La ciudad literaria de Julio Ortega

La crítica dariana

Posted by jortega@brown.edu on December 1, 2006

NICASIO URBINA
Tulane University
University of Cincinnati

El presente volumen de ensayos reúne diecisiete artículos sobre la obra de Rubén Darío escritos en los últimos años, es por tanto un análisis contemporáneo de una obra que ya ha cumplido un siglo. Algunos de los temas que se abordan en estos ensayos ya habían sido tratados por los estudiosos con anterioridad, pero las nuevas teorías críticas, las perspectivas que adoptamos hoy en día, y el estado actual del hispanismo, arrojan nuevas luces y nuevas interpretaciones sobre los temas tratados. El corpus de textos críticos sobre Darío es tan extenso que es difícil abordar temas totalmente nuevos. Es por eso que parecerá que algunos de estos artículos son reconsideraciones de viejos temas, sin embargo el acercamiento y la mirada son diferentes. Algunos ensayos abordan asuntos totalmente novedosos en la crítica dariana, incurriendo en caminos que antes no se conocían o no se trataban en la crítica literaria. Esperamos por tanto contribuir al progreso de los estudios darianos, mostrar los nuevos rumbos de la crítica, y demostrar que la obra de Darío sigue siendo ejemplar y seminal en el desarrollo de la literatura latinoamericana.

El principal objetivo de este volumen es poner a la disposición de los estudiosos en lengua española, un acervo crítico que ha sido producido mayormente en inglés, dentro de la academia norteamericana, y exclusivamente fuera de las fronteras de América Latina. Las tradiciones críticas de donde provienen sin duda determinan la forma en que se aborda los temas, muy diferentes del tratamiento crítico que se le ha dado a la obra de Darío en América Latina. Esto, que podría ser una desventaja, es también el fundamento de la originalidad y la fortaleza de esta colección de ensayos, ya que la mirada crítica de estos estudiosos goza de una distancia que le permite a menudo ver elementos que desde la cercanía de América Latina se nos pierden y se nos confunden. Siempre he creído que la crítica literaria no puede ser objetiva, ya que perdería todo su carácter humanista; sin embargo, la distancia y la falta de compromisos nacionalistas permiten hacer un análisis que sobrepasa la intencionalidad que permea muchos de lo escrito sobre Darío.

La obra crítica sobre Darío es inmensa y muy diversa. Desde el artículo de Ricardo Contreras “Crítica literaria: ‘La ley escrita’, oda por Rubén Darío”, publicado en El Diario Nicaragüense en 1984, pasando por el “Prólogo” de Eduardo De la Barra a la primera edición de Azul…, y las dos cartas de Juan Valera de sobra conocidas; hasta nuestros días, se ha publicado varios miles de páginas, que desde perspectivas diferentes, a través de diversos métodos, y con intenciones disímiles, hacen de la obra de Darío una de las más comentadas del mundo literario hispano-hablante. Su vida y sus avatares personales han sido también objeto de estudio, disputa y ficcionalización. La trifulca entre los parientes y amigos por su cerebro y sus vísceras son el signo más revelador e irónico de este destino fatal. Nada se había de salvar ante la avaricia y la voracidad de sus parientes y sus lectores. El fetichismo y los intereses nacionalistas han utilizado y manipulado la figura de Darío hasta lo indecible. Por eso es difícil a veces establecer linderos en la crítica dariana. A menudo, la lectura atenta de su obra y el pensamiento profundo sobre su significación, se ven opacados por la idolatría superficial y el nacionalismo literario. Sin embargo no voy a juzgar a mis colegas, ya que como dijo Jorge Luis Borges en su “Mensaje en honor de Rubén Darío”, “Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”(13). Aún la crítica literaria ha cambiado gracias a la obra de Darío, ya que las continuas visitas a lo largo del siglo XX son muestra de los diferentes estados, preocupaciones y metodologías por los que han pasado la crítica literaria.

A lo largo del siglo XX se ha hecho varios intentos de organizar y valorar la obra crítica sobre Darío. El primer intento importante lo hace Henry Grattan Doyle, cuando en 1935 publica bajo el sello de Harvard University Press, A Bibliography of Rubén Darío (1967-1916) , ya desde ese entonces la cantidad de material existente era apabullante, aunque buena parte de él fuera anecdótico e impresionista. El corpus crítico sobre la obra de Darío es tan vasto que la única forma de profundizar ha sido por medio de disecciones muy discretas de su obra, limitándose a un libro, a un período, o a las reacciones en un país determinado. Es así como ha surgido una variedad de artículos y libros que tratan la infancia, la adolescencia, o la estadía de Darío en un país particular. Sin embargo, el trabajo de ensayo bibliográfico más importante se lo debemos a Keith Ellis en su libro Critical Approaches to Rubén Darío, publicado en 1974 por University of Toronto Press. Esta es una monografía comprehensiva y muy bien planificada. Su tratamiento de la gran mayoría de los escritos sobre Darío publicados hasta la fecha es balanceado y objetivo, con profundo conocimiento de la obra del autor y detenidas lecturas de los textos críticos. No voy a repetir aquí las ideas y comentarios que ya presentó Ellis, por tanto, me detendré más en los textos publicados a partir de 1975. Sin embargo, haré referencias y comentarios a los artículos y libros fundamentales de la bibliografía dariana, especialmente cuando tenga algo que agregar al excelente trabajo de Ellis, o cuando disienta de su valoración. Con anterioridad a Ellis algunos dariístas ya habían recopilado y organizado una buena cantidad del material crítico existente. Es imprescindible citar la contribución de José Jirón Terán, el bibliógrafo más dedicado de Darío, y que aún hoy día sigue consagrado a su loable labor. Bibliografía general de Rubén Darío (julio 1883-enero 1967) es un volumen de referencia obligatoria para todo estudio de la bibliografía dariana. Ese mismo año del centenario aparecieron cuatro bibliografías más: Hensley C. Woodbridge publicó en Hispania su “Rubén Darío: A Critical Bibliography” en dos entregas que aparecieron en los números 50.4 y 51.1 respectivamente. Siete años más tarde reunió sus pesquisas en un volumen titulado Rubén Darío. A Selected Classified and Annotated Bibliography, publicado por The Scarecrow Press, Inc., 1975. Frank P. Hebblethwaite a su vez recopiló su información de los textos críticos de Darío en 1967, bajo el título “Una bibliografía de Rubén Darío (1945-1966)” y la publicó en la Revista Interamericana de Bibliografía. Segmentando el campo de estudio y haciendo una labor bastante exhaustiva, Francisco Mota publicó su “Ensayo de bibliografía cubana de y sobre Rubén Darío”, que vio la luz en el Boletín del Instituto de Literatura y Lingüística en 1967. También es importante mencionar la obra de Carlos Lozano, Rubén Darío y el Modernismo en España. Ensayo de bibliografía comentada, publicado en Nueva York por Las Americas Publishing Company en 1968. Para terminar, quiero mencionar el trabajo de metacrítica que llevó a cabo Margarita Rojas González, en su libro El último baluarte del imperio, publicado en San José, por la Editorial Costa Rica en 1995, estudiando el discurso y el contradiscurso que se da en España durante el período de vida del Modernismo. Rojas González demuestra lúcidamente las luchas de poder que se establecieron en España y en América Latina, en el momento de emergencia de un movimiento literario que de muchas maneras atentaba contra la dominación hegemónica de la tradición española.

El gran poeta e investigador nicaragüense radicado en México, Ernesto Mejía Sánchez llevó a cabo una labor importantísima de recopilación, anotación y estudio de los cuentos de Darío, aprovechando los resultados de las investigaciones de Raimundo Lida, corrigiendo errores y cotejando fuentes. Le debemos también a Mejía Sánchez la recopilación de numerosos artículos valiosos y difíciles de consultar en el volumen Estudios sobre Rubén Darío, publicado en México por el Fondo de Cultura Económica y Comunidad Latinoamericana de Escritores en 1968. En los últimos años se ha avanzado considerablemente en la investigación sobre la obra de Darío, descubriendo nuevos textos, re-editando libros y profundizando en el conocimiento del proceso de creación, recopilación, e impresión de los libros de Darío. Iván A. Schulman publicó recientemente su hallazgo de un capítulo desconocido de la novela de Darío, El oro de Mallorca. Esta novela que se pensaba inconclusa, parece haber sido terminada por Darío, pero La Nación no continuó la publicación de las entregas hasta el final, y las dos terceras finales parecen haberse perdido. Schulman encontró el capítulo en la biblioteca de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, y la publicó en su libro El proyecto inconcluso. La vigencia del Modernismo (Mexico: Siglo XXI, 2002). Por su lado Jorge Eduardo Arellano desarrolló una investigación exhaustiva del material de Azul… en su libro Azul… de Rubén Darío: Nuevas perspectivas, ganador del Concurso de la OEA en 1989, Arellano recoge material bibliográfico, reacciones del público lector, opiniones críticas y repercusiones del famoso libro de Darío. El capítulo VII del libro es ejemplar por su análisis de la “La canción del oro” que para el crítico nicaragüense es central y de vital importancia en el proyecto cultural dariano. Otro critico importante, José María Martínez, se ha destacado como uno de los mejores dariístas con sus ediciones bajo el sello editorial Cátedra, de los libros fundamentales de Darío: Azul… y Cantos de vida y esperanza (1995, número 403 de la colección) y Cuentos completos (1997, número 430). Martínez ha hecho una investigación muy minuciosa de las ediciones de estos libros durante la vida de Darío, prestando particular atención a los cambios que el poeta introdujo en Azul… en sus sucesivas ediciones. También ha estudiado con detenimiento la colaboración entre Juan Ramón Jiménez y Rubén Darío, quizás el mejor amigo y colaborador que Darío tuvo en España, tema que también estudia Antonio Sánchez Romeralo. Martínez ha dedicado mucho tiempo al estudio del público de Darío y el Modernismo, inscribiendo su reflexión dentro de la teoría de la recepción, logrando esclarecer enormemente aspectos fundamentales del Modernismo. Su Rubén Darío. Addenda, publicado en el 2000, reúne trece artículos de variadas temáticas y enfoque representativa de la calidad crítica de Martínez y de la variedad de sus investigaciones darianas.

Ricardo Llopesa ha hecho un trabajo excelente de recopilación y estudio e la obra dariana. La publicación de sus Poesías inéditas bajo el sello editorial Visor representa un trabajo de recopilación importantísimo en una de las colecciones más prestigiosas del mundo hispánico. Más adelante, con la publicación de Teatros, Llopesa contribuyó a comprender un momento importante en el desarrollo de Darío en Chile. Llopesa, Jirón Terán y el polígrafo nicaragüense Jorge Eduardo Arellano, representan un trío poderoso en la investigación de los textos darianos. José Jirón Terán recopiló y publicó los Prólogos de Darío, permitiéndonos acceso a un material que esta disperso y prácticamente imposible de conseguir. La publicación de Poesías desconocidas completas editadas por José Jirón Terán, Jorge Eduardo Arellano y Ricardo Llopesa en 1994, son también una veta rica y novedosa para cualquier estudioso de la obra dariana. Finalmente la publicación de Jorge Eduardo Arellano y José Jirón Terán de la Cartas desconocidas de Rubén Darío (1882-1916), completa un panorama íntimo del escritor nicaragüense, de sus luchas y sus necesidades.

Noel Rivas Bravo desde la Universidad de Sevilla ha llevado a cabo un trabajo estupendo de edición, anotación y análisis en su edición crítica de Tierras solares, y de España contemporánea. Igualmente importante es el trabajo de Günther Schmigalle, quien ha exhumado muchas crónicas desconocidas de Darío de próxima publicación, y es reconocido por su edición de los varios volúmenes de La caravana pasa. Estos dos dariístas se unen por tanto a sus predecesores reconocidos como Alberto Ghiraldo, Erwin K. Mapes, Roberto Ibañez y Pedro Luis Barcia. La crónica, como demuestra Julio Ramos en su Desencuentros de la modernidad, es un género central en el desarrollo y modernización de la literatura latinoamericana, es un género que surge del espíritu citadino íntimamente ligado a la modernización. La crónica es producto de la profesionalización del escritor, síntoma de la relación con un público lector ávido de noticias de otros países, de otras ciudades; a través de un medio masivo y comercial como es el periódico, escrito al vuelo y con prisa, en condiciones precarias a veces y bajo un plazo marcado por la partida del vapor a Buenos Aires. Es por esto que el trabajo de archivo que los estudiosos arriba mencionados están haciendo es tan importante y tan oportuno. Tanto Martí como Darío son casos ejemplares y paradigmáticos de la modernización y profesionalización de la escritura, y la crónica es el mejor espacio para su estudio.

Regresando a las postrimerías del siglo XIX, el primer artículo importante de la inmensa bibliografía crítica dariana es el clásico ensayo de José Enrique Rodó, “Rubén Darío: Su personalidad literaria. Su última obra” (1899) donde Rodó pronuncia en un gesto doble que Darío no es el poeta de América, pero que es un poeta de gran habilidad y genio literario. La primera parte de esta afirmación tiene que ver con la concepción de nación que dominaba el pensamiento finisecular decimonónico en América Latina, con las cualidades y características que pensadores como Rodó están buscando en la construcción de una identidad latinoamericana, propia, auténtica y autóctona. Esto es evidente en su parangón con Walt Whitman, a quien considera un poeta de Norteamérica, y es claramente entendible cuando lo leemos en la perspectiva de la labor intelectual en la que Rodó estaba inmerso en esa época, tal y como se hará evidente al año siguiente con la publicación de Ariel. “Indudablemente, Rubén Darío no es el poeta de América” afirma Rodó, pero deshace a continuación su silogismo al afirmar que “nuestra América actual es, para el Arte, un suelo bien poco generoso… [y que] los poetas que quieran expresar en forma universalmente inteligible para las almas superiores, modos de pensar y sentir enteramente cultos y humanos, deben renunciar a un verdadero sello de americanismo original”( Obras completas, 169). Esta ambivalencia refleja muy bien la problemática a la que se enfrentaban al mismo tiempo Darío y Rodó, aunque los mecanismos que empleaban para enfrentarse a este problema fueran diametralmente distintos. ¿De qué forma desarrollar un arte y un pensamiento netamente latinoamericano, sin apropiarse a la vez de la producción cultural europea? Ya que, como dirá Rodó en Ariel, es precisamente esa herencia greco-latina, ese trasfondo humanista, el desarrollo de la naturaleza entera, el que nos hace “superiores” a los anglo-yankees (212-217 in passim). Este cuestionado americanismo de Darío ha sido refutado convincentemente por críticos como Carlos Martín y Ángel Rama, quienes, con la perspectiva temporal que los favorecía, pudieron ver la complejidad de elementos presenten a principios del siglo XX en Hispanoamérica, y supieron leer a Darío tanto desde la modernidad avasalladora que se avecinaba, como desde los proyectos de nación que continuaban su proceso de consolidación.

Rodó señala en su artículo muchos de los elementos claves que luego se retomarán una y otra vez en la crítica dariana, y se equivoca varias veces en sus juicios y sus predicciones: acusa a Darío por ejemplo de desinterés por los que le rodea, por el entorno político (171) algo que es desmentido por la actividad periodística del poeta y por sus composiciones líricas reunidas más tarde en Cantos de vida y esperanza, pero que también se refuta ante el entendimiento que el culto a la belleza de Prosas profanas es una forma de posicionarse políticamente frente a la tradición hispanoamericana decimonónica, es una apropiación de la mitología greco-romana, piedra fundacional de toda la cultura europea, y por tanto un acto político, cuyas consecuencias e influencia en la formación de la naciones hispanoamericanas, Rodó ni siquiera sospechaba. Rodó afirma también que Darío nunca será un poeta popular, un poeta aclamado en medio de la vida (173), sin embargo ningún poeta hasta Darío había gozado de la popularidad y la admiración general como el poeta de Azul…Su influencia no sólo se dejó sentir entre los grupos de escritores y poetas de América Latina, sino sobre amplios sectores de las clases medias emergentes del continente. Rodó reconoce la importancia de los aciertos estéticos de Darío y acepta el valor que el individualismo puede tener en el desarrollo de un arte propio y una identidad diferenciable en América Latina, y lleva a cabo un análisis estilístico de Prosas profanas que aún hoy en día se sostiene a pesar del voluminoso trabajo que se ha hecho en ese campo. Rodó descubre el talento y la originalidad poética de Darío, privilegia la calidad de su versificación y lo sitúa en la cumbre de la tradición lírica hispanoamericana (189-190), pero también critica la poesía ocasional de Darío, su poesía de Álbum, superficial y formulaica (180). Es interesante notar que Rodó termina su brillante ensayo quejándose no de la poética de Darío, que de hecho admira y valora, sino de la imitación burda y servil de los poetas mediocres que al apropiarse de su estilo y abusar de su poética desvirtúan el verdadero espíritu del Modernismo, su “espíritu madurador” (191), que corrompe su esencial búsqueda de un estilo y una forma puesta al servicio de una idea, y hacen de la estilización estética, cuya finalidad y función es la conquista y descubrimiento de una identidad, un pastiche burlesco y exagerado. Todos sabemos hoy en día que ese abuso de la estética dariana fue uno de los elementos que más contribuyó al cansancio modernista, a la extinción inevitable de su estética, a su agotamiento. En el fondo este parece ser el destino de todos los movimientos estéticos radicales, cambiar la forma de practicar, ver, y entender el mundo, para luego agotarse en su propia mirada, consumirse en su invención.

El artículo de Rodó es seminal para toda la crítica dariana y aún hoy en día tiene enorme validez, de forma que es imposible hablar de Darío sin volver a estas páginas de 1899. María Salgado, una de las más distinguidas dariístas en la academia norteamericana, sitúa en Rodó el origen de la negación a Darío de ser un poeta hispanoamericano, y en Valera la negación de ser un poeta español (“‘Mi esposa es de mi tierra'” 53). Ahí, es esos dos espacios, en esos dos textos, empieza un debate que continúa aún hoy sobre la significación de la obra de Darío, sobre su pertenencia y su pertinencia, sobre sus implicaciones para la conciencia hispanoamericana y la formación de las naciones, sus conceptos de comunidad y de nación, y la importancia que las apropiaciones perpetradas por Darío han finalmente tenido en el devenir de las naciones hispanoamericanas.

Por la misma época del artículo de Rodó empieza a aparecer artículos críticos en torno a la obra de Darío. Luis Berisso publica su “Rubén Darío” en la revista bonaerense El Pensamiento de América, reproducido luego en la Revista Moderna. Justo Sierra escribe el Prólogo para Peregrinaciones en 1901, donde afirma: “Nuestro poeta ha sido, en el mundo de habla española, el más conspicuo representante de esta gran tentativa de hacer hablar a la poesía un verso nuevo, y no puede decirse que no lo haya realizado”(139-140). En 1906 Elisio de Carvalho lo llamaba ya “el príncipe de los poetas de la lengua castellana” (146), y en su nota necrológica para El Fígaro de La Habana, Pedro Henríquez Ureña afirmaba, “Al morir Rubén Darío, pierde la lengua castellana su mayor poeta de hoy, en valer absoluto y en significación histórica. Ninguno desde la época de Góngora y Quevedo, ejerció influencia comparable, en poder renovador, a la de Darío… En el orden de la versificación, Rubén Darío es único; es el poeta que dominó mayor variedad de metros” (159).

Casi diez años más tarde aparece otro libro fundamental bajo la pluma del investigador Erwin K. Mapes, L’influence française dan l’oeuvre de Rubén Darío (1925) traducido al español por Fidel Coloma González, y publicado en Managua por la Imprenta Nacional en 1967, año del centenario de Rubén Darío. A pesar de que mucho se había comentado sobre la influencia de los poetas franceses sobre la poesía de Darío, no se había efectuado un estudio minucioso y autorizado sobre el tema. Mapes establece las bases sólidas para esta vena de la crítica dariana, señalando con acierto las influencias métricas y las innovaciones que Darío introdujo en lengua española. Continuando con el tema de la influencia francesa quiero señalar un pequeño artículo de Dieter Janik, publicado en francés en la revista Arcadia en 1986. “‘Momotombo’, ou la dimension mythique de Victor Hugo dans la poésie hipano-americaine au XIXe”. Janik plantea certeramente la situación paradigmática de Darío alrededor de 1907, pesimista en cuanto a la dirección histórica de los pueblos americanos ante la garra opresora del imperialismo norteamericano, y el solaz que encuentra en el pasado indígena americano, cuya fuerza y poder está representado en el Momotombo. La fascinación de Darío por todo lo francés y lo parisino, su admiración por Victor Hugo, por Verlaine, por los poetas simbolistas y parnasianos, marcaron de forma definitiva su obra, y la influencia de su obra sobre las tradiciones hispanoamericanas. Si hoy en día parte de la esencia hispanoamericana es la familiaridad y conversacionalidad que tenemos con la cultura francesa, si nuestra posicionalización en el mundo depende en gran manera de la forma en que nuestros escritores se han apoderado de la escena parisina, para hacerla parte de su espacio y su ficcionalización, tal y como ocurre en Rayuela, es en gran medida gracias a Darío y al grupo de escritores y poetas que hicieron de ese espacio y esa cultura, parte de su equipaje, de su material, de su vivencia.

Como dice Keith Ellis, lo que hizo Erwin K. Mapes con la poesía francesa, lo hizo Arturo Torres-Ríoseco en su Casticismo y americanismo (1931), publicado por Harvard University Press. Torres-Ríoseco demostró la influencia recibida y asimilada por Darío de las tradiciones poéticas peninsulares, a la vez que explica la forma en que Darío cambió la forma en que los poetas españoles hacían poesía y se veían a sí mismo frente a Europa. El estudio de Torres Ríoseco es determinante en la percepción que de Darío se tendría en las décadas siguientes. De varias formas definió la recepción de la obra de Darío, no tanto en el público en general como en los escritores y artistas de su tiempo. Desde la Argentina surge el otro estudio seminal de la obra de Darío. Me refiero a Arturo Marasso con su libro, Rubén Darío y su creación poética (1934), reeditado y aumentado en 1941 y 1954. Marasso es quizás el mayor exégeta de Darío. Su libro es un esfuerzo descomunal por rastrear las fuentes y las influencias que Darío recibió y luego logró verter con la maestría y el talento de su genio. La crítica de Marasso es crítica de fuentes, no intenta establecer importantes hipótesis o teorías generalizadoras. El suyo es un trabajo de espeleólogo, buscando tras cada poema las resonancias, los intertextos, las influencias. La profundidad y alcance de sus investigaciones sigue siendo de gran utilidad hoy en día para los intelectuales darianos. Aunque este tipo de crítica ha pasado a un segundo plano en nuestra época, dando paso a una crítica más reflexiva, especulativa y filosófica, no es posible realizar una especulación crítica sólida, sin entender plenamente el diálogo que se establece en el texto, las alusiones y las referencias implícitas. Esta es la gran contribución de Arturo Marasso a la crítica dariana, una contribución enorme, que los críticos desmemoriados de hoy no podrían realizar.

Las décadas entre los treinta y los cincuenta es el período de las investigaciones de las fuentes de Darío. Se ventila mucha polémica y discusión en cuanto al origen, la influencia, la fuente, la inspiración de tal o cual verso. Por ejemplo, Amado Alonso en su artículo titulado “Estilística de la fuentes literarias: Rubén Darío y Miguel Angel” (1932) propone que Darío se inspiró en un verso de Miguel Angel para escribir “Lo fatal”. Marasso por su lado propone la influencia del libro La ciencia experimental de Claudio Bernard, además de Boscán, Pérez de Oliva, Cicerón, Sófocles y Homero. Emilio Carilla, treinta años más tarde, propone que “Lo fatal” es un desarrollo original de Darío, cuyos prolegómenos podemos verlos en “A Phocás el campesino” y otros poemas de esa época (“Estilística de las fuentes literarias” 386 y ss.) Carlos Oscar Cupo se ocupa de diversas fuentes de Cantos de vida y esperanza hacia 1940.

En 1948 Pedro Salinas publicó uno de los libros más influyentes sobre la obra de Rubén Darío, donde analiza temas sumamente importantes en la obra del poeta. En su libro Salinas propone que el erotismo es el principal tema de la poesía de Darío, seguido de la poesía social, y la función de la poesía y el poeta (215), estableciendo me parece acertadamente, tres corrientes temática fundamentales en la obra de Rubén Darío. Salinas también se detiene en una gran variedad de temas, desde la mitología griega y lo exótico, hasta la angustia existencial y la contradicción. La mayor deficiencia de este libro es que se trata del análisis de un poeta sobre la obra de otro poeta, por tanto su pensamiento está marcado por cierta “ansiedad de influencia” en su percepción de a la obra de Darío. Salinas rastrea una serie de temas e ideas en la obra de Rubén, y los relaciona en forma hábil a la poesía, pero su búsqueda en la obra de Darío es a la vez un intento por encontrar él mismo el sentido de su poesía, por lo tanto algunos de los juicios de Salinas están parcializados por su propia condición de español, leyendo la obra de Darío desde Buenos Aires, desde su propio exilio. Aún así su obra abrió caminos en la crítica dariana. El análisis del cosmopolitismo de Darío en Salinas es un poco miope y mecánico. Aunque describe bien el concepto de patria para Darío (42), distinguiéndolo de nación, Salinas no pudo ver en Darío a un producto de la modernidad, que con sus medios de comunicación y las exigencias del mercado, hizo de Darío el primer trabajador emigrante moderno: el exiliado por razones de trabajo y vocación, que luego sería la condición más importante de la posmodernidad, como sí lo vio Angel Rama (1967, 1970). Un aporte importante de Salinas al darianismo fue su impugnación de Darío como un poeta que no se preocupaba por lo social y por lo americano (Cf. Rodó “Rubén Darío” 169 y ss). Salinas se da cuenta que en la mentalidad de Darío América tiene una significación especial, juega un papel central. Otra afirmación importante de Salinas tiene que ver con el contenido social de la poesía de Darío. “No llego a explicarme cómo a Rubén se le ha regateado, o negado, la consideración de poeta social importante, cuando se tiene a la vista tantas y tan excelentes poesías suyas, salidas de ese tema” (216).

Sin duda la mayor contribución de Pedro Salinas a los estudios darianos tienen que ver con su tesis sobre el erotismo en la poesía de Darío. Salinas lo sitúa muy bien al decir: “Precisamente el valor de Rubén es alzarse del erotismo natural a una especie de conciencia de lo erótico, que cada vez se complica con adherencias extrañas o superiores al erotismo elemental, y le guía por ese camino al descubrimiento de su tema, y a sus hermosas expresiones líricas. Su poetización de lo erótico es de tamaña profundidad, que sacándolo del tono lúdico superficial, discreteo de corte, o de grupo, lo convierte en palestra del juego más trágico, del gran problema del hombre”(60). El otro gran ensayo de un poeta sobre Darío, es el clásico artículo de Octavio Paz, “El caracol y la sirena”, publicado en Cuadrivio, en 1965. La valoración que hace Paz de Darío me parece muy válida, reconociendo la enorme influencia que ha tenido en toda la poesía hispanoamericana, estableciendo la raíz romántica de la rebelión modernista, y analizando la función de la musicalidad en la poesía de Darío. Paz se equivoca al pensar que Darío “es el menos actual de los grandes modernistas”(13), a menos que pensase únicamente en el artificio estético de Prosas profanas, pero tomando la obra de Darío en su conjunto, como quedará demostrado en estas páginas, Darío es quizás más actual hoy por la forma en que estamos repensando la modernidad, que durante el siglo XX. No obstante el ensayo de Paz es lúcido y certero, pone orden en el mundo caótico y sincrónico de la poesía hispanoamericana, ve claramenmte los procesos de asimilación impuestos por el Modernismo, y entiende mejor que sus predecesores el americanismo de Darío. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que “El caracol y la sirena” cierra una época de la crítica dariana y abre otra de más profundo entendimiento y más valioso razonar.

En 1970 se publica un artículo muy bueno que Keith Ellis no comentó en su Bibliographical Approaches. Se trata del artículo de Richard A Cardwell, “Darío and el arte puro: The Enigma of Life and the Beguilement of Art” publicado en el Bulletin of Hispanic Studies. Cardwell retoma las tesis de Salinas y plantea que entre los principales temas de Darío, (i.e. el engaño del arte, la creación de un mito erótico atemporal, el enigma de la vida, y la vanidad de las ilusiones) existe una relación íntima y paradójica. Cardwell rechaza la tesis de Salinas en cuanto a que el panerotismo tiene primacía en la poesía de Darío, y se propone rastrear cronológicamente la forma en que se van desarrollando e interconectando estos temas (48 in passim, traducción mía). Cardwell se apoya en el llamado que hiciera Anderson Imbert en 1967, al proponer un estudio que compaginara los hallazgos estilísticos de Salinas, con el desarrollo cronológico de la obra y la ideología de Darío. Todo el análisis de Cardwell está enmarcado en la observación de Valera en sus Cartas americanas, donde llamaba a la cordura y la sensatez a Darío, mostrando más arraigue metafísico. Este es un artículo excelente que, revela muy bien el desarrollo artístico e ideológico de Darío, contratando lo que dice en su Autobiografía y en Historia de mis libros, con los poemas en diferentes etapas de su vida.

Julio Icaza Tigerino es entre los nicaragüenses quizás el más profundo en sus análisis de la obra dariana. Su libro titulado Los Nocturnos de Rubén Darío y otros ensayos (1941) me parece de una gran precisión crítica y hondo entendimiento de la raíz existencialista y profunda de Darío. Otra versión de esta tesis la presentó como Discurso de ingreso a la Academia Nicaragüense de la Lengua. Finalmente, uno de los libros más completos sobre la obra de Darío es el de Julio Ycaza Tijerino y Eduardo Zepeda-Henríquez, Estudio de la poética de Rubén Darío. Managua: Comisión Nacional para el Centenario, 1967. Los autores, ambos destacados dariístas, llevan a cabo a cuatro manos, un estudio general de la obra de Darío, destacando los principales temas y motivos de la obra de Darío. Lo religioso, el tiempo, el clasicismo humanista y el hispanismo clásico, su filosofía de la belleza y del lenguaje, su arielismo, su pensamiento político, la importancia de la magia y de lo onírico, lo erótico y lo telúrico. Cada uno de estos temas tratados con mesura y con conocimiento profundo de la obra de Darío, nos brindan una visión totalizante de los valores de la poesía dariana. Este libro no pretende establecer una teoría de la obra de Darío. Su crítica es tradicional y se inscribe dentro de las escuelas críticas filológicas-estilísticas. Cada capítulo trabaja muy bien un tema central en la obra de Darío y se interesa por una hermenéutica temática. A pesar de las limitaciones de este estudio, y del tiempo que ha pasado desde su publicación, este es un libro de gran importancia para entender mejor las diferentes fuerzas palpables en la obra de Rubén Darío.

Desde el punto de vista del ritmo y la musicalidad, el estudio más importante que se ha producido es el de Erika Lorenz, Bajo el divino imperio de la música (1960) traducido del alemán por Fidel Coloma González. Este estudio se concentra en el concepto de armonía y su desarrollo a lo largo de los principales libro de verso de Darío. Aún hoy en día el trabajo de Lorenz sigue siendo fundamental para apreciar la musicalidad de la poesía de Darío, una de sus principales características, y uno de sus grandes talentos. El estudio de la música y la musicalidad en Darío también ocupó la primera etapa de investigación de Raymond Skyrme, pero ahora se le conoce más por su estudio de la influencia pitagórica en Darío. Su libro, Rubén Darío and the Pythagorean tradition (1975) publicado por the University Presses of Florida es una monografía excelente que rastrea a profundidad la influencia que Pitágoras pudo tener en la obra y el pensamiento de Darío. Quizás el mayor logro de Skyrme es rastrear la historia de esa influencia indicando el camino y la modalidad, a través de Victor Hugo, Charles Baudelaire, Thomas Carlyle, Paul Verlaine, Arthur Rimbau, Gérard Nerval y Stéphane Mallarmé, hasta llegar a José Vasconcelos, cuyo libro sobre Pitágoras no creo que Darío haya alcanzado a leer. Skyrme establece su premisa y acopia una enorme cantidad de documentación, tanto de la poesía como de la prosa de Darío. Skyrme propone que Darío parte de un concepto pitagórico ordenador o unificador del universo, que cuando no se identifica directamente con la música, alude a otros cuatro términos directamente identificados con la música, tales como “armonía”, “número”, “ritmo” e “Idea”. (in passim 2, traducción mía). Este concepto unificador del universo es central y fundamental para Darío y para los poetas franceses que de múltiples formas le sirvieron de mentores y modelos a Darío. La afinidad Pitágoras-Darío Skyrme la trabaja desde diferentes puntos de vista, enfatizando el concepto del mundo como música y misterio, la función poética y la función del poeta, el proceso poético, y la música de la poesía.

“La creencia que el misterio esencial del universo radica en su música interna, y de que los poetas penetran ese misterio para revelarlo, llevó a Carlyle a definir la poesía como ‘pensamiento musical”. La concepción poética de Darío es el resultado de un patrón de pensamiento igualmente coherente, y presupone una filosofía del lenguaje” (88, traducción mía). Esta afirmación de Skyrme resume su importante contribución al estudio de la poética dariana, estableciendo la esencia de su arte, el hilo conductor de toda su obra, la columna vertebral de su pensamiento y su práctica literaria. Su tesis se encuentra sustentada con numerosos poemas, artículos y prólogos de Darío, que Skyrme ha sabido rastrear minuciosamente para establecer la autoridad de su afirmación. Según Skyrme la figura de Pitágoras condensa la esencia que Darío ve en el poeta y el artista en general: la unidad, la capacidad de profetizar, ver, entender más allá de lo que la razón permite. Como Mallarmé, Darío considera la poesía como el arte supremo, y sólo la música puede rivalizar con ella, complementándola en forma armoniosa. Ambas formas artísticas son las únicas capaces de comunicar la plenitud y complejidad del ser humano. Debido a la centralidad que la función del poeta tiene en la obra de Darío, su raíz pitagórica es de fundamental importancia, y nadie la había estudiado como Raymond Skyrme.

T. W. Jensen volvió sobre este tema en su disertación doctoral titulada “The Pythagorean Narrative of Darío, Nervo and Lugones” en 1985, al mismo tiempo que Cathy L. Jrade (quien tiene un excelente artículo en este volumen) estaba investigando “The Role of the occult in the poetry of Rubén Darío” la que fuera también su disertación doctoral. Continuando con la crítica del pitagorismo en Darío, Nelson Orringer en un reciente artículo publicado en Hispania, en el número correspondiente a diciembre del 2002, titulado “Modernism and the Initiation of Rubén Darío’s Centaurs”, concentra su mirada en el “Coloquio de los Centauros” para demostrar cómo Darío reformula el poema de Leconte de Lisle “Khirôn”, y asimila la lección de Edouard Schuré en su famoso libro de 1899 Les grands initié. Este artículo tiene por supuesto un alcance más limitado que el libro de Skyrme, pero es ejemplar en la medida en que realiza una lectura detallada del poema, tratando de seguir la evolución del pensamiento pitagórico y mítico de Darío, y la forma en que se dan estas apropiaciones tan importantes para el Modernismo y para la obra de Darío.

Cathy L. Jrade publicó en 1983 un libro maravilloso titulado Rubén Darío and the Romantic Search for Unity. The Modernist Recouse to Esoteric Tradition, bajo el sello de la Texas University Press. Este libro es el mejor estudio sobre el ocultismo en Darío, elegantemente escrito y con argumento muy persuasivos. Jrade propone que la búsqueda central del Modernismo fue un deseo de unidad y armonía, donde el poeta tenía una obligación y una posición privilegiada para lograr ese cometido. La vida, con su caos y su diversidad, pedía una conciliación, y esa conciliación la buscó Darío a través de las doctrinas esotéricas, teosóficas y ocultistas. Darío busca el balance y la unidad del paradigma neoplatónico, y para lograr esto se beneficia de las ideas pitagóricas. Jrade estudia también el papel de la mujer dentro de este paradigma, y encuentra que esta tiene una función armónica y de balance dentro de la armonía universal. Finalmente Jrade establece la genealogía de este pensamiento y señala su origen en la tradición romántica. El libro de Jrade ha sido traducido al español y publicado por Fondo de Cultura Económica, en México. En 1998 Cathy L. Jrade publicó otro libro muy importante Modernismo, Modernity and the Development of Spanish American Literature, también bajo el sello de University of Texas Press. Su preocupación central aquí es estudiar la manera en que el Modernismo se relaciona con los cambios que la modernidad imponía sobre los escritores de finales del siglo XIX y principio del XX. De qué forma estos escritores que tuvieron que enfrentarse a la modernidad por primera vez en América Latina, definieron y cambiaron la compleja red de relaciones que se establecen entre poeta, lenguaje, y literatura. Los modernistas fueron los primeros escritores en sufrir los cambios que la modernidad operó en el tejido social, fueron los primeros en enfrentarse al desarrollo de las ciencias y la disminución de influencia de la religión, de lo mágico, de los animístico. Quizás lo que es aún más importante en la discusión de Jrade, es la forma en que los modernistas tuvieron conjugar las tensiones entre la unidad espiritual que anhelaban, y el sentido de unidad nacional que se imponía como parte del proceso de modernización. Aunque en este libro Jrade se ocupa extensamente de Darío, sus análisis también consideran las obras de los principales modernistas desde José Martí hasta José Santos Chocano, dándonos así una visión de conjunto, balanceada y acertada, iluminadora y muy bien informada de la crítica que le antecede. En el presente volumen Cathy L Jrade, en su artículo liminar presenta con gran acierto el contexto general del Modernismo y sus implicaciones para nuestro tiempo, demostrando que es una de las voces más autorizadas hoy en día sobre la poética modernista.

Otra investigadora que se preocupa por la función del ocultismo, lo divino y lo esotérico en el Modernismo es Sonya A. Ingwersen, quien trabajó el tema en su disertación doctoral bajo el título de Light and Longing: Occultism, Heterodoxy and Modernism (1987), luego publicado por Peter Lang. Su trabajo se concentra en Silva y Darío, y desarrolla tu tesis en torno a la confusión y contradicción en las creencias religiosas y espirituales de Darío. Entender la ambivalencia de ideas y creencias es fundamental para entender la problemática de Darío, quien según Ingwersen era anti-clerical sin ser anti-cristiano, y aunque sus intereses heterodoxos continuaron toda su vida, nunca dejó de considerarse cristiano.

El 1976 empieza lo que podemos llamar una nueva crítica del Modernismo. Estudiosos como Saúl Yurkievich, Noé Jitrik, Iris M. Zavala, Hugo Achugar, y Julio Ramos entre otros, empiezan a analizar el Modernismo y la obra de Darío, con plataformas críticas post-estructuralistas, que utilizan la obra para reflexionar sobre la significación general del Modernismo. Ya el interés no es tanto ver la obra de Darío o de otros autores, sino ver los fenómenos semióticos, sociales, políticos o culturales, a través de las obras de estos autores. Así aparece por ejemplo Celebración del Modernismo de Yurkievich, donde se plantea el poema como un despliegue de fuerzas psicológicas, como la emergencia del inconsciente a través de una serie de marcas discursivas. Se plantea la existencia de una representación retroinvertida que juega con las fronteras de lo simbólico. Yurkievich lleva la obra de Darío a niveles de reflexión filosófica lindantes con el psicoanálisis y las teorías lacanianas, para encontrar a un sujeto palpitante, opaco, un sujeto carnal que se enfrenta con el sujeto gramatical, vacío, frío, produciendo una trasgresión del sujeto unitario, normativo, del siglo XIX. De esta forma se abren las puertas para las rupturas siguientes que plantearán los postmodernistas y los vanguardistas.

Desde el punto de vista más puramente semiótico, Noé Jitrik llevó a cabo un análisis profundo y complejo del Modernismo, en su libro Las contradicciones del Modernismo, publicado en México por El Colegio de México en 1978. Jitrik plantea que hay una contradicción en las formas revolucionarias que los poetas del Modernismo introdujeron en la lengua (primordialmente la acentuación y la métrica) y las reacciones que tienen frente a los devenires políticos y sociales de su época (reacción frente a la modernidad, la máquina, la burguesía). Por un lado Jitrik encuentra en el Modernismo una práctica integrativa, interesada en la fusión de varias poética y varias prácticas, que aunque se concentran en la poesía, sus principios son aplicables a todo el sistema literario. Por otro lado hay en Darío y en el Modernismo en general un énfasis en el decir sobre el escribir. La sonoridad es el concepto que prima en el sistema, es lo que permite que el Modernismo sea. El fonocentrismo desplaza a la escritura, “No es extraño, por consecuencia, que Rubén Darío haya tematizado este desplazamiento: ninguna crisis en el discurso poético parecía serle ajena, aunque no pudiera escapar de sus términos; comprendía sus términos y hacía de ellos materia poética, como en “Yo persigo una forma”….” (39). Esta parece ser la culminación y la finalidad del Modernismo, una conformación en el tiempo, una temporalización.

Otra caracterización importante que hace Jitrik es la del Modernismo como una “máquina poética”. El concepto de máquina es un concepto central de la modernidad, marca y define una época, estipula las características, rompe los protocolos de producción, cambia la naturaleza de los productos, redefine al sujeto. El Modernismo, como puerta de entrada de América Latina en la Modernidad, establece los principios de la industrialización, el consumismo, las leyes del mercado, las ideologías. Frente a una poética de la máquina (que a mi juicio en realidad va a surgir más tarde, en el contexto del Futurismo y las vanguardias) Darío establece según Jitrik una “máquina poética”, una forma de producir poesía. “…no son, por lo tanto, los principios retóricos -los elementos de sistema- los que preceden, sino, al revés, derivan de una actitud básica y desde allí se conforman como sistema”(80). Esta posición comporta en sí un sistema semiótico que tiende a ligar una producción específica: en este caso la producción poética, con la producción social, donde su elemento esencial dice Jitrik, es la máquina. Darío introduce dentro del sistema literario latinoamericano una ruptura, un cambio. Es un subalterno, para decirlo en términos contemporáneos, es un indio proveniente de la periferia, no pertenece a las clases patricias argentinas, pero se inserta dentro de ese sistema, lo domina, se convierte en “el mejor”, se lo apropia. Como ya señaló Angel Rama, representa al profesional de la literatura, la democratiza, la hace agenciación, desvirtúa los principios de herencia, apellido y familia, que habían primado dentro de los sistemas literarios latinoamericanos. Como movimiento complejo e integral, el Modernismo está cargado de sus contradicciones, contradicciones que a su vez señalan hacia los grandes logros alcanzados por el movimiento.

Otro análisis semiótico importante es el de Iris M. Zavala, Rubén Darío bajo el signo del cisne, publicado por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en 1989. Este libro se concentra en el análisis detallado la serie “Los Cisnes” incluida en Cantos de vida y esperanza, estudiando el proceso de escritura de los poemas a partir de los manuscritos que se encuentran en la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C. Partiendo de la premisa teórica de que cada una de estas versiones es un pre-texto que le permite al lector percibir y leer un texto en su interior, en su estructura profunda, a manera de enunciado interior del sistema semiótico (40). Esto nos lleva a ver el proceso de escritura como un proceso creador y portador de ideología, enfatizando la relación dinámica entre el emisor y el receptor del mensaje estético. Las diferentes versiones de cada uno de los poemas es vista como un proceso de lectura por parte del autor, relectura de su propio texto, seguido de correcciones, y sucedido de otra lectura crítico-interpretativa del nuevo texto.

El signo ‘cisne’ emerge como elemento central de la construcción de una universalidad hispánica (27) signo que a su vez está asociado a Psiquis, con todas sus ambigüedades y polivalencias. “El cisne dariano materializa, por así decirlo, la exterioridad, el mundo de afuera que se interioriza y se repliega. El cisne representa la doble voz o el enunciado del otro; dicho sea de otra forma, la naturaleza dialogiza del discurso interior desdoblado en un adentro y un afuera, en la verdad y en el enigma, en la colectividad o el individuo… La cadena comunicativa y dialogizadora supone la victoria de la entonación sobre el discurso, en la vasta zona del libre juego”(29). Esta es una nueva forma de leer la poesía dariana, penetrando sus dobleces, sus mecanismos de comunicación, su ingeniería semiótica. Presta atención no únicamente a la obra terminada sino a su proceso de producción, a su genética. De esta manera el enunciado no le pertenece a un solo emisor ni a un solo receptor, sino que se determina a través de intercambios sociales…(80). El poema entra en diálogo con Ovidio, con Garcilaso, con Góngora, toma la voz de Quevedo, se impone de toda una tradición literaria y la completa. El análisis de Zavala, altamente teórico, toma en cuenta todos estos movimientos, entra en juego con las variaciones, especula, crea significados en el proceso de lectura. Eso es lo que la crítica se ha propuesto, re-escribir el texto en el proceso de lectura.

El análisis de estos poemas importantes en la obra de Darío demuestra que todavía hay mucho trabajo hermenéutico por hacer. El lector se enfrenta a la dualidad creador/creación y se hace parte de la voluptuosidad, la interioriza, comparte los estados sucesivos del poema (99). Zavala desmenuza los signos, los contrasta con el corpus léxico de los libros anteriores de Darío, los trabaja contra el horizonte de expectativas de los lectores coetáneos a Darío, contra nuestro horizonte. La ejemplaridad de este estudio radica en esa flexibilidad, en la apertura de significados e interpretaciones del poema. No hay necesidad de establecer nada, los signos fluyen, los cisnes significan en las mentes de los lectores. Ningún crítico está llamado a establecer o fijar sus significados. En el cuarto y último poema el análisis se concentra en las estrategias discursivas, en “el contraste entre lo conocido y lo inesperado”(117). En gran medida basado en el concepto semiótico de amalgamiento, de acumulación de significados, que van enriqueciendo el valor semántico del signo a medida que nuevas acepciones y nuevas alusiones se van adhiriendo al significante cisne. Así, “[e]l cisne no es un simple juego de complacencias librescas, es la alegoría de un dios, creador de un mundo que es un poema exquisito”(119). Espacio paradójico lleno de alusiones ocultas, un tejido semiótico que se beneficia de la inmensa tradición literaria. Y luego la interpretación final, lúcida, brillante: “El coito del cisne es, en definitiva, una alegoría del trabajo poético, de la creación y de sus investigaciones lingüísticas. El texto es un vasto objeto sexual en este sistema alegórico, que reemplaza la blancura del ave y de los muslos femeninos, por la página luminosa en blanco. Sobre las inmaculadas alas del cisne escribe el poeta”(127).

Este libro de Iris M. Zavala es una de las monografías teóricamente más informadas que se ha escrito sobre Darío. La autora aprovecha muy bien las teorías de los formalistas rusos, las propuestas Bajtín, y de Faucoult; dialoga productivamente con Baudrillard y Paul de Man, y se mueve cómodamente entre Freud y Lacan. Su tesis general, en la cual enmarca el estudio de los poemas cígnicos, propone que el discurso del Modernismo es el primer gran epistema de la modernidad latinoamericana, es la gran narrativa latinoamericana moderna, que revalúa la posibilidad de soñar un proyecto político-cultural (142 in passim). En este sentido los poemas analizados de Darío tienen un papel protagónico, actúan como signos culturales, definen al escritor moderno, plantean una concepción moderna de la escritura y se sitúan en forma definitoria frente a las tradiciones literarias.

Uno de los libros más importantes de los últimos años sobre el Modernismo es el de Julio Ramos, Desencuentros de la modernidad en América Latina: literatura y política en el siglo XIX, publicado en México por Fondo de cultura económica en 1989. Este libro trata muy tangencialmente la obra de Darío, ya que su mirada se centra más en Sarmiento, Bello y Martí, estudiando cómo el proceso de modernización afecta las relaciones de la escena de la escritura. Me parece importante señalar en este ensayo bibliográfico la observación que hace Ramos sobre el concepto de pureza literaria que tanto se ha tratado en relación a Darío. Ramos defiende la posición de que los modernistas y Darío tenían y desarrollaron a través de sus obras un compromiso político, que si bien no era directo y explícito, sobre todo en sus obras más esteticistas, representó una ruptura con la tradición del letrado latinoamericano, patricio, rico y poderoso. Por primera vez en la historia de la literatura latinoamericana tenemos a un grupo de escritores que sin riquezas personales, ganándose la vida a través de su escritura, se enfrentan a un mundo emergente de bienes de consumo, que por un lado ponen el lujo y el arte al alcance de todo el que pueda pagarlo, pero por el otro crean una serie de necesidades imperiosas y difíciles de satisfacer. Se da entonces una economía del lenguaje que entra en competencia con la economía de consumo, y que a su vez pasan a formar parte orgánica de la economía del capitalismo.

En los noventas aparecen varios libros importantes, que de alguna forma regresan a tocar temas anteriormente soslayados, pero que ahora profundizan más en sus respectivas tesis. Primeramente el libro de Alberto Acereda, Rubén Darío, poeta trágico (Una nueva visión). Barcelona: Teide, 1992, (quien ha escrito un ensayo para este volumen). Acereda es uno de los dariístas más destacados actualmente, con numerosas publicaciones sobre Darío y una traducción excelente de su poesía en colaboración con Will Derusha. Acereda enfatiza el aspecto romántico y trágico de Darío, haciendo una lectura de su obra desde el concepto aristotélico de lo trágico. Acereda propone que las tragedias familiares, las dificultades económicas, el alcoholismo, y la propensión de Darío a la melancolía y la introspección hicieron de él un poeta trágico, un existencialista, en el mejor sentido de la palabra, adelantándose así a su tiempo: “Rubén Darío, entre católico y escéptico, entre el vitalismo epicúreo, sensualista y desenfrenado y la reflexión íntima, dolorosa y ascética, anticipará en su poesía, como se verá, muchas de las ideas y sentimientos que iba a propugnar después la filosofía existencia: Dios o la nada, la angustia o la duda, la eternidad o la temporalidad, la vida o la muerte, la esperanza o el desencanto, el optimismo o el desasosiego…”(41).

Acereda trata en su libro varios temas fundamentales en la poesía de Darío, resaltando su aspecto trágico y doloroso, y documentando su tesis con numerosos ejemplos de su obra. Entre otros resalta el aspecto vital en cuanto a las condiciones que le tocó vivir, el aspecto existencial que ya he señalado, el aspecto religioso, que se convierte en tragedia por no tener la fe ciega que requiere el catolicismo, y no encontrar tampoco una explicación racional al misterio de la vida. A este respecto afirma Acereda: “[Darío] indaga cuanto puede en las doctrinas órficas y pitagóricas, lee y experimenta, se hace masón y reza el rosario todas las mañanas. Sin embargo, la revelación del gran misterio no le llega. Sufre y se acongoja porque detrás de la percepción sensorial humana Rubén Darío reconoce un misterio que lo atrae y, en el fondo, lo aterroriza”(115). El erotismo es otro de los temas a través de los cuales Acerada estudia la tragedia en Darío. La contraposición entre el placer corporal y la búsqueda del amor como vía de salvación, resulta en un desengaño que produce en el poeta el sentido trágico. “La exaltación sensual recorre maravillosamente las mejores composiciones de Rubén y en ellas late un sentimiento de impotencia ante la eternidad de lo femenino”(121). Darío se da cuenta de que el placer físico no trasciende mas allá del instante y que por lo tanto no es vía de acceso a la felicidad. Finalmente Acereda estudia la vida política de Darío donde encuentra otra fuente de decepción y tragedia. Después de desmentir la opinión de Octavio paz sobre la poesía política de Darío, Acereda valora su reacción ante el ocaso del imperio español, y el surgimiento del imperialismo norteamericano. A mi juicio la apreciación de Acereda es una de las más balanceadas y justas, explicando claramente la ambivalencia de Darío en cuanto a sus juicios políticos.

Con motivo del centenario de la publicación de Los raros en 1996 se dio una serie de publicaciones y estudios en torno a este libro fundamental de Rubén Darío. La monografía más completa es la de Jorge Eduardo Arellano, titulada “Los raros”: una lectura integral, publicada en Managua por el Instituto nicaragüense de cultura. El estudio de Arellano es como su título lo anuncia, una lectura integral, una lectura que engloba todos los diferentes aspectos de la obra, desde el análisis de su contexto socio-histórico, las condiciones intelectuales que llevaron a su producción, la significación de cada uno de sus retratos, con especial referencia a la importancia que tenían las obras de esos escritores en relación a la formación y la obra de Darío. Arellano, que es un diestro bibliógrafo y consumado filólogo, describe y estudia minuciosamente la edición príncipe y las sucesivas ediciones, demostrando los cambios, las erratas, y los avatares de la vida de los libros. Con motivo del mismo centenario la Universidad de Sevilla publicó un volumen editado por Alfonso García Morales, con once ensayos sobre Los raros y sobre Prosas profanas. Entre las contribuciones más originales está la de Noel Rivas Bravo, quien nota la ausencia de Nietzsche en Los raros, demostrando el conocimiento que Darío tenía de la obra de Nietzsche y sus desacuerdos. Los raros es un libro muy importante y ha generado una gran cantidad de comentario y polémica. Pedro Lastra discutió con éxito en 1987 la unidad y cohesión del libro en su “Relectura de Los raros“, contra la opinión de otros críticos que lo consideraban un libro sin unidad y coherencia. En este volumen María A. Salgado estudia el ensayo sobre Rachilde incluido por Darío en Los raros desde un punto de vista feminista, desentrañando las estrategias discursivas que Darío usa en su artículo, y poniendo de relieve el tratamiento que Darío hace de la única mujer incluida en el volumen.

Louis Bourne ha estudiado la filosofía de Darío y sus diferentes etapas de fe cristiana, agnosticismo, escepticismo, panteísmo, pitagorismo, ocultismo, y su catolicismo romano. En su artículo de 1997, “El sincretismo inestable de Rubén Darío: el escéptico se vuelve agnóstico”, así como en su libro de 1999, Fuerza invisible. Lo divino en la poesía de Rubén Darío, Bourne (quien tiene un artículo en este volumen) ha profundizado como nadie en el complejo mundo de relaciones y contradicciones que se dan en el pensamiento y la vida espiritual de Darío. Su tesis es que la verdadera búsqueda de Darío era una búsqueda de lo divino, y que ésta se realizaba por diferentes caminos que van desde la exploración estética, hasta la sensualidad, el amor, la aristocracia, la belleza femenina, el ocultismo, la teosofía y el pitagorismo. Fuerza invisible es un libro que estudia intensamente la obra dariana, rastreando las diferentes concepciones de Darío frente a la divinidad, desde sus poemas de adolescencia como “La fe”(1879), y “El libro” (1882), hasta sus últimas creaciones. Bourne demuestra que Darío tuvo desde su adolescencia profundas dudas sobre Dios y su fe cristiana, y que este dilema fue el epicentro fundamental de toda su obra. La tesis más importante y reveladora de Bourne es que “la sensualidad de Darío es una vía más hacia lo divino”(11), contradiciendo o redirigiendo de esta forma mucha de la crítica anterior, que había puesto énfasis en la sensualidad y el erotismo en Darío sin una finalidad ulterior y metafísica. Desde “La Fe” hasta “A Francisca”, “el vínculo entre lo amoroso y lo divino no le deja nunca”(23) convirtiendo así la búsqueda de amor y placer en una búsqueda espiritual, divina, si no teológica al menos metafísica. Esta relación de Darío con la mujer no deja de ser problemática. Hay un doble movimiento que constantemente surge en sus páginas: por un lado un gesto de admiración exacerbada que Louis Bourne interpreta como una búsqueda de la divinidad, y por el otro una misoginia que no le permite aceptar a la mujer intelectual, capaz e independiente como mujer. Louis Bourne afirma acertadamente que “…se puede probar que el abismo religioso -pese a los libros risueños de Azul… (1888) y Prosas profanas (1896) que definieron su estilo modernista- queda como una constante a través de la obra, siempre en los momentos que no esté arrebatado por un ensueño de la mujer o la música celestial del arte”(90). Esta búsqueda de lo divino a través de la razón o de la idealización de la mujer, inevitablemente termina en desengaño, ya que ninguna de las dos son caminos hacia Dios, por eso Bourne afirma “la emoción del amor por la mujer como acceso a lo divino no es pura, primeramente porque es temporal, y luego porque Rubén tiene la intuición de que tal divinización es un engaño de su deseo”(99). Sin embargo la obra de Darío está llena de numerosos ejemplos de deificación de la mujer, y en Prosas profanas es casi el tema central. A medida que el poeta va envejeciendo disminuye la intensidad de esta divinización, y el poeta busca con más ahínco consolidar su fe amainada.

El genio y la precocidad de Darío son evidentes y las anécdotas se han repetido hasta el cansancio. Mientras la mayoría de los críticos se han quedado en el nivel de la anécdota y la especulación, Bourne estudia con detenimiento la producción poética de esta etapa en los dos primeros capítulos de su libro y demuestra que “Ya a los doce y quince años Rubén rubrica un abismo interior respecto a su creencia en el catolicismo de sus padres, pero también sugiere el cuestionamiento con respecto a la naturaleza de lo divino”(22). De esta forma demuestra que la problemática central de Darío surge en su vida y en su obra desde muy temprano, demostrando una angustia existencial y teológica sumamente precoz y genial, pero que fatalmente lo marcaría para siempre. Como Bourne afirma un poco más adelante “Gran parte del tormento lírico de Rubén resultará precisamente de su inquieta necesidad de comprender a su Dios o tocarle, esfuerzo que reconoce como imposible en ‘El libro'”(40). Este problema tiene sus raíces en las creencias y las lecturas eclécticas de Darío, la influencia del racionalismo y del liberalismo, las fascinantes enseñanzas de la teosofía, la masonería y el ocultismo, además de la tradición filosófica griega, tanto pitagórica como platónica. Este conflicto de creencias, de lecturas y de prácticas empieza a finales de la adolescencia y se mantendrá en Darío por gran parte de su vida madura. “Rubén quizás no es un gnóstico” dice Bourne, “pero sí que insiste en la revelación divina y también en el triunfo de la razón, a la vez que está preocupado en “El Porvenir” con la existencia del mal”(50).

El libro de Louis Bourne es una contribución muy importante para la dilucidación del concepto de lo divino en Darío. Su estudio detallado de las diferentes etapas de Darío, su manejo de la crítica más importante que le precedió, y su minucioso rastreo del pensamiento divino de Darío, le permiten hacer un análisis balanceado y desapasionado de la red de contradicciones que operaban en la mente de Darío. Contrario a críticos como Blas Matamoro, Louis Bourne no especula irresponsablemente a partir de la evidencia textual, sino que razona los significados comprobando su validez con el resto del corpus dariano.


Uno de los mejores libros publicados en los últimos tiempos sobre Darío es el de Gerard Aching, The Politics of Spanish American Modernismo. By Exquisite Design, publicado en 1997 por Cambridge University Press. Aunque en la primera página equivoca el nombre de Julio Valle Castillo, a quien llama Jorge, este es un estudio de gran profundidad y alcance, escrito con elegancia e inteligencia. La pregunta que guía la investigación de Aching es de qué manera las alianzas estéticas del Modernismo, sirven para expresar y determinar las alianzas políticas (3). Esto nos lleva en un círculo perfecto a regresar a la tesis inicial de José Enrique Rodó, en su artículo sobre Prosas profanas. Aching resemantiza la posición comúnmente aceptada, de que los modernistas no tenían un compromiso político con la realidad americana, y propone que ese “detachment”, que voy a traducir como desapego, es en realidad un compromiso sólido con las condiciones políticas de su tiempo, traducido o expresado a través del “embellecimiento”, practicado desde un lugar discursivo y cultural preciso (in passim 3). La otra piedra angular de su estudio radica en la propuesta de que la construcción ex-profeso de artefactos bellos y refinados para consumo de las élites latinoamericanas, se lleva a cabo por diseño exquisito, y que este por diseño exquisito implica una negociación socio-cultural, una práctica artística que está íntimamente ligada a las condiciones socio-históricas de la época. Por tanto decir que Darío y su arte no tenían una relación directa con las preocupaciones de Latinoamérica, es obviar la esencia misma de su quehacer artístico. “Estos artistas e intelectuales cultivaban su estilo literario exquisito, precisamente para generar una reciprocidad particular con el público lector”(18, traducción mía). Aching demuestra claramente a lo largo de sus capítulos, que la apropiación que hace Darío del acervo literario universal convirtiéndolo en latinoamericano, es un acto que tiene profundas repercusiones políticas, y que ha marcado la identidad de América Latina. By exquisite design las obras modernistas implican una práctica estética insertada en la política y las instituciones culturales, tanto locales como transnacionales, lo que a su vez está relacionado con la profesionalización del escritor y del artista que se está dando en la sociedad en general. Si esta conjunción de elementos no comportan una serie de posicionalizaciones políticas,
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La acusación contra los modernistas de vivir encerrados en una torre de marfil, de no preocuparse por las necesidades de los pueblos latinoamericanos, es analizada por Aching magistralmente por medio de la metáfora del reino interior. En su segundo capítulo, Aching estudia el reino interior como un espacio de producción de textos y de significados, que lejos de ser una evasión o un escape, es una reasimilación de las condiciones de vida indeseables y estrechas que le tocó vivir a Darío, es una “revolución desde adentro”, que aspira a cambiar las condiciones socio-políticas y materiales de la existencia, a través de la imaginación y la creación artística (36, in passim). Al mismo tiempo que Aching, Ivan A. Shulman está trabajando el tema del reino interior desde el punto de vista de los códigos, y demuestra que Darío estaba íntimamente comprometido y confrontado con la realidad socio-económica de la época. En su brillante artículo aparecido en el número de Anthropos dedicado a Darío, 170-171, enero-abril 1997, Shulman propone que ese reino interior es el receptáculo de numerosos mensajes de la modernidad a través de una serie de códigos estéticos, ideológicos, y sociales; que Darío luego problematiza y vierte en sus poemas y en sus narraciones. Es sumamente significativo que estos dos estudiosos del Modernismo estén preguntándose al mismo tiempo dilemas similares, y que ambos lleguen a conclusiones convergentes. Signo iluminador del pensamiento actual de la crítica literaria, que nos lleva a analizar el texto tomando en cuenta las diferentes concatenaciones de significados, los diferentes niveles de significación, sin que estas sean contradictorias entre sí. O bien interpretando esa contradicción como parte indispensable de la problemática general de la semiótica.

En su capítulo 3 Aching hace una interesante y original lectura de “Salutación del optimista”, demostrando que es un texto a la vez inscrito de numerosos signos culturales y una actuación (performance) de significación cultural (56). De esta forma demuestra que Darío, en cada etapa de su vida, está constantemente dialogando con la condiciones socio-políticas que se le presentan. “A través de su artesanía literaria, su nostalgia de las raíces clásicas y cristianas de la civilización occidental, Darío y otros modernistas produjeron representaciones acreditadas de los espacios hispánicos, tanto regionales como nacionales, para un público selecto. Poemas de este tipo satisfacían un deseo de unidad transnacional entre los intelectuales españoles y los hispanoamericanos, los líderes políticos, y otros miembros de la clase dominante”(79). Queda así claro que la producción artística de Darío está siempre atenta a una serie de condiciones sociales y políticas en las cual él está irremediablemente imbuido. Todos sus poemas tienen un referente fuertemente arraigado en la problemática socio-política de su entorno, a pesar de que muchas veces han sido leídos en el nivel superficial de su representación lineal, sin profundizar en las lecturas más profundas, en sus interpretaciones metafóricas, en sus lecturas simbólicas. La lectura de Aching de “Salutación del optimista” ejemplifica muy bien cómo la exploración crítica puede revelar diferentes niveles de significación. A pesar de todo lo que se ha dicho, la obra de Darío es paradigmática para demostrar cómo un poeta se ve forzado a ganarse la vida con su arte, y cómo desde su condición de desposeído y de subalterno, está obligado a sortear una serie de problemas regidos por el sistema de producción capitalista, en el cual sus únicos medios de producción era su arte creador, y su único capital era su impresionante conocimiento de las principales tradiciones literarias del mundo.

Son numerosísimos los estudios morfo-sintácticos y estilísticos de páginas de Rubén Darío. Desde los trabajos estelares de Tomás Navarro Tomás, Dámaso Alonso, Francisco J. Díez de Revenga, hasta los de los críticos nicaragüenses Julio Ycaza Tijerino, Eduardo Zepeda Henríquez y Fidel Coloma, chileno-nicaragüense. El número de artículos es tan extenso que no pretendo dar cuenta de ellos en estas páginas y me voy a referir a algunos cuantos. Allen W. Phillips, en un artículo de 1986 titulado, “Cima y abismo en Cantos de vida y esperanza de Rubén Darío”, estudia las imágenes en la poesía de Darío como ascendentes (hacia la luz) y descendentes (hacia la oscuridad), creando múltiples niveles de tensión que evidencian la complicada cosmovisión de Darío, la lucha interna que le negó paz y consuelo en su errante vida. Este artículo me recuerda el libro de Jaime Torres Boudet, Abismo y cima, publicado en México en 1966. En 1985 Laura Rosana Scarano, al analizar la concepción metapoética de Darío, divide los poemas de Cantos de vida y esperanza en “aquellos que presentan símbolos aéreos y los que presentan símbolos acuáticos… lo que expresas la radical vitalidad de la poesía dariana”(152) Nydia Palacios estudia con detenimiento la estructura de las frases de “Canción del oro” para demostrar que Darío por medio de su sintaxis muestra el contraste de la polarización de dos mundos, el del arte y la estética, y el de la industria y la materia. Amelia Correa Ramón estudia “El palacio del sol” demostrando que la enfermedad de Berta tiene que ver con su desarrollo de niña a mujer, y los primeros escarceos de la adolescencia. Alberto Acereda, estudia el verso libre en Darío y concluye que “no hay duda, para mí, que Darío adelanta en buena medida la utilización del verso libre, aunque debe reconocerse que tal empleo esta todavía en experimentación, y que debe mucho a la mejor tradición poética española del clásico verso blanco o suelto, así como a la transposición del hexámetro latino al castellano. Con todo ello, y aún cuando la rima es fundamental en la poesía de Darío, su importante contribución y avance hacia el verso libre debe ser, como también en el caso de José Martí, siempre admirada y tenida en cuenta”(88).

Oscar Rivera-Rodas en un excelente artículo publicado en Hispania en el año 2000, titulado “La ‘crisis referencial’ y la modernidad hispanoamericana”, hace un análisis del poema “El porvenir” de Darío, para demostrar cómo en ese poema, escrito a los dieciocho años, podemos encontrar ya todos los síntomas de la modernidad: la fe en la ciencia, la desconfianza en el lenguaje, la inversión de los mitos, la ruptura con la tradición española, y la liberación de la conciencia. Este es un artículo informado de las teorías desconstructivistas de Derrida, y pensado a partir de una lectura detenida del libro primerizo de Darío Epístolas y poemas, aunque su mirada crítica abarque hasta el inicio de la Vanguardia. La “crisis referencial” a la que se refiere Rivera-Rodas es un fenómeno lingüístico-literario por medio del cual se expresa un extrañamiento de la expresión y del pensar, eliminando referencias tradicionales, e instaurando nuevos códigos y nuevas formas de percibir la realidad. Como afirma el autor: “…ese pensamiento liberado de las creencias tradicionales y confiado en el porvenir inaugura la genuina modernidad en América Hispánica”(783).

Peter G. Broad estudia el famoso poema “Lo fatal” por medio de una lectura que él llama “ambidireccional”, relacionándolo con autores precedentes como Goethe, Rosalía de Castro, o José Asunción Silva; contemporáneos como Machado, o poetas más jóvenes como José Luis Hidalgo. Aunque el ejercicio es interesante, no encuentro que su estudio arroje nuevas luces sobre la interpretación del poema. Un año más tarde, en 1989, Mark I. Smith-Soto, en un breve artículo publicado en Romance Quarterly, hace un parangón entre Lugones y Darío, bajo la hipótesis que Lugones puede haber influido en el maestro, acercando más su verso a los problemas socio-políticos de América Latina. Aunque es aceptable la tesis de Smith-Soto de que Darío haya recibido cierta influencia de su amigo menor y discípulo, la debilidad de este estudio radica en que su evidencia se basa en escasas similitudes léxicas y semejanzas estilísticas. Me parece que se necesitas más evidencia textual y extra-textual para que un argumento como éste sea convincente. Otro estudio comparado muy interesante publicado recientemente es, “Sounding the Great Vacío: The Abyss in the Poetry of Rubén Darío and Amado Nervo” de Susan L. Southworth. En este artículo Southworth analiza el uso del signo ‘abismo’ en la poesía de ambos poetas, siguiendo el desarrollo de este signo a lo largo de sus poesías, comparando la forma en que ambos amigos utilizan este signo, y demostrando la relación que tiene con las ansiedades metafísicas que ambos sufrieron en diferentes momentos de su vida. “Tanto Darío como Nervo ven las profundidades desconocidas de la conciencia humana como un abismo interno y la reflexión de una vasta infinitud externa. Este abismo interior cambia de significado según la visión filosófica del poeta. En el caso de Darío es a menudo ‘el abismo de la duda” […] o el abismo de una angustia existencial. Para Nervo este ‘abismo’ es simplemente ‘el abismo de la conciencia humana’ la cual el poeta tiene tanto el talento y la responsabilidad de poner a prueba”(407, traducción mía).

Los estudios sobre la relación de Darío con la Edad Media tienen a su vez un largo ascendente, donde el más importante sea quizás el libro de Francisco López Estrada, Rubén Darío y la Edad Media. Una perspectiva poco conocida sobre la vida y la obra del escritor (1971). Ahí López Estrada rastrea los modelos poéticos que Darío seguía e imitaba, introduciendo variantes y ampliando el repertorio poético de la lengua castellana. López Estrada concentra parte de su estudio en Prosas profanas, y quizás una de sus contribuciones más importantes sea la aclaración del uso medieval del signo “prosas” en el título Prosas profanas, que como es sabido, viene de la concepción medieval litúrgica latina. Tanto la influencia de la poesía castellana anterior al siglo XV, como la influencia de los pre-rafaelistas, son las dos vertientes principales de influencia de la Edad Media en la obra de Darío. En este volumen Néstor Lugones rastrea la posible fuente de los versos finales de “A Roosvelt” emparentándolo con la Historia Francorum del obispo Gregorio de Tours, en la edad media.

Los acercamientos biográficos a Darío han sido abundantísimos en la historiografía literaria latinoamericana. Keith Ellis hace un recuento excelente de los acercamientos biográficos en el primer capítulo de su libro Critical Approaches y no voy a tratar de sobrepasar su proeza. La narración de la vida de Darío ha sido toda una zaga que por supuesto aún no llega a su fin. Su Autobiografía y su Historia de mis libros han servido de semilla a esta gran narrativa, pero también han sido criticadas, desmentidas y aumentadas. La narración en tercera persona de la vida de Darío empieza quizás con la entrada en el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano, de Montaner y Simón en 1890. El primer libro fue la famosa biografía de José María Vargas Vila, Rubén Darío, publicada en Madrid en 1917, solo un año después de la muerte del poeta. Vargas Vila es laudatorio como dice Keith (6) pero no es totalmente acertado en muchas de sus apreciaciones, y aunque vivió muy cerca del poeta, debemos entender que esa misma cercanía le impedía ser objetivo y exacto. Vargas Vila era un novelista de imaginación desbordada, y a menudo fantasea y altera la realidad. Enrique Gómez Carrillo el otro compañero de del poeta que publicó varios artículos sobre Darío, e incluyó muchos comentarios sobre las experiencia que compartieron en París. Gómez Carrillo es una fuente de información muy importante, ya que convivió con el poeta, y compartió muchas de las aventuras que narra, pero es importante tener en cuenta que había bastante tensión entre ambos escritores, y que Gómez Carrillo demostró ser una persona un tanto envidiosa de la fama de Darío. Francisco Contreras escribió una de las biografías más fieles de su época. Rubén Darío, su vida y su obra, en 1930. Arturo Torres Ríoseco dedicó parte de su vida a investigar sobre la obra de Darío. Sus dos libros importantes: Rubén Darío. Casticismo y americanismo. Estudio precedido de la biografía del poeta (1931); y Vida y poesía de Rubén Darío (1944), presentan gran cantidad de material interesante, aunque mucho es de segunda mano y hay que entenderlo dentro del contexto de las relaciones entre los informantes y Darío. Alberto Ghiraldo publicó en 1940 El Archivo de Rubén Darío, donde el poeta recogió una gran cantidad de cartas y materiales que han demostrado ser de gran importancia para subsecuentes estudios de su vida y obra.

La vida de Darío ha sido investigada hasta en detalle y con fidelidad como lo demuestra el libro de Juan de Dios Vanegas y Alfonso Valle, Nacimiento y primera infancia de Rubén Darío (1962). Pero muchos escritores han aprovechado la fama de Darío, su posición dentro del panorama literario, y aún sus debilidades, para promocionar su propio nombre y su carrera. Como consecuencia de ello hay decenas de biografías o seudo-biografías, algunas acompañadas de breves antologías, algunas aduciendo pequeños hallazgos importantes, pero que en general no merecen mayor atención. Entre las más valiosas se encuentra la de Antonio Oliver Belmás, quien contribuyó con un libro extenso titulado Ese otro Rubén Darío (1960), con una segunda edición aumentada de 1968. La biografía de Belmás se beneficia del enorme material documental contenido en el Seminario Archivo Rubén Darío, establecido en Madrid, en Alcalá 98, en 1956, y del que él fue uno de los principales gestores y comisario. Sin embargo su biografía es bastante novelesca, a ratos hiperbólica, pero contribuye una gran cantidad de material importante para el conocimiento de la vida de Darío.

Sin duda alguna la biografía más conocida y por muchas razones la más autorizada es la de Edelberto Torres Rivas, La dramática vida de Rubén Darío, publicada en Guatemala, por la Editorial del Ministerio de Educación Pública, en 1952, con numerosas reediciones. Después de esa han seguido proliferando narraciones de la vida de Darío, pero sin agregar nada sustancial al arte. Charles Watland publicó en inglés su Poet-errant: A Biography of Rubén Darío, en 1965 en Nueva York, bajo el sello de la Philosophical Library, cuyo principal valor es dar a conocer al poeta entre los lectores anglófonos. Con anterioridad Watland se había concentrado en el estudio de la formación literaria de Darío, investigación que presentó como disertación doctoral.

La más reciente biografía de Darío es la de Blas Matamoro, publicada por Espasa Calpe en el 2002. La biografía de Matamoro está inspirada en un tratamiento despectivo de Darío, escrita con cierta malintención y carente de verdaderas contribuciones al entendimiento de la vida y obra de Darío. Esta biografía tiene muy poco valor documental y está plagada de afirmaciones sin sustento. El biógrafo parece no tener ninguna admiración por el sujeto de su estudio, se basa en versos aislados y en frases sueltas de la correspondencia de Darío, para hacer afirmaciones controversiales y delicadas con respecto a la sexualidad y el conocimiento literario de Darío. Con una psicología de principiante y rudimentos muy elementales de crítica psicoanalítica, Matamoro pretende dilucidar las relaciones de Darío con las mujeres, la ausencia del padre, el abandono de la madre, su bohemia y su alcoholismo, en un libro que sin agregar nada a las biografías precedentes, presenta una serie de conjeturas imposibles de demostrar y carentes de valor hermenéutico.

El análisis que hace de las mujeres en la obra de Darío no agrega ningún elemento nuevo a los estudios anteriores sobre las representaciones de la mujer en Darío. La gran mayoría de sus observaciones ya las habíamos leído en las diversas biografías de Darío mencionadas con anterioridad. Julia Uceda en un artículo de 1997 ya había caracterizado la relación de Darío con las mujeres, y el contraste que se da con sus princesas y sus hadas. Años antes ya John R. Burt había estudiado la dicotomía entre mujeres pasivas y mujeres activas en la obra de Darío. La misoginia de Darío es evidente y se puede leer claramente en El oro de Mallorca, y en numerosos artículos y poemas. Darío, a pesar de aborrecer el tiempo en el que le tocó vivir, es producto de su tiempo. La misoginia imperante en la humanidad hasta nuestros días explica, aunque no justifica, la posición de Darío ante la mujer. Por tanto las afirmaciones de Matamoro no importan ninguna novedad a los estudios darianos, por el contrario, reflejan una serie de desplazamiento y proyecciones del sujeto escritor sobre el objeto de estudio. La relación que revela el texto de Matamoro es especular, proyectando sobre Darío una serie de preferencias personales del autor. Sin ninguna evidencia Matamoro hace observaciones tan absurdas como la siguiente: “…el mal es creativo porque es el no ser, el vacío, la carencia, y estas entidades negativas son las que dan contorno, borde, perfil a los objetos. Dios es femenino como creador, y el poeta, que lo imita también lo es. La poesía es femenina aunque la escriban los varones. La belleza, aún la varonil, es así mismo femenina (179). En fin, psicología barata, misógena y homofóbica, que no se fundamenta en una teoría sólida ni contribuye a la elucidación crítica de la obra.

Contra la pobreza crítica de Blas Matamoro se erige la inteligencia de Julio Ortega, quien parte de la biografía dariana para ofrecernos una lectura brillante y lúcida de la obra del panida en su Rubén Darío, publicado en Barcelona, bajo Ediciones Omega, colección Vidas literarias, en el 2003. Ortega trabaja la vida y la obra de Darío como un fenómeno de lectura, donde Darío surge como el primer lector moderno de América Latina. El poeta que no sólo supo leer a sus predecesores más ilustres, desde Cervantes y Góngora, hasta Victor Hugo y Verlaine, sino que supo leer a sus coetáneos: Unamuno, los Machado, Valle-Inclán, Lugones; y a los poetas más jóvenes, cuyo caso central sería Juan Ramón Jiménez; sino que crea una obra monumental basada en la lectura acertada de la crítica de su tiempo, de los eventos y circunstancias del tiempo que le tocó vivir. A pesar de odiarlo, lo moldeó y lo enalteció. Enseñó a leer, como a Francisca Sánchez, a todas las sucesivas generaciones de latinoamericanos, y un siglo más tarde, nos sigue enseñando a leer la postmodernidad de América Latina. Acaso el ejemplo más grande de este fenómeno sea, como señala Ortega, que Darío no tuvo que recurrir al parricidio literario ni sufrió “ansiedad de influencia”, sino que más bien fue fiel a sus figuras patriarcales (100).

Con una mirada crítica perspicaz y fluida, Julio Ortega, uno de los críticos más lúcidos de nuestro tiempo, se replantea toda la critica dariana y nos propone una visión novedosa, una bio-grafía que no se demora en las nimiedades de la “bio” y nos da una visión profunda de la “grafía”, ya que como advierte al principio “todo indica que el modelo biográfico no es suficiente para articular la historia personal y la vida creadora de un artista de excepción”(10). Sin embargo Ortega conjuga obra y vida, sin entrar en detalles y sin contradecir a los más quisquillosos biógrafos, para enfocarse en la significación de esa vida y esa obra para las literaturas hispanoamericanas. Rubén Darío se inventa a sí mismo, empezando por el nombre. No tiene predecesores inmediatos “y en lugar de inventarse una genealogía se inventó un porvenir. Tenía para ello todo a su favor. El pasado no le era una obligación, y como sujeto moderno se haría a sí mismo a la medida del deseo, que se le había aparecido, muy temprano, como el signo de su identidad y su destino”(34). De esta forma el Modernismo abrió las puertas de la modernidad literaria en América Latina, hizo posible desear contra las limitaciones de la realidad y soñar contra la dura estrechez del medio. “Allí se despliega la subjetividad donde el deseo habla a través de los objetos emblemáticos, reafirmando el poder de una lectura interior capaz de reecribir el mundo como palabra habitada. En esta poesía el aura del sueño se opone a las luces de la razón, y su irradiar gratuito y lujoso son un conocimiento sin nostalgias, una genealogía que actualiza el pasado como memoria concurrente. De ese modo, esta poesía, y este movimiento modernista, no son un mero escapismo o una simple fuga de lo real, sino una opción cultural que sumando los pasados construye su palabra propia, en un español universal y desde una América mundial”(43).

Quizás lo más importante de las muchas ideas seductoras de Julio Ortega en este libro, es interpretar la obra de Darío como un diálogo, una conversación aguda e inteligente con los eventos más importantes de su tiempo, de su pasado y su porvenir. El poema se convierte en un espacio dialógico, una apertura hacia la comunicación, hacia la modernidad democrática. La poética de Darío inventa a un lector y lo sitúa en el centro de su credo poético, lo considera, lo toma en cuenta, lo escucha, lo necesita. Como Antonio Machado “el mayor interlocutor de Darío” (51), Rubén establece en el texto una vía de comunicación, abre las potencialidades para que sus lectores nos asomemos a su visión, a su obra. “Rubén Darío proyectaba su biografía como una biolectura: se imaginaba leído y en esa mirada levantaba la escena de su voz inconclusiva, el campo de su trabajo simbólico de apropiaciones, y el ámbito de legado creativo, el más innovador” (60).

De los numerosos libros que se ha escrito sobre Darío -y los he leído casi todos- este es el mejor. No solamente es un libro inteligente, incisivo, perspicaz, sino también seductor, claro, transparente en sus intenciones, perfecto en su estructuración. Toma la biografía, asimila la obra, e intenta entender ambas en lo que tienen de profundo y de ejemplar. No se demora en las minucias ni de una ni de otra, más bien las entiende como parte de la grandeza, y llega así a conclusiones limpias y poderosas: “La verdadera vida de Rubén Darío se puede reconstruir al final, no de la biografía que sobrellevó, sino de la mirada que se abre entre la suya y la del lector”(125). En ese diálogo que alienta la esencia de su poética radica su modernidad y su grandeza. Lo que otros han entendido por pose (Rodó, Molloy) no era sino atención, silencio expectante, respeto interlocutor, diálogo creativo. Julio Ortega lo ha sabido explicar claramente, y su Darío es digno homenaje y muestra de que cien años más tarde la obra de Rubén sigue propiciando diálogo feraz y productivo, clave de la posmodernidad hispanoamericana.

Finalmente quiero comentar la biografía novelada de Darío que Ian Gibson publicó en el 2002 bajo el título. Yo, Rubén Darío. Memorias póstumas de un Rey de la Poesía, bajo el sello de Aguilar en España. Gibson sigue bastante fielmente la Autobiografía de Darío y no inventa muchos episodios. Su tratamiento de Darío es positivo y sincero, lo retrata con sus debilidades y sus virtudes, brindándonos una representación atractiva y carismática de Darío. En tanto que “memorias póstumas”, este libro se sitúa en la tradición literaria de Machado de Assis y sus Memorias postumas de Bras Cubas, jugando brillantemente con la acción narrativa y el tiempo cronológico del relato. Nótese como empieza la narración. “Yo me morí en la ciudad nicaragüense de León a las diez y dieciocho minutos de la noche del 6 de febrero de 1916, a consecuencia de una cirrosis atrófica del hígado”(9). Como en el clásico brasileño, el tiempo del relato se sitúa después de la muerte física del personaje, proporcionándole de esta forma al narrador intradiegético una perspectiva panorámica, omnisciente, de alguien que después de su muerte puede analizar y sopesar los detalles de su vida. Esta perspectiva es privilegiada, ya que le permite al autor presentar las acciones y las opiniones como si emanaran directamente del sujeto, le brinda a la narración una apariencia de sinceridad, de objetividad, que en realidad no tiene, que nunca podría tener. Sin embargo, el hallazgo narrativo de Machado de Assis vuelve a funcionar con genialidad, y Gibson, hábil narrador como lo ha demostrado ya en sus libros anteriores, lo maneja con precisión, midiendo bien las opiniones de Darío y conformándose a un parámetro aceptado por los admiradores de Darío. Es decir, Gibson se ha cuidado de no caer en indiscreciones que puedan ser cuestionables o controvertidas. Al mismo tiempo esta perspectiva puede ser problemática, ya que las opiniones emanadas de un sujeto sobre sus propias condiciones e ideas, tienden a ser interpretadas como expresiones del ego que a veces no pasan de meros espejismos.

En mi opinión la obra de Gibson es fascinante y de muy buena factura. La facilidad con que se lee la novela, sus intrigas y su trama interesantísimas, espero que contribuyan a la buena aceptación del público, que por este medio llegarán a conocer la obra de Darío y es posible que se animen a leer algunas de sus páginas. La obra de Darío, que por su estética ha quedado bastante olvidada, continúa ganando relevancia en nuestra posmodernidad, como voy a discutir a continuación. Obras narrativas como ésta de Gibson, o la esperada y siempre frustrada película sobre su vida, contribuyen a diseminar información sobre la vida de Darío y su obra, sobre la importancia que tuvo en su tiempo, y la que sigue teniendo en el nuestro. No voy a mencionar aquí los numerosos libros donde Dario aparece como personaje, bien sea personaje histórico, de ficción o ficcionalizado. La lista es demasiado larga y se sale del enfoque de esta introducción. El interés por la obra y la significación de la obra de Darío es creciente, y eso se ve en diferentes tipos de textos. A los libros que he comentado anádase el nuevo volumen de Carmen Ruiz Barrionuevo, Rubén Darío, publicado en Madrid, por la Editorial Síntesis en el 2002. Aunque no añade nada sustancial a la crítica dariana, es un recorrido muy ordenado y concienzudo por la obra y vida del autor, dirigido a un público general, sin mayor aparato teórico o crítico.

Algunos de los mejores artículos de los últimos tiempos se los debemos a Sylvia Molloy, quien ha regresado varias veces a la obra de Darío en busca de respuestas a problemas que hoy en día preocupan a los críticos literarios. “Ser y decir en Darío: el poema liminar de Cantos de vida y esperanza“, vio la luz en la revista Texto crítico en 1988, en un número dedicado al Modernismo y a Darío. En él Molloy hace un análisis brillante del poema liminar de Cantos de vida y esperanza a la luz del artículo de José Enrique Rodó, analizando detenidamente los juegos temporales que Darío utiliza en el poema: “Yo soy aquel que ayer no más decía”, y afirmando: “El poema entero es una práctica gozosa del carácter expansivo e incorporativo que tienen, centradas en el yo que es una de sus muchas formas posibles, vida y literatura, mundo interior y mundo exterior, protagonista y escenario”(41). Los dos escritores más importantes del Modernismo, el poeta y el ensayista, dialogan libro a libro, ensayo a ensayo, en un diálogo solapado y fecundo, que no sólo marca la literatura hispanoamericana, sino también el desarrollo de la obra de cada uno de los autores. El poema liminar es como un negativo, dice Molloy, que revela las cosas que “Rodó no encontró” en Prosas profanas. Este poema es un autorretrato que se vacía porque el yo se disemina en sus marcas textuales: precisamente, para poder seguir siendo en el poema”(42).

La revaloración del Modernismo y su función dentro de la formación de la identidad latinoamericana ha tomado caminos muy productivos en los últimos años. La función de Darío en la producción de una de las metáforas más ricas y productivas del latinoamericanismo hoy día, se la debemos a Carlos Jáureguii, quien en su artículo “Calibán, ícono del 98. A propósito de un artículo de Darío” atribuye a Darío la primera mención significativa de la metáfora de Calibán para significar el poder voraz de los Estados Unidos. Se trata del artículo “El triunfo de Calibán” publicado en 1898, y la mención que hace Darío de Calibán, en el artículo sobre Poe, escrito en 1894 e incluido en Los raros. Como bien señala Jáuregui, Rodó, a pesar de haber leído el artículo de Darío “El triunfo de Calibán”, optó por no mencionarlo en su Ariel, utilizando en cambio como fuente a Ernest Renan y su Caliban. Sucesivas reelaboraciones de este concepto insisten en escamotearle a Darío el haber introducido la metáfora en el discurso latinoamericano del fin de siglo. El artículo de Jáuregui sin embargo le hace justicia a Darío. Iris M. Zavala en otro libro sumamente influyente titulado El rapto de América y el síntoma de la modernidad, desarrolla este asunto en forma magistral. Basándose en Freud y en Lacan, particularmente en la función del lenguaje como creador de las cosas y del mundo, Zavala equipara la colonización de América con un proceso de alienación. El mito griego del rapto de Europa le sirve como proto-narración para recrear el rapto de América, la crisis del 98 y la emergencia de Calibán. El espacio que Zavala privilegia para esta interrogación son dos poemas de Darío: “A Colón” y “Los cisnes” y dos prosas, “El triunfo de Calibán”, antes mencionado, y ¿Por qué?, un texto de 1892. El rapto de América es la invasión de América Latina por los yanquis, “los búfalos con dientes de plata”, “los calibanes saturados de whisky”. En estos textos maestros del primer modernismo Zavala ve la ruptura esencial de la modernidad, el ‘síntoma’ en términos lacanianos. “Los modernistas sienten que la vida, comenzando por la cohesión de la intersubjetividad creada por el lenguaje común del castellano está mortificada por otra ley simbólica y otra palabra: el inglés”(150). La crisis del 98, la guerra entre España y los Estados Unidos, la emergencia del fetichismo del consumo en una sociedad capitalista, industrializada, son todos elementos que Darío sabe percibir y traducir en textos ejemplares, maestros, que como dice Zavala, se sostiene no solo ante el tiempo sino ante el comentario crítico, textos que se enriquecen (151), donde lo moderno se construye como una escisión (154). El rapto de América es un libro de honda complejidad crítica. El capítulo 5 desarrolla el problema de la América raptada, representada por Darío como una india histérica en el famoso poema “A Colón”. Zavala utiliza la definición de Lacan de histeria para estudiar esta representación de Darío, prestando especial atención a la función del lenguaje en esa alteración del orden que introduce la colonización de América por parte de los españoles y la invasión norteamericana de finales del diecinueve. “La metonimia dariana nos hace vislumbrar una rebelión histérica que solicita un nuevo Amo, si entendemos la metonimia desde la vertiente lacaniana de “deseo”; es decir, con la falta de ser (164). Y más adelanta aclara, “‘América’ -esta india hoy histérica- es metonimia de patria descolonizada, de nación poscolonial y nacionalidad. El poema debe leerse como alegoría de la nación poscolonial; Darío es aquí un guerrillero del lenguaje, y desarrolla un discurso común intersubjetivo de libertad para representar los elementos esenciales de la nación”(172). Todo el libro de Iris M. Zavala, pero en particular los dos capitulos pertinentes a Darío, demuestra cómo se construye la identidad mediante rizomas y proliferaciones de significación, concluyendo que “el supra-poeta que enarbola la bandera de la Raza y aspira a construir una supra (Latino) América, escribe sus ensoñaciones sobre ese gran cuerpo destrozado de la “india histérica”(180). Zavala demuestra la importancia de la función del lenguaje en la creación del mundo y de las cosas, y el papel que juega en ese proceso un poeta de la estatura de Darío

Un campo que ha resultado ser muy productivo en los estudios darianos es el de los estudios culturales, los estudios de género y sexualidad. En los últimos años han surgido estudios muy importantes sobre Darío y el Modernismo, que se informan en las teorías más recientes de los estudios culturales, los estudios de género y la sexualidad. El trabajo de Gwen Kirkpatrick, The Disonant Legacy of Modernism, aunque se concentra en las otras de Lugones y Herrera y Reissing, provee una serie de interesantes ideas sobre la significación de Darío y Modernismo y sus implicaciones para la historiografía literaria de América Latina. Carlos Midence en su breve libro Rubén Darío y las nuevas teorías, publicado por CIRA en el 2002, señala una serie de avenidas de promisorios resultados. La relación de Darío con la cultura popular de su época es un fenómeno interesante, ya que se encuentra en los albores de la comercialización de los objetos de arte, la producción masiva y la importación de objetos decorativos. Las masificación de lo medios de comunicación, incipiente y limitada en ese entonces, empieza a mostrar las características modernas de los grandes medios actuales, definiendo la posición del autor frente a la distribución de mensajes periodísticos y estéticos. Midence estudia el cruce de estos fenómenos intuyendo acertadamente la condición liminar de Darío en este campo, sus intuiciones de la posmodernidad, su tratamiento del periodismo, y una definición avant la lettre de la subalternidad. Aunque este es un texto que necesita más desarrollo y madurez, Carlos Midence es un crítico talentoso que señala en este libro vetas riquísimas en la investigación dariana.

El artículo de Oscar Montero, “Modernism and Homophobia. Darío and Rodó”, publicado en el volumen Sex and Sexuality in Latin America, editado por Daniel Balderston and Donna J. Guy, provee un análisis muy bien documentado de la homofobia que dominaba la vida y la sociedad finisecular, donde se gesta el modernismo. Montero analiza el replanteamiento que hace Rodó del mito de Hilas, enfatizando la forma en Rodó silencia el aspecto homosexual del mito, el amor de Heracles por Hilas, y las implicaciones que ese mito tiene para la concepción helénica de la sociedad latinoamericana de fin-de-siècle. En cuanto a Darío, Montero analiza la forma en la homosexualidad de Verlaine se ve tamizada en el ensayo que Darío incluyó en Los raros. ¿Cómo hablar de Verlaine, con toda la admiración que Darío sentía por él, sin representar su sexualidad en forma clara y directa? Darío usa una serie de estrategias que Montero analiza brillantemente en su ensayo, para presentar al poeta de los Poèmes saturniens, sin avalar su homosexualidad. “No es impertinente considerar”, -nos dice Montero- “las implicaciones de pánico homosexual en la construcción de Darío de su persona poética, y en sus intentos exitosos de crear una sublimación erótica en el contexto del Modernismo, distanciándose de las implicaciones de desviación sexual presentadas por Nordau y otros ataques contemporáneos contra la modernidad literaria”(113, traducción mía).

El interés por los estudios urbanos dentro del contexto de los estudios culturales ha empezado a dar frutos entre los estudiosos de la obra de Darío. Por su posición periodística Darío se vio obligado a observar y narrar el proceso de modernización que se estaba dando en el mundo a inicios del siglo XX. Sus descripciones de la Exposición Universal y de las ciudades por donde viajó en sus periplos europeos, han dejado un legado valiosísimo para estudiar el efecto y las repercusiones de ese proceso de modernización en los sujetos hispanoamericanos. La descripción de la ciudad, sus perspectivas y panoramas, sus monumentos, sus actividades y sus escenas, se han convertido en textos de reflexión y análisis que nos permiten entender de qué forma Darío y sus coetáneos interpretaban los fenómenos urbanísticos y culturales que se estaban dando en el mundo. El artículo de José Carlos Rovira es un ejemplo importante para este fenómeno crítico que se está desarrollando dentro del dariísmo. En “Espacio simbólicos y urbanos en Darío: desde ‘La sagrada selva’ a ‘La gran cosmópolis'”, Rovira estudia la tensión que se establece entre “la sagrada selva” como síntesis de la naturaleza simbólica, y la crónica de la ciudad con su óptica urbana. Mientras “la sagrada selva” es un refugio para la poesía y el arte, la ciudad es adversa y hostil, es un no refugio, aunque albergue también una belleza y un misterio que Darío descubre en sus crónicas. La tesis central de Rovira es que Darío “a través de la ciudad, iba a proponer una nueva plasmación de la modernidad, la modernidad de la vanguardia, de la que Darío iba a ser uno de los primeros receptores, al tiempo que uno de los más distantes”(79). Los estudios urbanos y los estudios culturales prometen ser una veta riquísima para el desarrollo del pensamiento crítico a partir de la obra de Darío. Ejemplo claro de esto es el artículo de Gabriela Chavarría incluido en este volumen, donde estudia las representaciones de la ciudad en la crónica modernista,

En el siglo XXI los estudios darianos continúan con gran ímpetu y vitalidad. Los estudiosos nicaragüenses recientemente realizaron un simposio en León titulado “Rubén Darío y su vigencia en el siglo XXI” entre el 18 y el 20 de enero del 2003 en la ciudad de León. Se puede leer una selección de la charlas en la edición preparada por Jorge Eduardo Arellano bajo el mismo título. La calidad de muchas de las ponencias y la visión de conjunto demuestra que tanto dentro como fuera de Nicaragua la obra de Darío se sigue leyendo y estudiando, que sus logros, alcances y significación continúa generando debate, ideas, revaloraciones. Eso me parece es la prueba definitiva como dice Noel Rivas Bravo, de un clásico. Los dos pensadores más profundos de Nicaragua, Carlos Tünnermann Bernheim y Alejandro Serrano Caldera, coinciden en afirmar que la contribución más importante de Darío, aparte de su renovación en la poética, fue su modelo de humanismo, su integración de la cultura universal para crear una especificidad hispanoamericana, su conducta humanista. Los ensayos contenidos en este volumen demuestran, por diferentes caminos, las profundas repercusiones de ese modelo.