La ciudad literaria de Julio Ortega

Usted está aquí

Posted by jortega@brown.edu on January 10, 2008

Usted está aquí: Noticia

La serie de foros dedicados a nueva narrativa latinoamericana y española que he venido proponiendo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara llega éste año a su quinta edición, y ésta vez cuenta con un grupo excepcional de narradoras, cuyo talento, agudeza y vivacidad hacen de su lectura una complicidad conjurada. Cada uno de los previos foros ha sido una cala en la actualidad más viva de nuestra literatura, aquella que se hace ante nuestros ojos, en cuyas voces respira el futuro, y por cuyas obras uno es capaz de la más gratuita de las apuestas, a favor de la lectura. El primer Foro de Novísimos Narradores (2003) incluyó a tres mexicanos, Jorge Volpi, Ignacio Padilla y Cristina Rivera Garza, y un argentino, Rodrigo Fresán. El impacto de su humor y celebración literaria fue tal que alcanzó a la Universidad de Salamanca, donde la tesis de Padilla, dedicada al Quijote fue sometida a un tribunal de reevaluación al haber sido declarada en el Foro como prueba de la capacidad fabuladora del autor. El tribunal sentenció que la tesis era real, con lo cual el Quijote ganó otra batalla para no volver a La Mancha. No sin coraje, la directora de la Feria, Nubia Macías, apostó por convertir el Foro de Novísimos en un espacio adelantado del siglo XXI, y la segunda edición (2004) duplicó sus invitados; ellos fueron Guadalupe Nettel, Antonio Ortuño y Adrián Curiel Rivera, de México; Edmundo Paz Soldán, de Bolivia; Yván Thays, de Perú; Andrea Jeftanovic, de Chile; Florencia Abbate, de Argentina; Mayra Santos Febres, de Puerto Rico; y Jorge Carrión, de España. Varios de ellos publicaron sus libros de mayor relevancia luego. La tercera edición (2005) consistió de otra constelación de promesas y revelaciones: Armando Luigi, venezolano radicado en Barcelona; Margarita Posada, colombiana; Luis Hernán Castañeda, peruano instalado en Estados Unidos; Fernando de León, mexicano; y Yana Haddaty Mora, ecuatoriana y residente mexicana. En 2006, la FIL estuvo dedicada a Andalucía y el Foro propició un diálogo de narradores andaluces y mexicanos: Juan Francisco Ferré, Isaac Rosa, Alfredo Taján, Javier Fernández, Carmen Velasco y Vicente Luis Mora, por los primeros; y por los segundos, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou y Mónica Lavín. La narrativa de invención fue el tema, la hora del relevo parte del proyecto, y la búsqueda de lo nuevo el horizonte.
De modo que el turno es ahora de éstas ocho Novísimas Narradoras que asumen, no sin buen ánimo y fresco aliento, la coincidencia de estar aquí como la paradoja de la inclusión. Como esos mapas a la entrada del Metro o a la salida de la Estación, que dictan sus coordenadas a partir de una estrella o una flecha que reza: YOU ARE HERE, estas escritoras se ubican en ésta mesa y en ésta Feria, con sus libros en las manos, para dialogar entre ellas y con el público, como quien considera su relato en el nuevo territorio de su paso, ruta y trayecto. En primer término, porque salvo dos de ellas, no se conocían hasta su coincidencia en este foro, que es una mesa fugaz en el mapa de las ferias de este mundo. Gracias a mis amigos Lupe Ortiz Elguea y Jorge Cleto, de la Editorial Jorale, ésta compilación documenta ese encuentro, y lo demora con gusto en la lectura. Por eso, en segundo término, éste libro nos dice que ellas están aquí, transitivas, pero también que el lector está con nosotros, traseúnte retenido en el ágape de la conversación. “Usted está aquí,” lees, y el libro parece escrito para tí.
Si alguien me preguntara cómo seleccioné a éstas escritoras, podría ensayar varias respuestas. Lo más obvio es que una serie de mensajes de consulta coincidieron en varios de éstos nombres. Leí también las entrevistas y reseñas que ha hecho Elena Méndez en revistas electrónicas, todas útiles. Y pude encontrarlas en Internet, leer sus bitácoras, conseguir sus libros, y asumir la apelación de sus trabajos como lector, pero tambien como crítico que cree en operaciones de “intervención” en el paisaje cultural. Conocía y había leído personalmente a tres de ellas, de cuyo trabajo soy devoto. Lo menos obvio es la demanda de lectura que retiene al lector en estas páginas, cifradas como enigmas del camino (varios de estos textos documentan la imaginación del viaje, del hábitat que hace pausa en la trashumancia); propuestas como el revelado en la cámara oscura, allí donde nace una fotografía no prevista, sin referencia ni copia (algunos de estos cuentos son miradas encendidas por la oscuridad); y, en fin, resueltas en torno al cuerpo y su vulnerabilidad, a su materia temporal y preciosa (otros cuentos recuentan con lucidez la pérdida del cuerpo y, con gracia, su sobrepresencia mundana).
Pero la pregunta más difícil es ¿por qué escritoras? Hemos ya trascendido el feminismo clásico, revindicacionista, cuya retórica igualitaria se volvió impositiva, y al final, subsidiaria del sistema que buscaba contestar. Es cierto que hoy prevalecen, en cambio, los centros de estudios de género, que suelen ser prácticas sociales sobre derechos cada vez más violados. Y ello no es privativo de las sociedades pobres, como sabemos bien, sino escándalo de las sociedades afluentes. Casi no se puede empezar a hablar públicamente sin repudiar la violencia contra la mujer. Más aún cuando el lenguaje de la protesta está lleno de trampas. Y más todavía cuando en algunas sociedades nuestras, incluso las más modernas, la intensidad del neoliberalismo y la conversión del espacio social en mercado han propiciado la vuelta de las pestes ideológicas endémicas de nuestra cultura, el machismo y el racismo. Pero en la textura más compleja del lenguaje que nos toca, también es cierto que la epistemología de género, propiciada por la filosofía antisistemática, postula lo femenino como lo menos socializado, y su indeterminación como la subjetividad más asaltada. Por eso es que mucha literatura femenina, con las mejores intenciones, confirma su serialización por el mercado. Reunir escritoras, por lo tanto, es toda una declaración, pero más que de principios se trata de la práctica de concurrencia que, en general, se asigna a la cultura y que, en particular, hay que decirlo, casi siempre en razón contraria a las evidencias. Esto es, cada vez hay más congresos, festivales literarios, premios y concursos, pero no siendo la nuestra una cultura del relevo, la concurrencia ratifica la exclusión, la postergación, el olvido. En resumen, el predominio del mercado no ha propiciado las formas democráticas. No es la primera vez que el avance de lo moderno, entre nosotros, confirma el poder tradicional.
Por eso, les escribí en mi primer mensaje a estas ocho narradoras:

Bienvenidas al foro de nuevos narradores que organizo anualmente en la Feria del Libro de Guadalajara. Esta vez decidi dedicarlo a escritoras no por una opción clásica de géneros sino por una, evidente, de concurrencia: la última narrativa está hecha por tantas escritoras que no hay modo de leerlas sin darles más espacio. Después de un período en que dedicamos una suerte de atención reinvidicativa a las escritoras, llegamos a la conclusión académica de que era menos sentimental la indistinción del género y más objetiva la inclusión de unos y otras en nuestros cursos, coloquios y crítica. Sin embargo, últimamente me temo que la atención se ha relajado y la paridad perdido. Peor aún, en algunos países nuestros han reaparecido formas no menos perversas de machismo, y una es la resistencia, a veces naturalizada, a los proyectos culturales fuera de los espacios del mercado. De cualquier modo, pienso que nuestro foro no tiene que dar explicaciones ya que confirma, por si mismo, las evidencias. La hipótesis que plantearé, en efecto, es que hoy la mejor narrativa en nuestra lengua la están haciendo ustedes. De modo que no necesitaremos hablar de editoriales, agentes, premios ni mercados. Podremos hablar de literatura, exploraciones, gustos y proyectos.

Mi conclusión, autoirónica, es que este foro no excluye a ningún escritor, aunque inevitablemente deja de lado a varias escritoras de primerísima calidad, a las que habrá que dar ruta en el mapa para que estemos allí.
Creo en lo que leo, y leo en estas narradoras, con todas sus diferencias, la fuerza de una frase que despliega su intimidad, respirando en el idioma con brío y facilidad. Son sí, las que hacen la mejor narrativa, entre ellas y ellos, más allá de su género, y a nombre de todos nosotros.
En cada una de estas ocho escritoras, en efecto, el cuento despliega la inteligencia de una seducción: suplantaciones, ironías, memorias, desapariciones, ceremonias, conversaciones, parábolas y visitaciones se suceden en escenarios de alta resolución, donde la calidad de lo visto y entrevisto se apodera de nuestra lectura. Esa nitidez no es una transparencia o una evidencia; el cuento descuenta su historia en la precisión de su diseño. Vemos el revés de la trama, allí donde el fuego del lenguaje gana una voz. El cuento sería el instante milagroso de esa reverberación.
Luego vino el proyecto de este breviario, y con él empezó anticipadamente el Foro. Buscando un título que cristalizara la rara coincidencia de estos nombres (una octava rima que pone puntos sobre las íes), les propuse un par de títulos y les pedí sugerencias. Lo que sigue es una suite dialógica, su amena promesa:

Liliana Blum:

Espero que todos estén bien. Yo soy pésima para los títulos, pero quizá con una lluvia de ideas podamos encontrar algo. Me tomé la libertad de pensar otras posibilidades, aunque no estoy casada con ninguna en particular. Más bien, tal vez puedan ser disparaderos para otras más. Algunos de mis titulos son sobre las líneas de la misoginia que yo encuentro en este medio literario. En cuanto a los títulos que propone Julio, me gusta más el de “Usted se encuentra aquí”. En fin, que los pongo a su consideración y espero que ustedes también manden otros. Un saludo desde el inundado Tampico, Liliana.
Cuentos de ocho latitudes.
Había una, dos, tres, ocho veces.
Ocho formas de cómo no escribir.
El club de la pequeña Lulú.

Magali Velasco:

Hola a todos!

Me sumo a la busqueda de nuestro titulo:

Me agrada el de “Cuentos de ocho latitudes”.
Y fusiono dos titulos propuestos por Julio: “De escritoras y otros cuerpos.”
Un abrazo para todas, para Julio, en espera de conocernos o de saludarnos de nuevo las
que ya tenemos el gusto.
Maga

Vivian Abenshushan:

¡Veo que todo mundo está en línea! ¡Cuánta sintonía! Agrego mis propuestas:
Me gustan especialmente:
*Cuentos de doble filo
*Cuentos de alta resolución (es bueno el juego de palabras que propone, la relación entre la técnica fotográfica y la resolución formal de un cuento)
Y el muy antisolemne:
*El club de la pequeña Lulú
Propongo:
Antibikini
La conspiración de Bikini
La conspiración de la pequeña Lulú
Biblioteca de bigotito (es broma)
Y para escapar a cualquier tentación de género:
¡Lléveselo porque se agota!
8 en 1
Cuentos de alto riesgo
Norte Sur Este Oeste
Alta frecuencia
Saludos a todas (y Julio)
V

Liliana Blum:

No voy mucho con la idea de light, sin calorías, etc. porque ya hay muchos misóginos por allí diciendo que lo que las mujeres escriben es literatura light. En otras palabras, los hombres escriben la verdadera literatura. Me gusta hasta ahora:
Usted se encuentra aquí
Cuentos de ocho latitudes
Susanita también baila tango
La conspiración de la pequeña Lulú
Este último me gusta en especial porque alude a una contraparte del club de Toby, que finalmente representa cómo en general, los hombres dominan el ámbito literario. Los factores son varios y todos discutibles, pero uno de los prejuicios es el atávico de mujer-que-sabe-latín. Si nosotros somos úteros con piernas ¿para qué andamos escribiendo, pensando? Por eso me gusta lo de la pequeña Lulú. Saludos a todas!

Mariana Enríquez:

Yo sobre todo quiero saludarlas a todas, porque soy pésima para titular. Eso sí, coincido con Liliana en dejar de lado las ideas bajas calorías porque estoy cansada del tema peso, y lo más triste es que ni siquiera –creo– estamos las mujeres en condiciones en “empoderar” el término.
En realidad, saludos y espero conocerlas pronto!

Vivian Abenshushan:

¡Así que ha empezado el Foro! Eso está muy bien, discutamos. Ya desde el principio le hablaba a Julio sobre mis reticencias a participar en foros de narradoras, pues hace tiempo que desconfío de las reivindicaciones de género en literatura, porque los excesos mercantilistas y pseudoacadémicos de “la literatura escrita por mujeres” están a la vista, porque la verdadera discusión se encuentra en otra parte: en la escritura misma. Sin embargo, el planteo de Julio me convenció por completo. Se alejaba del lugar común, proponía una discusión sobre narrativas, sobre el destino de la literatura, sobre sus posibles derivaciones, sobre lecturas. Eso me parece mejor, más fecundo. Creo que deberíamos evitar a toda costa el autosabotaje, es decir, el apartheid autopromovido, la segregación propiciada por las escritoras mismas al recluirnos en interminables batallas antimisóginas (es posible que la misoginia exista, pero las dificultades en literatura suelen ser un acicate creador, así que ¡no nos volvamos plañideras (que es el gesto pasivo de las víctimas)!) Escribamos, punto. La “conspiración de la pequeña Lulú” tendría que ser una conspiración contra la autocomplacencia… y lo políticamente correcto. Y la repetición. Y lo predecible. ¿O es acaso que las mujeres no podemos hablar de otras cosas? Me parece que hace tiempo que lo hacemos y que debemos pasar a otra cosa, por simple búsqueda de variedad… Patatí, patatá, la discusión es bizantina… Entonces: lo mejor sería no estigmatizarnos con el título del libro, para no prolongar la perorata lábil que sabemos de memoria, ni propiciar la tentación en el público asistente. Les diré una cosa: si algún periodista me hace la consabida y perezosa pregunta sobre la literatura femenina, me daré la vuelta y me iré. Ese asunto (esa convención), aprisiona y liquida la escritura. Y me tiene harta. La verdad son otras cosas las que me desvelan últimamente. Por ejemplo, la peligrosa domesticación de la literatura, su integración paulatina al status quo del entertainment. También: la destrucción del individuo causada por la sociedad hipercapitalista, esa forma en que los criterios del marketing se han convertido en los agentes reductores (unificadores) del planeta. ¿Y cómo se traduce eso en escritura? En mi caso, todo es incertidumbre. Vivo una tensión constante, entre la disonancia, la pólvora, el revolcón verbal (y si no, cómo romper con toda esa literatura domesticada y sin riesgo, toda esa literatura sexy-social-climbing fantastic), y una necesidad de asidero, una persistencia humanista que me impone a veces un estilo demasiado clásico (digamos, para acabar pronto, que no podría vivir en el pellejo de Vallejo). Regresión y vanguardia, tradición y experimentalismo: entre esos extremos escribo y a veces simplemente opto por una fuga impávida. En fin, propongo que hablemos mejor de esas cosas, de la destrucción o la perpetuación de la forma, del lugar de la imaginación en medio de una era hiperrealista. ¿Por qué no hablamos de ficciones, de personajes, de estilos? No le hagamos el juego a los engranajes de la producción cultural de estos días, que nos convertirán, con sus preguntas reductoras, en mercancías intercambiables… Por eso me gusta el título, “Usted se encuentra aquí”; habla de unas coordenadas que superan la clasificación “narradoras”; habla de la reunión más o menos fortuita, más o menos buscada, de distintas escrituras, en un lugar, en una fecha determinada. Veremos qué resulta de eso. (“Cuentos de ocho latitudes”, por cierto, me parece un poquitín solemne.)

Saludos a todas, V

Eunice Shade:

Va pues muchachas, entonces parece que estaría entre “Usted se encuentra aquí” y “Cuentos de ocho latitudes”. Y bueno para ser honesta no me afecta lo que piensen los hombres de si escribo light o no, creo que los títulos deben ser escogidos por ser buenos títulos, no por lo que piensen los hombres.
Lo de estar en contra del peso y las calorías es otro prejuicio feminista que tampoco me interesa promover porque en el fondo pienso que es nimio, lo verdaderamente importante se lleva por dentro sea flaca, gorda, rubia o morena. Es decir que no me gustan las poses intelectuales de creer que si alguien escucha pop es ignorante o que si va al cirujano plástico es superficial etc, en todo y todos los seres humanos siempre hay algo positivo que nos enseña. Me cuentan que se decide al final que me sumo a la mayoría.

Magali Velasco:

Hola Julio, hola colegas!
Parece que la lista se va definiendo y yo ya no sé por cual título porque se me hace muy simpático el de Susanita y el de Lulú, pero me inclino por los dos que propone Liliana:
Usted se encuentra aquí
Cuentos de ocho latitudes
En espera de conocerlas, les mando un abrazo apretado desde Juaritos, la ciudad de arena. Maga

Mayra Luna:

Hola a todos,
al fin asomo mi nariz en este foro. Y es que eso de los títulos es la parte de la escritura que me causa escozor. Estoy de acuerdo en no utilizar títulos que se presten a estigmas. He pensado y repensado sobre las propuestas. En un principio me incliné por “Apariciones, desapariciones y otros cuerpos. Narraciones de ocho latitudes”, pues tengo una afición a los subtítulos. Sin embargo, tal vez “desapariciones” está algo recargado. Y como me asumo miembro del club PPT (Pésimos Para Títulos), generalmente prefiero robarle frases a alguien más. Hace un rato leía algunos párrafos de Alejandra Pizarnik y encontré esto:
Esta lúgubre manía de vivir
Hay alguien aquí que tiembla
A la casa del lenguaje se le vuela el tejado
Tal vez algo oscuros, pero en fin, son otras sugerencias (y preferencias).
Eso sí, todos con el subtítulo: “Narraciones de ocho latitudes”.
Me ha dado muchísimo gusto leerlas. Me encantará compartir un tiempo con ustedes (aunque por ahí hay un par que ya conozco).

Lina Meruane:

Me interesa mucho este intercambio y sin alargarme (intentando no alargarme, sospecho que en vano) querría compartir algunas ideas. Estoy muy de acuerdo en no promover el gueto femenino, sería otra modalidad de encierro (en el mercado) y de desaparición (del espacio literario). Coincidiendo con ustedes, estoy convencida de que el modo de legitimar nuestra presencia en las letras es a través de la mirada siempre singular de la literatura. Pero ojalá sólo los desafíos, desbordes y desmadres de la escritura bastaran: escribir nuestros textos y lanzarlos. Pero no: nuestros cuentos caen en un contexto social que infringe una mirada sobre ellos, y los sitúa en un lugar. Quiero decir, hay una política en torno a la escritura en general y a la producida por mujeres en particular, y esas políticas son difíciles de eludir. Sus señales son elocuentes. En la medida en que hay más narradoras con nombre y renombre, en la medida en que la visibilidad de las autoras aumenta (por los premios, reconocimientos, por la entrada en las listas y en las antologías, por la presencia seria (o no sensacionalista) en los medios) se ha producido una suerte de contraofensiva que proviene del sector que antes detentaba casi completamente el poder de la letra. Hablando (escribiéndoles) desde mi coordenada particular, como chilena, como latinoamericana (y premunida de un largo etcétera), me parece crucial atender a esas políticas y tomar posiciones precisamente porque pertenecemos a un espacio literario que es restringido, y en el que la legitimidad de las mujeres como autoras sigue siendo problemática. Las estrategias exclusionistas de antaño se han modificado, se han disimulado, pero no se han extinguido. Por eso me planteo como necesidad resguardar ese lugar ganado históricamente por las autoras y pensadoras que nos preceden. Defenderlo ejerciendo la escritura con entereza, sin ceder a los gestos que someten esa libertad ni al estereotipo de lo femenino (lo dulce, lo sacrificial) ni a los gestos mercantiles homogeneizadores que urgen a “escribir como mujeres” apelando a cierta sensibilidad o al facilismo. Escapar a ese imaginario reductor sin tener que tranzar hipotecando el territorio: me planteo esto como pregunta y como desafío. Es por eso que yo preferiría no usar de título los bikinis, las calorías, lo light, las pequeñas Lulús, que, aunque apelan al humor (y eso es positivo) implicarían legitimar, de modo acrítico, desde nosotras mismas, unas palabras que adelgazan la complejidad y la pluralidad de nuestras escrituras y reiteran nociones estigmatizadoras que ya se han usado (y que podrían seguir utilizándose) para caricaturizar una vez más a las escritoras, insertándolas en el reducto de la vanidad y del complejo, o en el jardín infantil: es decir, en un estatuto inferior. ¿Por qué no usar la plataforma que se nos da con propiedad? El punto acá no es, a mi entender, el modo en que los otros nos leerán (eso no se puede controlar) sino el modo en que nosotras decidimos presentarnos. He podido leer a algunas de las autoras de las mesas (las que encontré en la biblioteca de mi universidad) y pienso: sí, acá la cosa va en serio. Así es como me gustaría ver este libro nuestro, en una línea más propositiva, más audaz. Es, por supuesto, una opinión entre otras siete latitudes… Y me alargué mucho, aunque prometí no hacerlo, pero me parece productivo ahondar con ustedes en este tema porque todas estas cuestiones son muy actuales, son las que, queramos o no, nos toca enfrentar desde nuestros respectivos lugares. Un fuerte abrazo para todas, con muchas ganas de conocerlas. Lina.

Imma Turbau:

perdón por no haber escrito hasta ahora, llevo toda la semana sin parar, haciendo de superwoman en el trabajo, y cuando llego a casa sólo quiero hacerle sangre al sofá y ya no sé si soy mujer o una vaina de la invasión de los ultracuerpos. He leído todos los mails seguidos y ahora me apetece más que nunca conocerlas, que discutamos de esos temas que de tan habituales ya no se nos hacen ni raros, como cuando te preguntan sobre la literatura femenina, en femenino, de género -no policial, claro-, o de por qué a ti un periodista se atreve a preguntarte si tienes novio, cosa que jamás preguntaría a un macho. Seguro que son ocho latitudes y ocho puntos de vista, que cada cual vive su condición femenina como mejor puede, o como mejor cree que la puede vivir. ¿Y eso tiene que ver con nuestra literatura? Sí o no, el foro ya está en marcha. Como ustedes saben, todo depende del punto de vista y estas historias las contamos nosotras. Desde dónde las contamos es determinante, hay quien las escribe desde su subjetividad, sin nada que esconder, o porque elige exponerse, o porque le da la gana, y hay quien trabaje los personajes hasta el punto de crear una voz que discurre y transmite y narra con solvencia, pero con cuyas opiniones, observaciones o sentimientos la autora -o el autor- puede no identificarse personalmente. La literatura, leída o escrita, nos permite vivir otras vidas. Meternos en el cuerpo de un anciano de ochenta años, de una mujer que es una superviviente, de un pirata de pata de palo o de una roca en un valle de Islandia. En eso, para mí, no creo que haya distinciones de sexo. El placer de la escritora y del escritor imagino que es el mismo, como el de los lectores, sea cual sea su identidad. Sí me parece, en cambio, relevante el sexismo en el ámbito del lenguaje, de las expresiones que se usan para explicar qué son los hombres y qué las mujeres. La lengua cambia con la sociedad, la refleja. Y en eso sí me parece necesario incidir, en la realidad, el mundo que nos rodea, y el lenguaje que usamos para descodificarlo. Un término tan en boga como light ha caldeado un poco el ambiente, y eso es muy bueno… No sigo, que la grafomanía es muy mala, es muy tarde, me quedan por delante cinco semanas infernales de trabajo y encima tengo nueva pareja… Abrazos que crujan.
Dicho lo cual, que el lector y el libro hagan pareja de relevo y plenitudes.
Prólogo a Vivian Abenshushan, Liliana Blum, Mariana Enríquez, Mayra Luna, Lina Meruane, Eunice Shade, Imma Turbau, Magali Velasco. Usted está aquí (Foro de Novísimas Narradoras, Feria del Libro de Guadalajara, 26 y 27 de noviembre, 2007). Jorale Editores, Colección Extramares. México, 2007