La ciudad literaria de Julio Ortega

La novela inédita de Donoso

Posted by jortega@brown.edu on February 20, 2007

CLARIN, 2 enero de 2007
EL CRITICO JULIO ORTEGA ESTA EDITANDO UNA OBRA INEDITA DEL DESTACADO CHILENO MUERTO EN 1996
“Donoso hizo la primera alegoría de la venta de España al turismo”
La novela “La cola de la lagartija”, escrita en 1973, fue encontrada hace pocos meses. Según su actual editor, es una de las más libres novelas breves del escritor.
Alejandra Varela
En una cena de escritores en Nueva York, Susan Sontag descubre que le ha tocado compartir la mesa con un autor latinoamericano, ajeno, como pocos, a los brillos y el glamour. La ensayista, para romper el hielo, lanza casi como una condena: “Pepe, desde El obsceno pájaro de la noche no has escrito nada semejante”. José Donoso pasa de la turbación y el abatimiento, al rescate del sutil elogio que Sontag hacía de su principal novela.
Lo que desconocía Susan Sontag era que entre los papeles y apuntes de Donoso se encontraba una novela inédita llamada La Cola de la lagartija, un texto abandonado que su amigo, el crítico peruano Julio Ortega, se propuso recuperar para su publicación a mediados del 2007.
“De un poeta esperamos que esté rodeado de inéditos. No de un novelista, que vive en la inminencia perpetua de ser premiado. De modo que recorrí el texto preguntándome por su abandono y, así, por el autor”, explica Ortega desde la Universidad de Brown, en los Estados Unidos.
Publicar el material inédito de un autor muerto siempre presenta dilemas y despierta debates. Donoso escribe esta novela en 1973, un año sangriento para la historia chilena. Pasaron veintitrés años hasta su muerte, ocurrida en 1996, y él no manifestó intenciones de publicar el texto, que se encuentra casi terminado.
–¿Donoso le habló en algún momento de esta novela? ¿Por qué cree que la abandonó?
–A Pepe le gustaba mucho hablar de sus libros y tenía un candor insólito para declarar necesidad de reconocimiento. Pero nunca mencionó esta novela. Yo llegué a sospechar que era una novela en clave, que no pudo seguir sin sacrificar una amistad. Pero la tesis de Pilar, su hija, me parece mejor: el golpe de Estado contra Allende se interpuso y otro proyecto narrativo, de mayor aliento, lo absorbió.
Sorprende la anécdota elegida para el texto, que se enlaza con la experiencia catalana de José Donoso y su mujer: “Habían comprado por setecientos dólares una casa arruinada (‘un castillo’, decían ellos) en un poblachón desangelado. La novela cuenta eso: un artista retirado prefiere una casa antigua a la majestuosa que los pueblerinos quieren hacerle comprar. Pero llega un italiano que compra la mansión para abrir una discoteca, con beneplácito del pueblo: es la primera alegoría sobre la venta de España al turismo”.
Julio Ortega, por estos días, se encuentra sumergido en los manuscritos de Donoso, textos que muestran la trama más íntima de su escritura: tachaduras, anotaciones, correcciones. Implica un trabajo casi arqueológico y un proceso de decodificación de su estilo.
“La emoción de reestablecer un texto rescatado es universal y, con rara suerte, puede tocarle a un crítico. ¿Qué es la literatura sino la genealogía de una conversación? De modo que retomando la charla con Pepe Donoso he recuperado esos días de entusiasmo por el diálogo en la Barcelona del Boom”.
–Donoso reflexionaba en sus diarios sobre su proceso de escritura ¿Esto puede ser aprovechado por usted al momento de editar la novela?
–En realidad, no haré una edición crítica, anotada, como hice con el manuscrito de Rayuela sino una operación de rescate, descifrando correcciones a mano, señalando pausas de ritmo y gramaticales. No pretendo reemplazar al autor sino ayudar al lector, digamos, ofreciéndole un texto sin tropiezos.
En un encuentro reciente, Julio Ortega se cruzó en la Feria del Libro de Guadalajara con Gabriel García Márquez, le contó de su trabajo como editor de La Cola de la Lagartija y destacó que en esta novela inédita de Donoso se observa “la levedad de la prosa de Pepe”. “Esa es la prosa más difícil”, aprobó García Márquez. En efecto, esa prosa liviana es sensible y flexible y reverbera en su sencillez. “Es la única novela inédita suya y, aunque no es la mejor, sí es una de sus más libres novelas breves”, comenta Ortega.
La hija que revisó los papeles de su padre y confió a un amigo la novela que había dejado en suspenso permitió, en ese amigo, el recuerdo. Ortega funde la historia que lee con la vida que conoce de Donoso y, en esa articulación, acerca al lector un relato anticipado sobre su realidad más evidente. “La novela podría definirse como una hipótesis sobre la ausencia del lugar de la subjetividad. Ese pintor que se retira, renuncia al arte del mercado. Elige un pueblo olvidado pero descubre que es tarde para darle lugar a su renuncia: el lugar ha sido tomado, también, por el mercado, en este caso, el turismo. ¿Dónde vivir, qué casa construir, cuál lugar nombrar como propio? Donoso es ejemplo de esta desubicación. Intentó vivir en varias ciudades como si viviera en Santiago pero siempre fue un extranjero. Por eso fue feliz en su regreso a Chile”.