La ciudad literaria de Julio Ortega

Milenio: obras de Carlos Fuentes

Posted by jortega@brown.edu on February 20, 2007

9-Enero-07
Milenio. Monterrey, Mexico.
Julio Ortega
Vigencia de la narrativa de Carlos Fuentes
Gabriel Contreras
Una nueva lectura de la obra de Carlos Fuentes, eso es lo que se busca lograr a través de la edición de 13 tomos de “obras reunidas” del autor de Las buenas conciencias y La muerte de Artemio Cruz. El Fondo de Cultura Económica se hará cargo de este nuevo lanzamiento y, para garantizar el cuidado y la calidad de estas ediciones, ha nombrado al crítico peruano Julio Ortega como responsable de la colección. A diferencia de las ediciones realizadas por la editorial Alfaguara, las del Fondo de Cultura Económica responderán al contexto crítico en el que aparecen y, además, ofrecerán no sólo material narrativo, sino también textos de carácter ensayístico. Desde Nueva York, Julio Ortega, responsable de la edición de las obras de Fuentes, responde a las preguntas de Milenio.
¿Qué papel juega la obra narrativa de Carlos Fuentes si se le piensa en los nuevos marcos de la literatura mexicana?
Lo extraordinario de la obra, pero también de la figura literaria de Carlos Fuentes, es su capacidad de invención. No hay dos libros suyos iguales, y se puede decir que no se ha beneficiado de sus éxitos y nunca se imitó a sí mismo. Su obra forma un sistema (o polisistema) en desplazamiento, una suerte de galaxia literaria, que se despliega en el universo de la lectura, renovándola. Por eso, buena parte de lo actual y más nuevo dialoga con esa obra, no para imitarla o refutarla, sino para asumir su creatividad y proseguir la ruta de sus espacios liberados.
¿Cuáles son sus principales facetas como narrador y cómo se visualizan éstas ahora que está usted al frente de la edición de las obras de Carlos Fuentes en el Fondo de Cultura Económica?
En la galaxia Fuentes ocurre un fenomeno literario peculiar: todo acontece en el presente de la lectura. Esta es una obra que carece de pasado. Sus libros más innovadores los ha escrito en la madurez, y los más clásicos en la juventud. De modo que, cuando leemos una página suya, estamos en un presente ampliado, en la orilla de un idioma literario que viene de lejos y prosigue con brío. Mi propuesta de ordenar su obra parte de esta intuición: más alla de la cronología de publicaciones hay otro orden, el de la actualidad de su lectura. Propongo que este reordenamiento de sus libros hace que coincidan, todos ellos, en el tiempo del lector, en ese espacio de la lectura que Fuentes ha abierto y no cesa de ampliar . No es casual que Aura y La muerte de Artemio Cruz sean del mismo año, 1962, pero sean, sobre todo, de hoy mismo, porque siguen ocupando el presente (el acontecer y el leer), tanto como Todas las familias felices, que es de 2006, y convoca a las dos familias de esas dos obras maestras tempranas.
¿Es Fuentes un autor que acostumbre revisar o corregir su trabajo narrativo tiempo después de su edición?
Los manuscritos que he visto presentan pocas correcciones. Seguramente porque la novela se va organizando más que sobre un esquema definido, sobre un sistema de composición ritmica, que opera por pasajes, personajes, situaciones que despliegan un proceso de contrapuntos y variaciones. Lo peculiar de su escritura es su energia, ese trazo intenso y nervioso, que espejea en su fraseo nítido. Siempre me ha parecido que cualquier frase de Fuentes es reconocible como suya: está animada por una nitidez ardorosa, por un ritmo reverberante. Lleva, creo yo, la fuerza de lo temporal, y discurre, por eso, como la fluidez de lo vivo.
¿Cuál es su visión acerca del trabajo narrativo actual de Carlos Fuentes, cuál es su estado de salud narrativo?
La creatividad de Fuentes es ejemplar. Si hoy entendemos lo creativo como la capacidad de abrir espacios, de ampliar con la imaginación las representaciones dadas, y de forjar nuevos caminos a la lectura, sin duda su obra es de las más dotadas por ese entusiasmo y libertad. De alli el impacto íntimo de su trabajo en la actualidad de nuestra narrativa. Aun sin saberlo, los narradores de esta lengua están contaminados del entusiasmo de Fuentes por las posibilidades de la acción narrativa. Su obra desata códigos, rompe convenciones y renueva formas y modos de narrar. Es una obra que espera lo mejor de nosotros porque se debe enteramente a nuestra fe en la lectura, en esa plenitud proteica del lenguaje que nos hace y rehace.