celebraron en Caracas diversas actividades auspiciadas por las embajadas del Perú y España, para rendir homenaje al célebre poeta peruano César Vallejo. Entre los reconocimientos efectuados se destacan la develación de un busto en el municipio Chacao y un conversatorio internacional de varios expertos en la obra del autor de Los Heraldos Negros
ALBINSON LINARES
“Hay un lugar que yo me sé / en este mundo, nada menos, / adonde nunca llegaremos”, reza el primer verso de Trilce, uno de los poemarios más estudiados dentro de la obra de César Vallejo. Nacido en 1892, en Santiago del Chuco, pequeño pueblo del interior de Perú, este es el poeta al que le cabe el honor de ser el más “moderno” de la vanguardia intelectual del altiplano, desarrollada en el primer tercio del pasado siglo. Pese a su renuencia a ser considerado parte de ningún movimiento, claramente expresada en diversos escritos como La poesía nueva, donde deja sentada su posición como un estudioso del lenguaje, mas no, un renovador, la posteridad lo considera de otra manera. “Gota de sangre de una especie extinta” o “La rueda que se salió del eje en el carro de la poesía” son algunas de las frases que se le han endilgado para intentar expresar las particularidades de su trabajo con la lengua castellana.
“El cholo” Vallejo, luego de una vida signada por las dificultades y las penurias materiales, muere el 15 de abril de1938, en una tarde lluviosa de un París implacable, amado por el escritor hasta el final y prefigurado en los versos: “Memoriré en París con aguacero/un día del cual tengo ya el recuerdo. /Me moriré en París-y no me corro- /tal vez un jueves, como es hoy, de otoño”.

La educación vallejiana

Luego de 67 años del final, Caracas le rinde homenaje al poeta en dos variantes: la física con la develación de un busto en el municipio Chacao, e intelectual con la reunión de cuatro expertos, que, durante varias horas conversaron sobre la vida y obra de César Vallejo en las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela. Antonio Merino Bernardino, poeta y ensayista español; Ricardo Gómez Vigil, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú; Luís Navarrete Orta, investigador y docente de la Universidad Central de Venezuela, y Julio Ortega, catedrático de la Universidad de Brown, fueron los llamados a discernir y comentar sobre el trabajo poético del peruano.

Nacido en la costa norte del Perú, en un pueblito llamado Casma, Julio Ortega es un experto en la obra de César Vallejo. Formado en Lima, en la Pontificia Universidad Católica, ha impartido cursos y seminarios sobre los textos y el trabajo estético de su ilustre coterráneo en las universidades de Cambridge y Brown. Aún suele recordar sus primeros contactos con el universo vallejiano, cuando era estudiante de secundaria a fines de los años 50, en una Lima que despertaba a la modernidad: “Eran buenos tiempos. Había como una explosión donde todos leíamos ávidamente los suplementos literarios y culturales. En realidad es casi fatal para los peruanos comenzar leyendo a Vallejo. Yo empecé a los 13 años y lo leí al mismo tiempo que El Quijote. Creo que fue con Los Heraldos Negros. Cuando se es muy joven, es fácil caer influido por el poder de esa palabra que se sale del lenguaje cotidiano. Es una experiencia emocional sobre cómo el lenguaje no pertenece siempre al lenguaje ordinario, cotidiano, comunicacional. La educación vallejiana es una enseñanza acerca de los poderes del lenguaje, de cómo éste encuentra en las cosas algo que el nombre de las cosas no dice. El lenguaje cotidiano es un mapa de la realidad, pero la poesía es una subversión de ese mapa, es un mapa alternativo, por eso es que el lenguaje dice más en la poesía”.
La palabra del crítico

¿Cómo define la vigencia del trabajo poético de Vallejo, luego de más de seis décadas de su fallecimiento?
-Su obra es infinita. Él es un término de referencia mental. Su obra genera un nivel de demanda sobre las palabras que muchas veces la literatura ya no tiene. Es el poeta más difícil de la lengua, no porque sea complicado, sino porque hace decir al lenguaje cosas que en la vida cotidiana no se dicen, por ejemplo: “Zumba el tedio enfrascado/en un momento improductivo / y caña”. No sabemos qué significa eso. Es el poema más difícil de Vallejo.
¿Sigue siendo Trilce, el trabajo vallejiano más estudiado, la propuesta más radical?
-De ese libro alguien dijo que es el punto de partida de toda la poesía peruana, no hay más nada. Quizá es una exageración, pero es un trabajo renovador. La palabra “Trilce” no está en el diccionario, es creada por Vallejo. Tiene que ver con tres, con el principio de trinidad, ése es su origen. Esto también demuestra que Vallejo, incluso, pone en tensión a la gramática. Usa muchos neologismos, hay mucho oxímoron en su trabajo, frases contradictorias como “muerta inmortal” y otras similares siempre aparecen.
¿Cuál es el trabajo más signado por el compromiso social, dentro de sus poemarios?
-En general, en todos sus trabajos hay una dimension social, política, ecuménica, evangélica e incluso utópica.
Pero es al final, en el Vallejo que escribe dentro de la Guerra Civil española donde esto se nota más acentuadamente. Él muere en 1938, no ve la caída de la República, pero esto se preveía. Es un poeta
muy conmocionado y creo que una de las razones de su muerte fue saber esto. En esa época, la caída de la República, era el fin del mundo conocido, lo que venía era el fascismo. Era el fin de la memoria humanista, el sentido de la obra de arte, la libertad del artista, era un cataclismo. Ése es el escenario en el que Vallejo escribe la que quizá es su mejor obra: España, aparta de mi este cáliz.

¿El libro donde muere la muerte?
-Sí, ese es un libro en donde el lenguaje se subvierte, tiene mucho que ver con los himnos. Ahí César Vallejo hace morir a la muerte, “sólo la muerte morirá” y “matada la muerte” son frases que aparecen ahí. Al final, en efecto la muerte muere dentro del poema, no en la realidad, por supuesto, porque el poema es el espacio poético, es como los nuevos evangelios y ahí está la major expresión de la gloria de su trabajo. Estudiado, analizado, traducido y reeditado, el legado poético del escritor peruano se torna infinito e inasible. Él, que tantas estrecheces y achaques sufrió en vida, conoció el homenaje póstumo y el elogio merecido con el sabor agridulce del retardo. Si la gloria consiste en atardecer y amanecer, fundido en bronce y níveo por los excrementos de las palomas, entonces, tardíamente, el Vallejo infinito acaba de conocerla en Caracas.