La ciudad literaria de Julio Ortega

Chile 2007

Posted by jortega@brown.edu on January 10, 2008

La lectura en Chile, altos de 2007

Este año ha sido excepcional para la literatura chilena. La perturbadora novela abandonada de José Donoso, Lagartija sin cola (Alfaguara), nos recuerda la altura de su demanda. En lugar de trabajar en la pobre luz mediática, donde la mayoría disputa turno, Donoso lo hizo en la tenebrosa luz melancólica de quien, como los clásicos, se debe a su trámite interno, tan agónico como irónico. Ese narrar sin retorno de Donoso es una lección intacta.

Jamás el fuego nunca (Seix Barral), de Diamela Eltit, está escrito en ese espacio liminar. La vida y la muerte se ceden en esta novela la palabra. El cuerpo es el lugar despojado de justificaciones al final de una época en que las ideas, aquellas que costaban la vida, terminan como si terminara el mundo. Eltit ha escrito un verdadero Pedro Páramo chileno, la que sin duda es su obra maestra (quijotesca y becketiana) sobre la vida, pasión y muerte de la idea misma de lo que conocíamos como “América Latina.”

Este es el año también en que Alberto Fuguet reapropia como suele hacerlo, con brío, otro lenguaje narrativo; en este caso la banda diseñada (Road Story, con G. Martinez, Alfaguara), desde la frescura irreverente con que su goce creativo no cesa de explorar formas de comunicación fluida.

Me importa, y mucho, Fruta podrida (Fondo de Cultura Económica), de Lina Meruane, cuya prosa material y lúcida discurre como una saga urbana del horror deshumanizado por la compraventa en que vivimos. Ella es de los que ensayan la dimensión documental que atribuímos a la ficción; esto es, indaga por la verdad que sólo adquiere forma en el relato.

Geografia de la lengua, de Andrea Jeftanovic (Uqbar), tiene el 11 de setiembre como eje de sus viajes y encuentros, y es un mapa episódico, vivaz y emotivo del desvivir actual, una agenda novelada como aventura, fruición y extravío. Su diversificación de la estrategia formal confirma, además, su talento para hacer de la novela un mapa de la subjetividad actual.

Carmen Berenguer y Malú Urriola publicaron este año lo que cuento entre sus mejores poemarios. Berenguer en Mama Marx (LOM), reescribe a Neruda con íntimo desenfado. Urriola en Bracea (LOM), diseña voces como emblemas elocuentes y poderosos de la sensibilidad más alerta, aquella que no guarda silencio.

No olvido la prosa tersa, de aliento analítico y fluidez proustiana, de Sergio Missana en El día de los muertos (Fondo de Cultura Económica), que revisita la tragedia chilena del 73 desde los ojos de hoy. Tampoco, el saludable descreimiento en la novela con que un joven poeta,Alejandro Zambra, ejerce venganza jocosa. Como César Aira, corre el riesgo de ser premiado y consumar, así, su burla sutil del sistema.

Y sé bien que hay varios otros libros de calidad, cuya lectura me tengo prometida. Este 2008 la Feria del Libro de Lima estará dedicada a Chile. Celebraremos allí, juntos, para que las Ferias tengan salida al mar, nuestro reencuentro con Bolivia.

Concluyo reiterando que la literatura chilena será todavía mejor cuando tenga mejores lectores. Lectores, quiero decir, capaces de entusiasmarse sin dar excusas.