La ciudad literaria de Julio Ortega

Archive for the ‘Calendario’ Category

Razón de nadie: Jornadas en torno a la poesía de José-Miguel Ullán (26-28 de enero, 2010)

Posted by jortega@brown.edu on January 5, 2010

Razón de nadie

Jornadas en torno a la poesía de José-Miguel Ullán

Círculo de Bellas Artes, Madrid

Martes 26 de enero de 2010, 19:00h

Conferencia, Julio Ortega: «El taller Ullán: nuevo alfabeto de lectura poética»
Mesa redonda:
Olvido García Valdés, Miguel Morey, Antonio Ortega y Pedro Provencio

Miércoles 27 de enero, 19:00h

Conferencia, Eduardo Milán: «Sólo Ullán. Situación y certeza»
Mesa redonda: Amalia Iglesias, Antonio Méndez Rubio, Ildefonso Rodríguez y Jenaro Talens

Jueves 28 de enero, 19:00h

Conferencia, Miguel Casado: «La palabra sabe–ironía o escucha–»
Mesa redonda: Marcos Canteli, José Manuel Cuesta Abad, Susana Díaz y Jonathan Mayhew
Dirección de las Jornadas: Miguel Casado

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10ª Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo (October 30-November 1, 2009)

Posted by jortega@brown.edu on September 29, 2009

10ª Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela

30 de Octubre

8:00 pm: Julio Ortega: Conferencia inaugural de la FILUC 2009

31 de Octubre

3:00 pm: Conversatorio y presentación del libro: El hacer poético (Monte Avila Editores, 2009) ed. J. Ortega. Con Rafael Cadenas, Luis Alberto Crespo, Yolanda Pantin
6:00 pm: Conversatorio: La crítica literaria en América Latina, con Maria Fernanda Palacios y J. Ortega

1 de Noviembre

11:00 am: Conversatorio: Escritura y Escritoras en Venezuela
7:00 pm: Conversatorio: Julio Cortázar. El alquimista de la Palabra.

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Feria Internacional del Libro de Guadalajara (November 30-December 1, 2009)

Posted by jortega@brown.edu on September 28, 2009

Feria Internacional del Libro de Guadalajara

30 de Noviembre, 5:00-7:00 p.m.

HOMENAJE A JOSE EMILIO PACHECO
Coordinado por Julio Ortega

Tamara Kamenszain (Buenos Aires), Adolfo Castañón (México),
Álvaro Salvador (Universidad de Granada),
y la participación de José Emilio Pacheco

1 de Diciembre, 7:00-9:00 p.m.

FORO DE NUEVOS ESCRITORES INDIGENAS
Coordinado por Julio Ortega





Natalia Toledo

Nació en Juchitán, México, en 1968. Se inició en los talleres de la Casa de la Cultura de Juchitán, donde aprende la escritura en zapoteco, lengua que ya hablaba. Estudió también en la Sociedad General de Escritores Mexicanos. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en lenguas indígenas y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Oaxaca. En 2004 publicó “Guie´ Yaasé” (Olivo negro) por el que recibe el premio Nezahualcóyotl de Literatura, único premio nacional de la literatura indígena contemporánea en México. Es autora también de “Ca guna gu bidxa, ca guna guiiba’ risaca” (Mujeres del sol, mujeres de oro), 2002; “Xtaga be’ñe” (Flor de pantano) 2004;  “Guendaguti ñee sisi” (La muerte pies ligeros), Fondo de Cultura Económica, 2005; y está incluida en numerosas antologías de literatura indígena mexicana.

Odi González

Nació en Cusco, Perú, en 1962. Estudió en las universidades peruanas San Agustin, Arequipa, y San Marcos, Lima, así como en la Universidad de Maryland, EEUU. Estudioso de la tradición oral quechua, actualmente es profesor de lengua y literatura quechua en la Universidad de Nueva York. Entre sus libros se encuentran “Valle sagrado/Almas en pena,” 2008; “Vírgenes ubanas,” con fotos de Ana de Orbegoso, en quechua, español e inglés, 2007; “La escuela de Cusco, poemas, 2005; “Tunupa/Sirena,” 2002. Ha traducido y editado al poeta quechua Andrés Alencastre. Prepara el estudio, traducción y edición de la “Elegía Apu Inka Atawallpaman,” el primer documento de resistencia Inka.



Marisol Ceh Moo

Nació en Quechurewe, México, hace 34 años. “X-Teya u puksi’ ik’ a kóolel” (“Teya, un corazón de mujer”), la primera novela escrita en maya por una mujer, fue publicada en 2008 en edición bilingue por CONACULTA. Decidió escribir una novela para salir de los géneros establecidos en que se encasilla a los escritores mayas, como son el cuento y la leyenda. Sostiene que los escritores indígenas deben crear e innovar en otros géneros literarios. La novela narra la lucha de un rebelde comunista de los años 70, y de su madre, quien lleva el nombre de Teya. Licenciada en Ciencias de la Educación y Lingüística por la UADY, se desempeña también en la UNAM como traductora e interprete de la lengua maya en Yucatán.



Elicura Chihuailaf

Nació en Quechurewe, Chile, en 1952. Uno de los mejores poetas chilenos, escribe en lengua mapuche. Vivió de niño en la cosmovisión de su pueblo. Cursó la educación secundaria en el Liceo Pablo Neruda de Temuco. Se tituló de Obstetra en la Universidad de Concepción. Ha escrito tanto en español como en mapudungun, su lengua. Entre sus libros se cuentan “El invierno y su imagen”, 1977; “En el país de la memoria,” 1988; “Sueños y Contrasueños,” 1995; “La Palabra: Sueño y Flor de América. Adelanto de una muestra de Oralitura Indígena de América,” 1997; “Recado Confidencial a los Chilenos,” 1999; “Canto libre / Lliz Vlkantun,” 2007. Sus poemas han sido traducidos al italiano, alemán, francés, inglés, sueco, entre otras lenguas. Ha traducido poemas escogidos de Pablo Neruda al mapudungun. Está identificado con las demandas de su comunidad. Es secretario general de la Agrupación de Oralitores Indígenas de América e integrante del directorio de la Corporación NorAlinea, de defensa de los derechos humanos.

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Feria Internacional del Libro de Monterrey (October 8-9, 2009)

Posted by jortega@brown.edu on September 28, 2009

Feria Internacional del Libro de Monterrey, TEC de Monterrey, México

8 de Octubre

17:30 a 19:00: Foro de Nuevos Ensayistas Mexicanos
Coordinado por Julio Ortega

Vivian Abenshushan, Heriberto Yépez, José Israel Carranza y Luigi Amara

9 de Octubre

19:00 a 20:30: Homenaje a José Emilio Pacheco

Julio Ortega, Eduardo Antonio Parra, Juan Gustavo Cobo Borda, y la participación de José Emilio Pacheco

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Foro de novísimos narradores peruanos en la Feria del Libro de Lima

Posted by jortega@brown.edu on July 26, 2009



(Coordinado por Julio Ortega)


Sábado 25 de Julio, 5:30 a 7:20 PM.
Auditorio Ricardo Palma
La extraordinaria creatividad de la narrativa peruana reciente es ya uno de
los escenarios literarios del siglo XXI. El talento de este conjunto de nuevos escritores 
es una certidumbre de futuro que nos mejora el presente, y un camino abierto
 más alla de las fronteras. En este foro hemos reunido a algunas voces de esa
 constelación narrativa (que se expresa ya en blogs, revistas, antologías y pequeñas
 editoriales) para compartir un primer balance de esta década de
 primicias. Debuta aquí parte de la nueva narrativa peruana que muy pronto estará en el
 mundial de la nueva literatura internacional. –J.O.


Participan:


Claudia Ulloa 
(Lima, 1979)

Vive hace varios años en Noruega, donde trabaja como profesora
 de castellano. En 1996 obtuvo el primer lugar en el concurso “Terminemos el 
cuento” organizado por la Unión Latina, el Consulado de España y el diario
”El Comercio”. En 1998 ganó el primer lugar en el concurso “El cuento de
las 1000 palabras,” de la revista Caretas. Ha publicado cuentos en revistas
 en Perú, México y España. Está incluida en las 
antologías “Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana” (2000) editada por la
 Unión Latina, Venezuela, y en “Nuevo Cuento Latinoamericano” (Madrid,
 Marenostrum, 2009), editada por J.Ortega. Su primer libro de cuentos es “El
 pez que aprendió a caminar” (Lima, Estruendomudo, 2006).


Luis Hernán Castañeda 
(Lima, 1982)

Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del
 Perú. Ha publicado las novelas “Casa de Islandia” (Estruendomudo, 2004),
”Hotel Europa” (Peisa, 2005), el libro de cuentos “Fotografías de sala”
(Alfaguara, 2007) y la novela juvenil “El chamán y la sacerdotisa” (Peisa,
 2007). Publica con regularidad ensayos y artículos en revistas peruanas y
extranjeras. En 2008 obtuvo una maestría en Literatura Latinoamericana de la
 Universidad de Colorado (Boulder), donde prosigue estudios de doctorado
.



Jeremías Gamboa 
(Lima, 1975)

Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima
 y obtuvo un master en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de
 Colorado, Boulder. Es autor de “Punto de fuga” (Lima, Alfaguara, 2007). Sus
 cuentos han sido recogidos en las antologías “Estática doméstica: tres
 generaciones de cuentistas peruanos” (México, UNAM, 2005) y “Nuevo Cuento 
Latinoamericano” (Madrid, Marenostrum, 2009), de J. Ortega, asi como en
 Quimera y The Barcelona Review. Ha sido editor adjunto de la revista Somos de El Comercio, y editor responsable de la revista Debate, del grupo Apoyo.
 Ha hecho periodismo y crítica de arte en El Dominical de El Comercio,
 Quehacer y Lienzo.


Irma del Aguila 
(Lima, 1966)

Estudió Sociología en la PUCP, y con una beca Fulbright hizo
 un master en New York University. En 1994, en el concurso de cuentos Magda 
Portal un jurado presidido por Julio Ramón Ribeyro premió con el segundo
 lugar un cuento suyo. En 2005 ganó en Chile el II Concurso internacional de 
cuentos Lan.com y La Tercera. Ha publicado “Tía, saca el pie del embrague”
(Editorial San Marcos), “El último capítulo” (BCR, 2001), y acaba de 
publicar la novela “Moby Dick en Cabo Blanco” (Estuendomudo, 2009). 
Dirige en Cusco el programa Pueblos Indígenas y Globalización de la School
 for International Training.


Edwin Chávez
 (Iquitos, 1983)

Publicó en 2005, en el sello de Estruendomudo, su primer 
libro de cuentos bajo el título “1922”. Está incluido en “Disidentes,”
 muestra de la nueva narrativa peruana, compilada por Gabriel Ruiz-Ortega 
(Lima, Revuelta, 2007).


Katya Adaui Sicheri 
(Lima, 1977)

Estudió periodismo. Trabaja como redactora creativa. En 2007
 publicó su primer libro de cuentos, “Un accidente llamado familia,” en la
 editorial Matalamanga. Está incluida en la antología “Matadoras: nuevas
 narradoras peruanas” (2008) de Estruendomudo. Publica con regularidad en
 las revistas: Dedomedio, Artmotiv, Díatreinta y Oveja negra. Mantiene el
 blog: “Casa de estrafalario”. Está preparando su segundo libro de relatos.
Johann Page Flores
 (Lima, 1979)

Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica
del Perú. Ha publicado el libro de cuentos “Los puertos extremos”
(Estruendomudo, 2004), una novela para jóvenes y textos de creación y de
 crítica en diversas revistas especializadas. Actualmente, prepara su segundo
libro de cuentos y su primera novela.


Augusto Effio Ordóñez 
(Huancayo, 1977)

Autor del conjunto de relatos “Lecciones de Origami” (Matalamanga 2006).
 Finalista del Concurso de Cuentos Juan Rulfo – RFI (2007). Obtuvo el Copé de Plata de Cuento (2004).



Víctor Falcón Castro (Lima, 1979)

Se licenció en administración de empresas en la Universidad del Pacífico. Es guionista de miniseries y telenovelas. 
Ha publicado los libros de cuentos “Cómo alterar el orden de todo” (Arteidea editores, 2005), y “Mujeres a punto de alzar vuelo”
(Solar, 2006). También, la obra teatral “La cisura de Silvio”, que ha tenido dos temporadas.


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Julio Ortega: Practicas de agregracion (por Diamela Eltit)

Posted by jortega@brown.edu on February 13, 2009

Julio Ortega: Prácticas de agregración

por Diamela Eltit

Texto leído en Lima en el homenaje que la Cámara Peruana del Libro le rindiera al escritor, ensayista y crítico literario peruano Julio Ortega en la Feria Internacional del Libro, Lima, 30 de julio , 2008. Fue publicado en Estudios Públicos (Santiago de Chile No.111, Invierno, 2008, pp 189-197.

Los homenajes son maravillosos pero también, en cierto sentido, ambiguos. Recuerdo en forma vívida los homenajes realizados en Chile -de manera simultánea- a Nicanor Parra quien cumplía 80 y a José Donoso en sus 70 años. Ambos concurrieron a recibir diplomas y medallas en una ceremonia que convocó a un número considerable de artistas, escritores, intelectuales y personajes pertenecientes al mundo político. Estoy segura de que existía una emoción sincera al ver reunidos a dos importantísimos representantes de la literatura nacional. Más aún si se considera que todavía daban vueltas y vueltas de manera nítida los años terribles de la dictadura y, en ese contexto, el reconocimiento a los dos autores era el mejor signo de un cambio en los registros sociales y culturales del país.

No se trataba de una ceremonia académica sino oficial, encabezada por autoridades pertenecientes al Ministerio de Educación y representantes de la reciente estructura cultural que implementaba el primer gobierno de la Concertación. En ese sentido era un festejo cruzado por discursos más bien elogiosos que apuntaban a remarcar las trayectorias de los escritores chilenos. Quizás por la generalidad de los discursos y por el carácter marcadamente social del encuentro, es que las apreciaciones de los asistentes se centraron en las edades de los festejados, en la apariencia de sus apariencias.

El público celebraba la juventud inamovible de Nicanor Parra, su estado ultra atlético que contrastaba con la figura más bien sedentaria del querido José Donoso. Porque en verdad Nicanor atravesó literalmente corriendo el espacio que lo separaba del pódium para recibir sus condecoraciones y diplomas y en su discurso acudió a la ironía párrica o parraniana que lo caracteriza. En cambio José Donoso, de manera pausada y con un discurso más entrecortado, se hizo parte de la ceremonia. Y eso que Nicanor tiene 80 y Donoso sólo 70, decían cuando terminaron los festejos, durante el cóctel que coronaba la reunión de ese mediodía. O bien señalaban: Realmente Nicanor Parra parece un adolescente. Comentarios similares se repetían una y otra vez en cada uno de los grupos que frecuenté en esa oportunidad.

Mientras me devolvía a mi casa sentí una especie de culpa ante el hecho de que en esa ocasión única no hubiésemos hablado de la obra y de las estéticas de nuestros respetados escritores y no únicamente del tiempo -digamos- corporal. Esa misma noche mientras veía el noticiero se destacó la imagen de un hombre que había cumplido 105 años y cuyo gran mérito, por no decir milagro, consistía en que se podía levantar sin ayuda de su silla, cuestión que hizo un par de veces ante las cámaras y que fue aplaudido por los familiares que lo acompañaban en su celebración y también recibió comentarios elogiosos y entusiastas del conductor del noticiario. Volví a pensar en Nicanor Parra y en José Donoso, en el homenaje tan prestigioso pero, a la vez, amenazante, porque ese homenaje inolvidable y más que merecido daba cuenta también de una aguda y riesgosa sanción al físico del homenajeado.

Pero, Julio Ortega, afortunadamente para él, está en la orilla párrica o parriana, aunque, claro, su homenaje lo encuentra no sólo en plena vigencia intelectual sino en años aún mozos que le van a permitir tener una larga experiencia cuando se precipiten los múltiples homenajes del porvenir.

Es un honor para mí la oportunidad de participar en esta reunión con que la Cámara Peruana del Libro le rinde un merecido reconocimiento a uno de los intelectuales más importantes de Latinoamérica y en el plano personal a un amigo entrañable en este mundo empecinadamente “ancho y ajeno”.

Para referirme a Julio Ortega quiero invocar una imagen en cierto modo discutida o desechada en este presente cruzado por pasiones y pulsiones individualistas, me refiero al concepto de comunidad. Pienso que su transcurso cultural y vital apunta a ese horizonte, a pensar y construir comunidades literarias fundadas en la circulación de escrituras, de cuerpos, de poéticas.

Desde la inteligencia más aguda y agitada, Julio Ortega conceptualiza -por usar una expresión- una literatura líquida o transatlántica o móvil pero a la vez esmeradamente territorializada. Es ese dispositivo exacto y paradójico el que me hace pensar en una comunidad que se organiza desde una geografía vibrantemente inacabada, en constante agregación. En ese sentido, pienso que su quehacer ilumina un proyecto único pues pertenece a la esfera de lo que podría ser considerado como el acopio de una “virtualidad concreta” que se articula desde una perspectiva, digamos, global pero sin desconocer una realidad o una calidad híper localista.

De manera obstinada y paciente a la vez Julio Ortega, “escucha” a las literaturas, les otorga un espacio a cada una de ellas, transformando así su quehacer intelectual, (normalmente asociado a las academias y al fetichizado lugar solitario del pensamiento) en una práctica cultural “activa” que apunta a la configuración de identidades literarias que se movilizan, se expanden, se repiensan o se renuevan en flujos colectivos pero que no renuncian a las indispensables individualidades. De esa manera ha originado uno de las experiencias críticas vivas o vitales más notables, una experiencia que no se funda en los tradicionales “grupos” marcados por elementos biográficos y sus siempre complejos vaivenes, sino que se articula en arquitecturas de sentido. Hacia esa arquitectura confluyen sus libros, antologías, ensayos literarios, artículos en periódicos, congresos, mesas redondas, proyectos de intercambio de narradores jóvenes y reuniones en ferias de libro. Una experiencia que porta una forma de transnacionalismo no imperial que busca disponer y no imponer letras de diversas procedencias, tiempos, territorios, imaginarios.

En una determinada perspectiva no necesariamente lineal, la tarea crítica emprendida por Julio Ortega me recuerda ciertos parámetros adoptados por el sociólogo Pierre Bourdieu quien fuera descrito como el último intelectual francés comprometido con su tiempo (participó en marchas, huelgas, dirigió una serie de entrevistas a habitantes de barrios obreros, entre otras actividades). Por supuesto en su propio registro y desde un lugar otro, Julio Ortega mantiene una interlocución constante con las escrituras más consolidadas e inscritas de la lengua española actual, sólo por nombrar algunos autores demasiado prestigiosos pienso en Carlos Fuentes o Alfredo Bryce Echeñique, pero y esto es lo sorprendente y político para mí, su mapa construye relaciones igualmente intensas en el otro lado del glamour, con obras y autores más descentrados o bien definitivamente locales que habitan en las orillas también lúcidas y brillantes del trazado que se propuso organizar.

Recuerdo de manera especial uno de sus viajes a Chile, el más prolongado que realizó donde se dio el tiempo de escuchar, reunirse, leer, recibir a cada uno de los escritores que se le acercaron con sus siempre urgentes manuscritos. Los poetas numerosos y definitivamente apasionados encontraron un espacio, una voz, un estatuto, un gesto indispensable para verificarse a ellos mismos a través de una persona ya muy consagrada que les decía que sí, que sí. Y en el acto ético de “escuchar”, en el sentido más intenso que adquiere esta palabra, los validaba en el oficio minoritario y siempre demente de escribir. En mi ya larga pertenencia en la esfera literaria, nunca había visto ni he vuelto a ver una actitud semejante de compromiso y comprensión ante la necesidad de interlocución de un grupo de narradores y poetas chilenos.

Pero, también durante esa visita y en una reunión académica que participé, pude observar cómo Julio Ortega acudía a la estructura del ayllu para argumentar su intervención. Esa práctica organizativa de la cultura prehispánica, esa política me ronda ahora para pensar en la comunidad que nos propone el crítico y escritor peruano.

Desde luego el ayllu funcionaba en su discurso como la alegoría de un modo de habitar posible, recorrido por diversos espacios que no necesariamente estaban subordinados por jerarquías tradicionales sino sostenidos en hilos estratégicos. Este me resulta el modelo más próximo para comprender el trazado cultural que caracteriza el trabajo de Julio Ortega. Desde el ayllu como sustento simbólico y como utopía de la sobrevivencia se puede pensar en esta comunidad fundada en espirales donde los tiempos y los espacios transcurren y ocurren de maneras diferenciadas pero están unidos por la comunidad de un hito identitario: la literatura.

En ese sentido, desde la academia y con el capital simbólico (como diría Bourdieu) de saberes extremadamente calificados, su proyecto consiste en el traspaso en primer término de sus propias fronteras -la academia misma- para ingresar activamente en los espacios más contingentes en que se cursan y construyen las inflexiones, marcas, pasiones, versiones y aversiones del ámbito literario. En este viaje de carácter semi mítico o ficcional o memorioso por congresos, editoriales, artículos, bares, hoteles, museos, centros de trabajo, Julio Ortega va también organizando un corpus de lecturas y espacios de escrituras que contradicen los dictámenes más efímeros del libre mercado y sus vaivenes.

En este escenario que intento configurar, el trabajo crítico de Julio Ortega genera una “tensión” activa, móvil, incapturable, imposible de cooptar por las fuerzas más ligeras que manejan una parte del tramado literario. Quizás esa movilidad, ese trazado siempre efervescente y en curso que nos propone Julio Ortega, se constituya en la mejor manera de pensar el mundo del arte y de la literatura en general. Me parece así en la medida que existe en ese procedimiento un activismo que por su comunitarismo resulta definitivamente incluyente frente a un estadio cultural que más bien tiende a la exclusión puesto que exalta de manera abusiva la noción de ránquines rígidos y de éxitos bien remunerados.

Desde luego la movilidad, la rapidez, el vértigo, están asociados a la realidad globalizada, pero esas energías tecnológicas hoy también alcanzan a los cuerpos y se verifican en la explosión migratoria. A la manera de una bandada de pájaros que buscan sobrevivir a los climas adversos y vuelan distancias inauditas para protegerse, los sujetos cruzan las fronteras buscando mejores condiciones donde cursar sus existencias. Cientos de miles de personas, en distintos puntos del planeta, emprenden viajes sin retorno para volver a empezar en algún punto del globo que, más allá de toda angustia, hostilidad o extrañeza, terminará por pertenecerles.
La migración forma parte de la historia humana o quizás lo más acertado es afirmar que la historia humana se articula desde el desplazamiento. Desde luego en el viaje migratorio se funden y confunden la urgencia y la esperanza, el malestar y la esperanza, la persecución y la esperanza e incluso la barrera que divide la vida de la muerte. Los siglos y sus signos han intensificado o controlado estos movimientos humanos, pero cada época nos habla de la extranjería y de la fascinación que provocan las fronteras.

Primero la pintura, después la fotografía y más adelante el cine, se transformaron en los materiales y las técnicas que hicieron visible los paisajes. La pantalla cinematográfica mostró el poderío de los rascacielos o el romanticismo del Mediterráneo en calma. París, Londres o Nueva York refulgieron como postales animadas y los imaginarios sociales pudieron sentir que esos espacios, en cierto modo, habitaban sus propios territorios (mentales). Pero también esa mirada se volvió sobre sí misma e idealizó el lugar propio y no ocultó su crítica hacia las metrópolis.

Los artistas, los intelectuales y los escritores latinoamericanos viajeros “por naturaleza” tuvieron que enfrentase en la segunda mitad del siglo XX a este dilema ¿dónde vivir? O dicho de otra manera, ¿cuál era la relación entre escritura y lugar de producción?

José María Arguedas y Julio Cortázar polarizaron sus discusiones ¿dónde radicaba el lugar de la escritura? ¿En el tramado simbólico o en el suelo material de la experiencia? Se abrió entonces una pregunta interesante y aún más, apabullante. Más que una respuesta o una “verdad verdadera” lo más pertinente resultaba establecer esa pregunta (sin respuesta) para permitir el flujo amplio y pasional de ese específico debate.

Pero la velocidad tecnológica y la democratización de las comunicaciones han modificado las reglas del juego entre los cuerpos y los territorios. El mundo en su máxima virtualidad pudo ser visible desde todos los ángulos, se ha vuelto completamente trasparente como si el ojo compartiera una complicidad con los numerosos satélites espías que pueblan la estratósfera.

Tenemos que ser absolutamente modernos, proclamó Rimbaud en la ya antigua era de la revolución industrial. No sólo el Mac Donald’s o la comida china han mostrado sus marcas imperiales en cada uno de los centros comerciales y de las ciudades de Latinoamérica sino que los cibercafés parecen reemplazar a la continuidad y el número de las antiguas cantinas. Los cuerpos se han sentado ante las pantallas a navegar por un precio asequible, navegan entre continentes sin mayores riesgos, navegan por los espacios del saber, de la música, de la conversación, del juego de las identidades, de la compra o el porno. Las direcciones cambian velozmente, de manera literal las noticias vuelan.

¿Quién podría interrogar hoy el viaje? Cómo pensar entonces lo local y lo deslocalizado. Pienso que en este marco, en la política tecnológica que marca este presente, la figura cultural de Julio Ortega resulta ejemplar -“un modelo para armar” como diría Julio Cortázar- para pensar de manera más compleja la relación entre viaje y literatura. Me refiero al polémico viaje del siglo XX y la nueva navegación que se intensifica en el siglo XXI.

El viaje literario del siglo XX fue una constante pero también no estuvo exento de polémicas. Más adelante, las sucesivas dictaduras en el cono sur del continente motivaron el viaje político multitudinario. El exilio se estableció y ocupó el “mundo” y así el Sur del Continente se abrió al cosmopolitismo.

Julio Ortega salió de Perú, invitado a enseñar en Estados Unidos y se estableció allí de manera permanente, pero -y esto es lo que me parece fundamental- viajó para construir una nueva posibilidad de latinoamericanismo, una forma, flexible y modular. Porque aunque radica en Estados Unidos, habría que pensar en Ortega como un “ciudadano de las letras hispanoamericanas” que desde otras tierras busca re-bolivarizar espacios, franjas, sentidos.

Estoy pensando en la relación más concreta entre literatura y globalización, pienso que más allá de las extraordinarias posibilidades abiertas por el ciber espacio que requiere de cibernautas especializados, el campo literario permanece más o menos inalterado desde que se produjera el explosivo “boom” que consagró e internacionalizó a un grupo de destacados escritores. En ese sentido y desde esa plataforma estimo que la globalización en el campo literario no ha evolucionado al ritmo de otros digamos -bienes de consumo- en la medida que las editoriales locales no cuentan con los mecanismos para cruzar las fronteras ni los textos (en su más amplia mayoría) alcanzan la esfera de las traducciones.

Pero también es necesario reconocer que existe un no saber que puede resultar apasionante, quiero decir el terreno del encuentro de ese particular libro único obtenido de manera circunstancial y que, sin embargo, abre un pedazo de mundo que acompaña e ilumina el quehacer literario. Pero, claro, más allá o más acá de esta posibilidad estética, que le pertenece al campo de los lectores especializados, lo más importante sigue siendo la fragmentación política que circunscribe la circulación de las estéticas a los poderes trasnacionales.

Precisamente en ese hueco o vacío se inserta la intervención crítica de Julio Ortega en los espacios cultuales. Allí donde falla la relación entre política y cultura, en la grieta insalvable que se abre entre literatura y capital o en el sitio más intenso del deseo de estéticas contra el pragmatismo que otorga el deseo de cosmética, irrumpe esa sutura que la práctica de Julio Ortega ha inscrito y escrito para el mundo latinoamericano.

No puedo dejar de señalar aquí una característica más que me parece francamente excepcional, Julio Ortega construye territorios de escrituras hasta donde llegan escritores y escritoras.

Quizás una de las falencias más lamentables del mundo literario latinoamericano sea su carácter ensimismado en una masculinidad, como habría dicho José Donoso: “imbunche”, oclusiva, plegada sobre sí misma. Desde luego, la dedicación a la escritura porta una forma de épica, alude a una hazaña por los considerables obstáculos que acechan y cercan ese hacer y, por otra parte, la épica en su sentido más guerrero e histórico ha estado ligada a lo masculino. También es rigurosamente efectivo que las grandes batallas y enfrentamientos literarios se han producido entre hombres y forman parte del mito, del relato, del chisme cultural con el que la literatura se exalta y se protege a sí misma.

Y por supuesto que la leyenda literaria pone a la mujer mayoritariamente en el lugar interesante aunque un poco cursi de la musa o bien en el de la viuda que está allí para obstaculizar, casi como venganza póstuma, la gran obra del que fuera su marido. Y la mujer escritora, en muchos casos, es omitida o leída desde la perspectiva de la histeria para justificar así su falta de historia. Salvo excepciones -y esto no podría discutirse- el espacio literario latinoamericano se pacta y se repacta en los terrenos masculinos.

Desde luego, la literatura reproduce la asimetría que caracteriza a todos y cada uno de los trazados sociales. Pero, también (lo señalo como juego linguístico) hay que considerar que si aceptamos que la escritura es poder, es tan poderosa que tiene el poder de segmentarse a sí misma de acuerdo a la división matriz: masculino y femenino. Y allí entonces la escritura, en última instancia, mide su propio poder luchando contra sí misma otorgándole doble categoría a la letra.

Pero, el trabajo de Julio Ortega apunta también a remodelar este duro frente y en su tarea inclusiva que es central para ejercer la democracia (repartir, repactar los poderes) circulan en su imaginación literaria, Margo Glantz, Matilde Sánchez, Angeles Mastretta, Elena Poniatowska, o Rosario Ferré por nombrar a escritoras fundamentales. Y cómo no, a las escritoras jóvenes y sus producciones e imaginarios que harán posibles los haces literarios del porvenir.

Quiero arriesgarme y enunciar lo que podría ser un lugar común presumible y previsible en el marco de un homenaje. Sí, porque me arriesgo a afirmar que Julio Ortega es un intelectual excepcional. Su obra seduce por el nivel de una escritura sofisticadamente estética, exacta y allí están sus numerosos libros, desde La contemplación y la fiesta, en 1968 hasta hoy, para recordarnos que la crítica es no sólo una importante producción de sentido sino también una sed inconmensurable de estéticas.

Y es excepcional porque su poder cultural lo ejerce desde una ética consistente hasta donde cita y convoca lo “uno” y lo otro, la doxa y lo heterodoxo en un trazado que re- une o re-hace el viaje entre el Pacífico hasta el Atlántico para promover políticamente nuevos y diversos órdenes estéticos que buscan evitar los naufragios y disminuir los ahogos.

Muchas gracias Julio.

Leído en Lima el 30 de julio de 2008

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Una gran conversación con música (Laudatio de Julio Ortega, por Sergio Ramírez)

Posted by jortega@brown.edu on February 9, 2009

Una gran conversación con música

(Laudatio de Julio Ortega)

Por Sergio Ramirez

Discurso leido en la Universidad Americana de Managua, Nicaragua, con ocasion del doctorado honoris causa concedido a J. Ortega el 20 de enero de 2009.

Debo decir, antes de nada, que considero un verdadero acontecimiento cultural la visita de Julio Ortega a Nicaragua en este mes en que celebramos el aniversario del nacimiento de nuestro Rubén Darío, un acontecimiento que viene a ser coronado por el acto solemne de esta tarde, cuando el rector magnífico de la Universidad Autónoma Americana, el doctor Ernesto Medina Sandino, impone al ilustre visitante las insignias de Doctor Honoris Causa, grado que le ha sido concedido por disposición de las altas autoridades de esta casa de estudios. He recorrido junto a Julio Ortega no pocos de los traficados caminos de la literatura latinoamericana, él como crítico creador, y yo como creador crítico, y solemos celebrar con ánimo siempre renovado nuestros encuentros en tan diversos lugares en donde el oficio literario nos convoca, con lo que nuestra amistad se ha cimentado en el diálogo permanente en esos encuentros, y en nuestra comunicación constante, siempre emprendiendo empresas nuevas, o ayudando a emprenderlas, en la Cátedra Julio Cortázar, de la Universidad de Guadalajara, creada por iniciativa de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, y a cuyo consejo rector ambos pertenecemos, en la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey, en el Foro de Iberoamérica, que presiden de manera conjunta Carlos Fuentes y Ricardo Lagos, o en el Proyecto Trasatlántico, que tiene por sede la Universidad de Brown, y cuya dirección le ha sido confiada.
Por esa honda relación que nos une desde hace tiempo es que me honra poder hablar esta tarde de Julio Ortega delante de ustedes, vinculado como está a nuestra patria por su dedicación a la obra dariana, como muy pocos en el mundo hispanoamericano de las letras. Tiene más de cuatro décadas de acción intensa y pensamiento intenso, en la docencia universitaria en diferentes centros de educación superior de los Estados Unidos hasta arraigarse en la Universidad de Brown; como conferencista, expositor, antólogo, literato, pero sobre todo como crítico literario, yo diría incansable, como se revela en los centenares de artículos y notas que ha escrito y publicado en periódicos, suplementos y revistas de Hispanoamérica, y en los cerca de treinta libros dedicados a la literatura moderna en lengua castellana, como intérprete de la creación literaria de América Latina, y de sus corrientes y tendencias, y de la obra de quienes podemos considerar ya como nuestros clásicos del siglo veinte, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes.
Y, por supuesto, sus numerosos estudios críticos sobre Rubén Darío, padre de la modernidad literaria hispanoamericana, de entre los que debo citar su libro Rubén Darío: La lectura mutua, publicado en 2003; y ahora, la magna tarea que se ha impuesto con la publicación de las Obras Completas de Darío, cuyo primer tomo ha sido publicado por Galaxia Gütemberg en Barcelona en 2007, para el Círculo de Lectores, con una introducción escrita por él mismo, y prólogo del gran poeta mexicano José Emilio Pacheco. Ésta será una empresa perdurable, muchas veces intentada, y tantas otras veces fracasada, y vendrá a servir de referencia permanente a quienes buscan el todo en el universo dariano, un todo que siempre parece escapársenos en la dispersión y en la fragmentación, y no pocas veces en la improvisación y en la superficialidad con que esta empresa ha sido emprendida en el pasado. Debemos celebrar, pues, que Julio Ortega haya tomado esta iniciativa, que tiene ya su primer fruto en el primer tomo, en beneficio de los nicaragüenses que vemos en Darío el símbolo mayor de nuestra identidad cultural, y en beneficio de la lengua española, misma que él renovó desde su raíz y que todos compartimos. Esto bastaría, aunque la suma de sus méritos sea tan copiosa, para justificar la disposición académica de la Universidad Autónoma Americana para concederle el doctorado Honoris Causa que recibe esta tarde.
Julio Ortega es un crítico literario creativo, o creador. De las academias, y de los críticos literarios, líbranos Señor, hubiera sido capaz de decir Rubén Darío, poniendo a la crítica literaria amarga, o superficial, o adocenada, o simplemente libresca, o aburrida, en la categoría de las blasfemias, como en sus Letanías a Nuestro Señor Don Quijote. Los críticos que pueden gastar párrafos, o páginas enteras, señalando dónde debió estar una coma, o donde verdaderamente está, o donde no está. De esos críticos Darío se reía con alegría, él, que como Julio Ortega comenta en su introducción al primer tomo de las Obras Completas, Leer a Rubén Darío, se preocupaba tan poco de la puntuación, dolor de cabeza de los malos críticos.
El sistema de puntación para Darío, dice Julio, “que debería ser definitivo para un poeta cuya dicción suele ser impecable, es más bien poco formal, carece de papel decisivo en el ritmo, y hasta resulta, en ocasiones, dudoso. Quizá la explicación sea sencilla: Darío escribía no en el sistema de la lengua, pero tampoco en la ocurrencia del habla, sino en una dimensión no siempre prevista: la musicalidad del español”. 
Julio Ortega es capaz de entrar en las fuentes de nuestra modernidad literaria, que viene a ser nuestra modernidad cultural misma, la modernidad dariana, para recordarnos, antes de nada, que se trata de una obra viva, desde luego que de eso se trata la modernidad, y de eso se trata la literatura clásica, que por clásica es moderna. En las palabras de Italo Calvino, un clásico es aquel que es capaz de enseñarnos siempre algo nuevo. Y un clásico, también, es aquel que admite siempre una nueva lectura, una nueva posibilidad de encontrar en él algo que no habíamos encontrado en una lectura anterior, capaz de presentarnos a través de las páginas de sus escritos, la novedad constante, es decir, la vida siempre renaciendo. 
Y ésta es la mejor manera de leer a Darío, en la lectura participativa, en busca de descubrir siempre nuevas facetas en el diamante. Lo que Julio Ortega llama “la literatura como una gran conversación”, para que el lector se pase del lado de la obra, y la comparta desde la perspectiva creativa misma, que es la manera más espléndida de leer, sin requisitos académicos, ni reglas académicas, ni formalidades académicas. Una conversación con música. Porque la poesía de Darío no son puntos, ni comas, sino música, la trasmigración de las palabras de un universo formal, hacia otro que pertenece a una dimensión diferente, la de la poesía misma, vista como una entidad siempre sorpresiva y sorprendente, algo que no es de este mundo, porque es sobrenatural. Si no logramos contemplarla como milagro, y el encuentro con el milagro es la epifanía, no estaremos viendo más que las diéresis, y las sindéresis, ya la prosodia, y para más horror, la ortografía. Es la literatura como epifanía, y como herejía. La literatura que nace no de la corrección, tan dura como el cartón, sino de los borrones y de las tachaduras. 
Cantos de vida y esperanza, dice Julio Ortega, tiene un “nacimiento inspirado, pues casi todos estos poemas se deben a un solo movimiento arrebatado, a la dinámica de su música; y las tachaduras y enmendaduras hacen más fluida esa forma realizada. Es el caso del poema “Lo fatal,” que sólo requiere unas pocas revisiones al final. Se diría que los poemas se le han impuesto al poeta, que se apresura a anotarlos, a veces con torpe letra, que requiere, en la corrección, aclarar. En varios poemas ese trazado del poema consigna su balbuceo, que deja algunos versos incompletos y tachados, ya que el poeta debe volver a intentarlos. Y todo eso revela, me parece, la naturaleza temporal del poema, el carácter procesal de la escritura, y la conciencia de la poesía no como monumento de la posteridad sino como producto de la fugacidad. Ello hace más vivo al poema y más actual a la poesía. Y más valiosa a la vida misma, representada en la fugacidad sensorial de su tránsito”.
Darío recordaba que en su primera visita a Madrid con motivo de las fiestas del centenar
io del descubrimiento, en 1892, uno de los empleados del hotel donde se hospedaba lo llevó de manera furtiva a visitar la habitación en que de manera permanente se alojaba don Ramón Menéndez Pidal, para entonces de viaje por su tierra de Santander, y lo que le impresionó fue ver que las sábanas de la cama estaban manchadas de tinta. La mancha de tinta, que es la mancha original. Es la tinta la que fija la fugacidad, para tratar de atrapar lo inaprensible: “yo persigo una forma que no encuentra mi estilo…”, decía con angustia Rubén. “¡Chillen, putas!, diría años más tarde Octavio Paz, en su batalla solitaria de cada día por atrapar las palabras. Por eso es que Julio Ortega nos recuerda que el modernismo dariano es la conciencia de la fugacidad, “la agonía fugaz de la belleza”. Y que lo más hermoso es lo más precario, “hecho una y otra vez en el goce de los sentidos y la plenitud de la sensibilidad armoniosa”.
Dedos, sábanas, manchados de tinta. Sin eso no hay literatura, y tampoco hay crítica literaria. La critica creativa, con los dedos manchados de tinta, que es la que ejerce Julio Ortega, en un continente que, como ya lo sabemos, tiene tan pocos críticos literarios de esta naturaleza creativa. La crítica, vista como un género literario. El mismo Julio Ortega nos dice que Darío “en un gesto propio del Humanismo, forjó el modelo de lo que se ha llamado después la “nostalgia crítica,” el paradigma de recuperar la poesía en una lectura que actualiza la temporalidad”. Esa “nostalgia crítica” es la que Julio Ortega convierte en “presente crítico”, del sentimiento por lo inaprensible, al presente de la tinta.
Esas vetas geológicas nacionales, que a veces nos muestran estratos de continuidad en sus cortes, nos llevarían a decir que este otro peruano, Julio Ortega, viene a ser tan singular como crítico literario, como lo fue en su tiempo Luis Alberto Sánchez, que era el crítico en singular, aquel que acuñó una frase que hoy puede parecer caprichosa, peor que es de todos modos inolvidable: “América, novela sin novelistas”. Una veta geológica peruana, y latinoamericana, que si no ha sido abundante, ha repetido sus ejemplares singulares, desde Alfonso Reyes a Pedro Henríquez Ureña, a Ángel Rama, o a ese otro peruano que es José Miguel Oviedo, o a nuestro Ernesto Mejía Sánchez, poeta, y también crítico literario, de la escuela ilustre de Alfonso Reyes.
Si somos capaces de ver la literatura como una gran conversación, como lo pide Julio Ortega, una conversación múltiple que el genio de Darío volvió trasatlántica, todos hablándonos en una misma lengua diversa desde ambos lados del océano, andando por ese territorio común de la Mancha que dice Carlos Fuentes, también tenemos que ver a la crítica literaria como otra gran conversación, no de sabios prudentes ocupados en sus redomas de las que piensan que un día obtendrán la piedra gramatical, sino de gente que sabe leer con alegría y trata de transmitir a los demás la alegría de leer, que es el más informal, y más libre, y más sensual, y más pecaminoso de los oficios, y por tanto el menos didáctico y aburrido.
Señor Rector Magnífico, agradezco a usted el honor que me ha hecho al confiarme estas palabras en alabanza a mi amigo entrañable Julio Ortega, quien al incorporarse a este claustro académico como Doctor Honoris Causa, se incorpora también a nuestra propia historia cultural, bajo este nicaragüense sol de encendidos oros, que es decir, bajo la luz tutelar del más deslumbrante de nuestros manes, Rubén Darío.

El Nuevo Diario – Managua, Nicaragua – 24 de enero de 2009

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Feria Internacional del Libro de Lima (30 de julio, 2008)

Posted by jortega@brown.edu on July 25, 2008

Feria Internacional del Libro de Lima

Homenaje al autor en la Feria el miércoles 30 de julio con la participación de Diamela Eltit y Florencia Abbate.
Seguido de la presentación de la nueva edición de su novela Adiós Ayacucho y de la actuación especial del Grupo Yuyachkani presentando la versión teatral de la novela.
Auditorio Ricardo Palma, 7- 9:30 pm
Adiós Ayacucho
Julio Ortega
Introducción del autor y Epílogo de Víctor Vich y Alexandra Hibbett
Incluye adaptación teatral en quechua por Yuyachkani
Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

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Los IMAGINARIOS APOCALÍPTICOS en la literatura hispanoamericana del siglo XX

Posted by jortega@brown.edu on May 16, 2008

COLOQUIO INTERNACIONAL
Los IMAGINARIOS APOCALÍPTICOS en la literatura hispanoamericana del siglo XX
Universidad Católica de Lovaina
Faculté de philosophie et lettres, Salle du conseil
1, Place Blaise Pascal – 1348 Louvain-la-Neuve
9:30h: Acogida de los participantes
9:40h: Apertura por el pro-rector Roland Keunings y por las organizadoras Geneviève Fabry (UCLouvain) e Ilse Logie (UGent)
Conferencia inaugural
– 10h -11h, debate incluido: Julio Ortega, Brown University
“La alegoria del Apocalipsis en la literatura latinoamericana”
Mesa poesía
Presidenta: Kristine Vanden Berghe, Université de Liège
– 11h: William Rowe, University of London
“Los espacios apocalípticos en la poesía chilena de las últimas décadas”
– 11:30h: Hervé Le Corre, Université de Paris III
“Persistencia y renovacion del discurso apocaliptico en la poesía de José Emilio Pacheco y Homero Aridjis”
– 12h: Nial Binns, Universidad Complutense de Madrid
“Una tierra cada vez más baldía. La evolución del imaginario apocalíptico en la poesía hispanoamericana del siglo XX”
Debate: 12:30h – 13h
Almuerzo: 13h – 14h
Mesa los ‘clásicos’ del boom
Presidenta: Brigitte Adriaensen, Radboud Universiteit Nijmegen
– 14h: Gabriella Menczel, Universidad Eotvos Lorand, Budapest
“Apocalipsis en los cuentos de Julio Cortázar”
– 14:30h: Marie-Madeleine Gladieu, Université de Reims
“Intertextualidad y figuras bíblicas en La Guerra del Fin del Mundo, de Mario Vargas Llosa”
Debate y pausa café: 15h – 15:30h
Mesa literatura rioplatense / Roberto Bolaño I
Presidente: Robin Lefere, Université Libre de Bruxelles
– 15:30h: Norah Giraldi Dei Cas, Université Charles de Gaulle Lille III
“Representaciones del apocalipsis en la literatura uruguaya; Apocalipsis XX de Sara de Ibáñez y El furgón de los locos de Carlos Liscano”
– 16h: María Angélica Semilla Durán, Université Lumière Lyon II
“El Apocalipsis como deconstrucción del imaginario histórico en El año del desierto de Pedro Mairal”
– 16:30h: Cathy Fourez, Université Charles de Gaulle Lille III
“2666 de Roberto Bolaño: los basureros de Santa Teresa, territorios del tiempo del fin”
Debate y pausa: 17h – 17:30h
– 17:30h: Conferencia de Alan Pauls, escritor argentino
– 19h: salida para Bruselas en tren à 20h15: Recepción en la Embajada argentina
Viernes 16/05/2008: UGent
Het Pand, Priorzaal
Onderbergen 1 – 9000 Gent
9:30h: Acogida de los participantes
Mesa literatura rioplatense / Roberto Bolaño II
Presidenta: Rita De Maeseneer, Universiteit Antwerpen
– 10h: Claudio Canaparo, University of Exeter
“Bellatín, Cucurto, Benaján: Poética y lenguaje. El imaginario del desastre”
– 10:30h: Carmen de Mora, Universidad de Sevilla
“La literatura apocalíptica de Roberto Bolaño; Estrella distante y Nocturno de Chile”
– 11h: Milagros Ezquerro, Université Paris IV
“El apocalipsis según Bolaño”
Debate: 11:30h- 12h
Almuerzo: 12h – 13h
Mesa ‘rituales urbanos/rituales del caos’
Presidenta: Eugenia Houvenaghel, Universiteit Gent
– 13:30h: An Van Hecke, Universiteit Antwerpen
“La cultura del post-apocalipsis en Los rituales del caos de Carlos Monsiváis”
– 14h: Anke Birkenmaier, Columbia University
“Fernando Vallejo y el bildungsroman”
– 14:30h: Pablo Decock, Université Catholique de Louvain
“Big Bang y aporías del final en el barrio de César Aira”
Debate:15h – 15:30h
Pausa café: 15:30h – 16h
Mesa ‘arte’
Presidente : Patrick Collard, Universiteit Gent
– 16h: Andrew Brown, Washington University in Saint Louis
“Post-Apocalipsis visuales: cine y bandas sonoras en la obra de Ricardo Piglia”
– 16:30h: Michèle Guillemont, Université Charles de Gaulle Lille III/UNSAM, Argentina
“León Ferrari contra el Apocalipsis. Algunas consideraciones acerca de la representación del mal en el arte argentino actual”
– 17h: Jens Andermann, Birbeck College, London
“Por la vida, por los chicos, por Telefe: milagro, ajuste y televisión en el Nuevo Cine Argentino”
Debate: 17:30h – 18h
Cierre y balance del coloquio: 18h
Cena de clausura: 18:30h en Het Pand, Gante
Vuelta a Bruselas sobre las 21:30h
Información relativa al coloquio disponible en las páginas Web :
http://www.fltr.ucl.ac.be/FLTR/ROM/ceh/
http://www.spaans.ugent.be
Secretario del coloquio: Pablo Decock (UCL)
Pablo.Decock@UCLouvain.be

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IV Congreso Internacional de Estudios Transatlánticos: Independencias (Abril 9-12, 2008)

Posted by jortega@brown.edu on April 4, 2008

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