La ciudad literaria de Julio Ortega

Archive for the ‘Interlocuciones’ Category

Fuentes: Familias

Posted by jortega@brown.edu on October 5, 2006

La felicidad, novela por entregas
(Babelia, El Pais, 09-09-2006)
Carlos Fuentes
Todas las familias felices
Alfaguara, 2006

La noción de que “Todas las familias se parecen pero cada familia infeliz lo es a su manera” (Tolstoi) preside esta suma de dichas y desdichas familiares, que Carlos Fuentes desarrolla con brio y con bravura. Este virtuoso despliegue de transformaciones empieza por el mismo relato (nada es lo que parece, todo es lo que perece); sigue con el sujeto de la felicidad (padres e hijos, sacrificados entre el deseo y la sociedad); y termina poniendo a prueba (exorcismos de filosofía moral mexicana) los varios modelos de felicidad. Al final, el lector se descubre ocupando el espejo convexo del relato.

Nadie sino Carlos Fuentes podía haber escrito una novela de novelas (dieciseis narraciones iluminadas entre ellas), que además de ser distintas, extreman su diferencia con una suerte de pasión límite y arrebato vital. La energía de su escritura sensorial y la fluidez de sus formas tentativas postulan que cada relato es una novela ejemplar (una figura conflictiva), donde el grupo familiar es padre de la tragedia y madre de la comedia. Se trata aquí de un padre autoritario (que ejerce el rigor y la licencia) y de una madre mexicana (que cantaba boleros y ensaya venganza).

“- Quiero saber de quién soy hijo.
– Eres mi hijo -contestó con naturalidad sonriente doña Medea” (pag. 146).

“Una familia de tantas,” el primer relato, propone los sujetos del
drama: el padre, desengañado, porque su honestidad no tiene valor social; la madre, frustrada, porque dejó su carrera de cantante; el hijo, incapaz de realizarse en una sociedad que lo somete; y la hija, absorta entre el reality show y el laptop. Cada uno ha perdido su lugar social: el padre se rinde, “se trata de sobrevivir, nada más,” dice; la madre fue “esclava sentimental del bolero y se convirtió en la mártir del hogar;” los hijos ya no tienen capacidad de decisión. La familia es un núcleo trágico: el fin de la sociedad. Y en el recuento, la tragedia contemporánea es una forma del Kitch; esto es, de la copia, la glosa, y la sustitución.

Carlos Fuentes inventó el Kitsch en español. En los años 60, fue una corriente estetizante de la expresión popular urbana, cuyos énfasis resultaban involuntaria e irónicamente artísticos. Fuentes fue el primero en recuperar el espectáculo del mercado liberal como una forma tópica de la modernización consumista. Con humor, adelantó la idea de que la mercancía es un derecho de información popular; y cuando los Zapatistas reclamaron lavadoras para sus casas, les dió la razón: no quieren que sus mujeres envejezcan, explicó. El Kitsch reaparece en Todas las familias felices como un horizonte más íntimo: el bolero, el cine mexicano, la novela por entregas, la telenovela, son un lenguaje emotivo que se debe a la memoria de los afectos en un mundo deshumanizado por la violencia. Este libro parece escrito por la obra de Fuentes como su vuelta de tuerca y puesta al día. En “El matrimonio secreto” el personaje es un escritor de telenovelas, y una de ellas, “Los novios,” ha sido copiada del diario de su tía. Las familias felices de Fuentes cantan “Amapola,” imitan a Gardel, y en la intimidad se recitan boleros.

El reality show es el Kitsch actual: todos podemos ser alguien haciendo el ridículo. Hasta los indios tarahumaras “Ganan el concurso. Vestidos de indios, están muy a la moda para hacer el viaje en barco por el Caribe” (pag. 43). La gran pregunta por la felicidad, por lo mismo, ya no responde por el “florecimiento personal” (la virtud realizada) ni por el “bien común” (la ética del otro); y se disuelve entre el autointerés y la violencia dominante. La madre que le escribe al asesino de su hija (“Madre dolorosa”), quiere que él sepa a quien ha matado, y le explica “Su suficiencia. Y sobre todo, su promesa.” “Era inocente -le dice -, pero prometedora.” El asesino es un indio que dejó su pueblo y se extravió en la ciudad, donde se declara “infeliz,” culpable de no haber sido él mismo. La violencia organiza el espacio social, fractura el lenguaje, destruye al sujeto.

Por fin, cuando la novela resta la posibilidad de una familia nacional, se rebelan las hijas. En “El padre eterno,” las hijas que se reúnen a recibir la herencia paterna, concluyen: “Ya no podemos reemplazar al jefe. Sólo matándolo. Colgándolo de las patas en una plaza pública” (pag 402). El padre es culpable de la esterilidad del poder: es avaro, un “rey maldito.” Pero la rebelión ya no se da en términos patriarcales, como otra violencia: se da como farsa. “Vean, nuestro padre es un mago de carpa, un hechicero teatral, un brujo de feria… Es un fantasma,” anuncia la hija rebelde (pag. 407).

Sólo que el padre deja siempre la misma herencia: la muerte. Es un fantasma cuya presencia es omnivora. En “El hijo de la estrella” la pregunta: “¿Es el hijo en verdad el padre del hombre?” (pag. 314) declara que el padre es un actor capaz de todos los papeles. En “La familia armada” el padre es un militar que debe elegir entre sus dos hijos, y salva la vida de Abel, no la de Caín.

Todos estos rostros serán, en “Los lazos conyugales,” un solo espejo vacío: la obra de arte donde el espectador ocupa, con su perfil, su propio papel. Y para no recaer en el melodrama (“esa comedia sin humor”) imagina él mismo “la obra de arte perfecta,” aquella que es “un cuento eternamente renovado” (pag. 372).

La novela, nos convence Fuentes, es el lugar donde los hijos rebeldes enfrentan los poderes de la tragedia y su violencia dominante. Contra todas las razones en contra, gracias a esta comedia de la desobediencia, a veces, alguien es feliz.

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Ferré: Relatos

Posted by jortega@brown.edu on October 5, 2006

METAMORFOSIS ®
Juan Francisco Ferré
Berenice
Córdoba, 2006
(Babelia, El Pais, 13-05-06)
Juan Goytisolo llamó la atención sobre la “incorrección política” que alimenta la “energía subversiva” de la reciente novela La fiesta del asno de Ferré (Málaga 1962), que empieza con la voladura del coche de Carrera Blanco, lo que habría dado inicio a la era de la política como reality show. La conversión de la vida cotidiana en concurso televisivo y esperpento freak alcanza en estos espléndidos relatos a la literatura misma, cuyas “metamorfosis” son una divertida parodia, no exenta de regusto por el grotesco. Estos informes del espectáculo celebran con desparpajo la cultura histriónica dominante.

En “Homenaje a Blancanieves” se trata del falso secuestro de otro ministro, pero no ya de su historia sino de su leyenda; porque la historia corrige ahora a Don Quijote y ya no es “madre” sino “madrastra de la verdad,” mientras que la leyenda es “hijuela de la mentira” y prodiga el esperpento. Otro relato está dedicado al sobreviviente de un tiburón, un “hombre-tronco,” incapaz de “conjurar la fatalidad de lo superfluo,” convertido en héroe mediático. No menos espectacular es la leyenda de Dionisio: “Cuando me cortaron la cabeza, seguí hablando;” ahora convertido en cuentista errante de la turba ruidosa. En “Informe,” el sistema de vigilancia de la Cancillería llama a los inmigrantes “merodeadores” de las “zonas ulteriores a las fortalezas,” y busca hacerlos desaparecer en su lenguaje burocrático. Otra novela ejemplar es la del descreído testigo de Cristo a quien denuncia como “mago avezado,” capaz de fingir su muerte para imponer su discurso como la verdad dominante; el incrédulo compite con el nazareno y se hace enterrar para morir y resucitar, pero lo exhuman medio muerto y pierde a sus espectadores; atrapado “por una trampa retórica,” no le queda sino el camino de los conversos.

No menos irrisoria es “La primera opositora,” quien se desnuda ante el tribunal de profesores, definidos por su “correspondida antipatía y su recíproca desaprobación,” pero muy capaces de juicio erótico. “La plaza es suya, sin discusión,” sentencian. Una sátira de los poderes del discurso se levanta en este libro, entre complicidades amenas y viva actualidad crítica.

Con fervor y maestría, estos relatos ilustran una vida “donde lo racional se ha vuelto lo único real de un modo tan irracional.” Con todo, Ferré no busca denunciar ni corregir sino celebrar las metamorfosis de un mundo que ha perdido “los referentes,” y cuya naturaleza es la impostura, no por trivial menos fantástica. Por eso, Erasmo, jubilado del Humanismo, escribe un “Elogio de la necedad,” y seduce a una lectora crédula. “Algo así de definitivo o de cursi,” advierte Ferré.

El título del libro lleva la ubicua señal de la marca registrada, tal vez para sugerir que esta “Memorfosis” no remite a las de Ovidio y Kafka, por más que tenga de la primera el fervor mundano y, de la segunda, la pérdida de la medida humana. Porque ésta es una metamorfosis de la “España diferente:” un derecho adquirido desde el espectáculo goyesco, esperpéntico y buñuelesco, cuyos sueños de la razón se despliegan ahora en tiempo real.

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R. Juan-Cantavella

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

<strongRobert Cantavella: Una voz nueva en Barcelona
Los relatos de Robert Juan-Cantavella (Almassora, 1976) reunidos en “Proust Fiction” (Barcelona, 2005) parecen, a primera vista, glosas y parodias de la tradición narrativa modernista pero, en verdad, rescriben, refutan y, con humor, reinventan nuestras lecturas esa gran tradición. Los gigantes que Don Quijote creyó ver se han destruido uno a otro y al “deslumbrado” sólo le queda batir molinos. Si Borges imaginó un “congreso” de todos los hombres, Escargot (el personaje recurrente de estos relatos) es en “Badajoz” un periodista infiltrado en un congreso museológico ( del ocio turístico) donde termina escribiendo una novela sobre el crimen que él comete y del que es víctima. Y en “Proust fiction,” el relato final, Marinetti es un poeta que todo lo ha trascrito y firmado.

Borges cuenta que Pierre Menard escribió El Quijote copiándolo literalmente, y concluye que cada lector es autor de lo que lee. Pero en Proust Fiction ya no se trata de una copia sino de una fotocopia, de un fax, de un programa de power-point, de la tecnología de la reproducción que desmonta los edificios de la cultura y los convierte en propiedad anónima. La literatura ya no está “hecha por todos” sino traducida por el ordenador de todos. Marinetti introduce en su portátil textos de otros autores, que un programa on line traduce al inglés y luego al castellano, dejando de lado la originalidad del texto, el culto del autor, y el sistema de la propiedad impresa. El poeta vuelve a ser expulsado de la República y sólo lo salva la locura. Es un Quijote del anacronismo: firma la obra de todos los autores.

Estas ironías de Juan-Cantavella son un acto de rebeldía nihilista (del “nihilismo creativo,” que propone Vattimo); y una celebración de la lectura como apropiación, a la vez radical y fugaz. No en vano en estos relatos abundan las torres (Joyce), los laberintos (Borges), las escaleras (Cortázar), la traducción erudita (Nabokov), sólo que esas y otras construcciones se vienen impecablemente abajo. Juan-Cantavella no es otro epígono del gran modernismo. Más bien, convierte a esa Biblioteca en una suerte de policial truculenta (su Escargot viene de Tarantino y podría terminar asesinando a Torrente). Coincide en este desmontaje del sistema canónico con el sector de nuevos narradores españoles que anuncian la hora del relevo: Juan Francisco Ferré, Germán Sierra, Eloy Fernández Portas, Mercedes Cebrián, Manuel Vilas, Carmen Velasco, Jorge Carrión, entre otros. Esta es una nueva promoción de escritores nutridos por la exploración post-moderna (que cuestiona el rol visionario del escritor, tanto como la figura anacrónica del intelectual público vuelto opinador dominical), animados por su intenso diálogo con la literatura reciente norteamericana y latinoamericana.

Nos dicen, y es bueno creerles, que la ciudad literaria no está del todo tomada.

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R. Hinostroza

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

Rodolfo apasionado
Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941) es un poeta cuya obra no se limita a los libros que escribió sino que se extiende a las varias vidas que vivió. Por ello, y de un modo independiente y rebelde ante la época que le tocó compartir y debatir, Hinostroza es un escritor vitalista (la experiencia es el eje de su fabulación), cuya hipótesis de conocimiento se origina en una pulsión sensorial (física y vehemente, mundana y celebrante), y cuyo vasto registro se articula en torno a la palabra y la imagen. Sus varias voces, por lo demás, se despliegan en el canto y el exorcismo, y afincan en la asociación analítica y el documento de travesía.

Toda su obra (poesía, teatro, cuento, testimonio y novela) se debe a ese cruce de caminos recorridos por el apetito de mundo que la anima. Es una obra de geografía itinerante, de voces sumarias y tribales. Comienza, cada vez, en las aventuras del sujeto de una escritura de acopio, al azar propicio de la ciudad y sus habitantes ungidos, todos prometidos por una futura Ciudad del Arte. Hinostroza es el cronista iluminado del Trayecto del Sujeto Latinoamericano, ese proyecto imaginado entre la subjetividad herida y la energía alerta, entre la historia deficitaria y la errancia liberadora. El suyo es un arte de redenciones, y su palabra redimida prevalece contra los poderes en disputa. Su obra está animada por la ambición de la suma: cristaliza como única e irrepetible. Es un poeta de libros pocos y distintos, y cada etapa de su trabajo se nos impone como definitiva y suficiente.

Esta antología incluye poemas de El consejero del lobo (La Habana, 1965) y Contra Natura (Barcelona, 1971), su pieza de teatro Wamán Poma, Camina el autor (aparentemente inédita) y una selección de su libro de cuentos Extremo occidente (Lima, 2002). La selección traza el itinerario del poeta. Los poemas de La Habana corresponden a su período de testigo marginal de la Revolución Cubana, donde vivió la crisis de los misiles, que su memorable poema “La Noche” documenta. Son poemas que llevan el temor y temblor de la época, y transpiran la sensibilidad de su turbulencia. “Abel,” por ejemplo, puede haber sido escrito en torno al asesinato de Javier Heraud en 1963, en el primer intento guerrillero en Perú. Ambos estuvieron en la Habana, sólo que Heraud eligió el entrenamiento para la lucha armada mientras que Hinostroza siguió su propio camino. Escribió: “He sido arrojado/ por la espantosa violencia de La Idea.” En París, al final de esa década, dio a conocer su libro mayor, Contra Natura, que incluye su “Imitación de Propercio,” verdadera consagración del descreimiento en la política (“Oh César, oh demiurgo/ tú que vives inmerso en el Poder, deja/ que yo viva inmerso en la palabra”) tanto como del otro poder, el de la suficiencia poética. Ambos libros declaran el aliento poético de su dispositivo retórico: el himno en el primer poemario, el canto en el segundo. Si el primero hace del poema una red de pulsión dramática, el segundo hace del poema un campo en construcción, pero en ambos casos se trata de una celebración del proceso poético mismo.

Por su parte, la pieza sobre Wamán Poma (cronista mestizo del siglo XVII peruano) reconstruye en una alegoría de la lectura el itinerario de la figura paralela y arcaica de ese Quijote andino, verdadero paradigma del artista que hace de su Crónica mundana un monumento de la memoria nativa. En su luminosa pieza, escrita en un fluido estado de asombro, Hinostroza cristaliza el proyecto del Cronista en el libro mismo, su albergue final en la intemperie. Los cuentos sorprenden por su afincamiento literario y sus variaciones satíricas y paródicas, ya que convierten la vida literaria en una escena policial, hecha de culpa e ironía.

Aunque Hinostroza desde muy joven pretendió hacer una vida eminentemente artística, fuera de la academia y el periodismo, ha seguido con diligencia y no sin ingenio sus vocaciones por el psicoanálisis, la astrología y la gastronomía, en ese orden. Sus pasiones se revelan en este libro exhuberantes y sistemáticas, como si al final lo humano le fuese más propio en la extrañeza renovada de la escritura, esa vida imaginaria.

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Sí, se puede

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

La población hispana de los Estados Unidos está renovando el espacio político de este país al hacer de su presencia masiva en las plazas un ejercicio de elocuencia.

Por un lado, las marchas mismas actualizan la participación como una ética de la presencia, y construye una nueva agencia política. Por otro, su imaginación elocuente los proyecta como agentes capaces de exceder su propia representación.

De pronto, buena parte de la política norteamericana (desmoralizada por el derroche de Irac, secuestrada por su propio simulacro) se ha vuelto redundante, incluso fantasmática. No logró asumir la tragedia de las Torres Gemelas (reprimida en ceremonias museológicas); no pudo dar cuenta de la catástrofe del huracán Catrina (la pobreza de Nueva Orleáns es una deuda nacional impagable); y terminó empobreciendo las relaciones internacionales al dependerlas de la seguridad nacional. En esa evidencia de los límites, el movimiento hispano actualiza la demanda por los derechos civiles, y adelanta el porvenir. Su lenguaje es internacional. Nos dice que los derechos humanos, la migración y el diálogo son el nuevo internacionalismo

Este es un movimiento que se debe a las redes de intermediación social, que configuran una noción clásica de la política como acción comunitaria. La conciencia étnica, la cultura religiosa, el apoyo jurídico son un mapa institucional que protege los derechos de los indocumentados, pero que también negocia las transiciones. En este sentido, todo el movimiento hispano se puede leer como una demanda por mejores interlocutores anglos. Mientras que en América Latina la sociedad civil busca su lugar en la mesa nacional de las negociaciones, en Estados Unidos los hispanos (el cuarto país en número de hispanohablantes) reconstruyen la plaza pública y propician una nueva conversación. Notablemente, la Iglesia cristiana protege a los “ilegales” y se enfrenta a la injusticia de la ley.

Pero este movimiento se debe también a la cultura de la migración. Primero, a la mezcla de muchas voces sumadas en español; lugo, a la táctica de apropiación y reciclaje. Las banderas mexicanas, a la primera provocación, fueron reemplazadas por banderas norteamericanas. En verdad, ese canje no significa mera asimilación. En manos hispanas, es una metáfora recobrada a favor de la marcha. En el espacio televisivo (esa plaza pública local) esta vez las banderas no anuncian víctimas de la invasión de Irac, ahora marchan en el devenir de la nación. La última que vi es un tapiz políglota de las Américas.

El grito de “Sí se puede” (apropiado del fútbol mexicano) declara, con algo de asombro, la evidencia de las sumas, cuya potencialidad se torna presencia. Es una reafirmación que va a más, del lado de los que iban a menos. Su duración es curso y transcurso: hace del ser un hacer afirmativo. El sujeto es colectivo, gracias a la prueba de los hechos ganados. Es un sujeto que se construye en la cantidad silábica.

Mientras que las manifestaciones conservadoras (contra los inmigrantes internacionales, contra el español mundial) son un menoscabo (xenofobia, racismo, nacionalismo paranoico), los hombres y mujeres de la marcha hispana derivan con ligereza, llevados por su propia fuerza. Su manifestación excede a sus reclamos.

Los escolares desfilan en un trote deportivo. Demuestran que ésta ya no es una marcha sólo de protesta, y mucho menos de confrontación callejera. Es una ocupación de la calle por los hijos de la migración, que hacen lo que sus padres no pudieron: ejercer su derecho de ciudad. El “Si, se puede” se alza alegre y vehemente. Y ya no sorprende que sean mujeres quienes lideran los grupos, adelantadas a paso ligero.

Quizá éste sea el secreto del movimiento popular desencadenado: su propia gracia. Está dotado de una fresca energía celebrante. Pero tal vez se trate también de una gracia ética (de otra clase de don, menos obvio), debida al goce de una justicia resarcida (a pesar de la violencia creciente contra los jóvenes y los pobres), y sólo posible en esta convergencia vulnerable, seguramente pasajera. Gracias a esa lección de claridad este movimiento parte las aguas.

Todos quieren hablar en español. Es una lengua tentativa que va mejorando y recuperando la memoria en la calle. Los primeros días los carteles y pancartas declaraban nacionalidades, asociaciones, ciudades latinoamericanas. Con buen juicio, les dieron la vuelta. Ahora, la lengua del movimiento declara su trayecto bilingüe. Coreanos y centro-europeos se suman al aula pública del español intermedio. Pronto, el inglés trabaja, a salario mínimo, para el español.

El 1 de mayo regresó a Estados Unidos como “Un día sin inmigrantes.” Este lema declara no sin ironía que la ausencia de los trabajadores migratorios es una forma de su poder. No es una huelga ni un paro: es una presencia ausentada. Una variante del “Si, se puede,” que sugiere: sin nosotros, el país puede menos.

Pronto serán dos, si no lo son ya, los hispanos que mueren todos los días en la frontera. Este “día sin inmigrantes” también podría ser un primer día sin muertos.
El País, 5-5-06

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Guantánamo

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

Poemas de presos en Guantánamo
(Versión del inglés y nota de Julio Ortega)
Echándote, madre, de menos
Por Imad Abdullah Hassan
Echándote, madre, de menos, mi corazón he consumido.
Juro por la entera Creación que no sé cómo hablarte.
En la noche, en mi sueños sonámbulos, siento tu amor
Llamándome: Dónde está Imad?
Todos aquí han recibido cartas que alivian su corazón.
Pero yo, sufriendo, vivo en mi soledad, más lejos.

Aun si el dolor
Por Daddiq Turkestani
Aun si el dolor de la herida se acrecienta
Habrá un remedio para tratarla.
Aun si los días en prisión se alargan
Habrá un día para dejarla.
¿Es verdad?
Por Usama Abu Kabir
¿Ha vuelto a crecer la Hierba después de la lluvia?
¿Volverán las Flores a levantarse en la Primavera?
¿Es verdad que los Pájaros regresarán a casa?
¿Ha de volver el Salmón a remontar su corriente?
Es verdad. Esto es verdad. Y son verdaderos milagros.
Pero ¿es verdad que un día dejaremos la Bahía de Guantánamo?
¿Es verdad que ese día habremos de volver a casa?
Soñando con mi casa, me hago a la mar en sueños.
Para estar con mis hijos, cada uno es parte de mí;
para estar con mi mujer, y aquellos a quienes amo;
para estar con mis padres, los corazones más tiernos de mi mundo.
Yo sueño que estoy en casa, libre de esta jaula.
¿Me escuchas tú, oh Juez, me oyes acaso?
Somos inocentes, no hemos cometido ningún crimen.
¡Déjame libre, déjanos libres, si todavía queda justicia
Y alguna compasión en este mundo!
La verdad (fragmento)
Por Imad Abdullah Hassan
Inscribe tus cartas del corazón en esta cueva
Que harán camino hasta la Ciudad del Profeta.
Fue aquí que el Destino quedó absorto.
Oh Noche, estas luces que veo, ¿son reales?
***
He visto a los jóvenes de Mohamed,
¡Qué espléndidos y virtuosos son ellos!
Mucho tiempo fueron estregados por eventos,
Pero ello sólo ha acrecentado su ansia del Señor.
Años de eventos los habían confundido,
Pero ello sólo ha purificado el oro entre el polvo.
Aquí las mentes maduran aprisa.
Un día aquí es como dos meses en casa.
***
Oh Historia, considera. Voy ahora
A revelar el secreto de los secretos.
Mi canción revelará la opresión condenada,
Y hará que el sistema colapse.
Los tiranos, bien equipados y numerosos,
Resisten inconmovibles ante la faz de la Luz.
Ellos se mueven en la Oscuridad, guiados
Por el Demonio, con orgullo y arrogancia.
Ellos han convertido su tierra de paz
En una morada de hipócritas.
Han intercambiado la piedad
Por mercancía barata.
***
Tú, levántate y confronta los hechos.
¿Podrás enfrentarte al mal y la opresión?
No, tú nunca te resignarás a meras palabras.
Tú crees que la espada es el único árbitro.
***
Hermanos, soportad el peso de las pesadas cadenas,
No seáis confundidos por sus maliciosos designios.
Las ilusiones remontan esta barahúnda,
Hay sogas anudadas a la pared,
Y cada noche, en lugar de una novia, ellos
Te traen pena y abatimiento.
No tienes otra compañía que la Noche
Para quejarte del destino amargo.
No tienes otro camarada que la Noche
Para compartir tu tristeza.
***
Yo soy el Compañero de la Noche.
Yo soy quien rehusó la humillación en su propia tierra,
Aquel que no haya reposo.
Yo soy el que lleva el peso en su nuca,
Aquel que rehúsa zanjar.
Oh Noche, yo soy una luz que brilla
Que no podrás oscurecer.
Oh Noche, mi canción devolverá la dulzura de la Vida:
Los pájaros cantarán otra vez en los árboles.
El pozo de pena se vaciará,
La fuente de felicidad rebosará,
Islám triunfará en los confines de la tierra.
“Allahu Akbar, allahu Akbar”. Alá es nuestro Señor.
Ellos no comprenden
Que todo lo que necesitamos es a Alá, nuestro consuelo.

Nota
Estos poemas han sido publicados como primicia por Book Forum ( Nueva York, junio-sep. 2006) y son parte de los pocos que los abogados a cargo de la defensa de los presos de Guantánamo han podido recuperar. Marc D. Falkoff ( profesor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Northern Illinois, y parte de la defensa, con la firma Covington & Burling, de 17 yemenis en Guantanamo ) explica que se trata de una mínima parte de los miles de versos escritos por poetas presos (como los hermanos Ustad Badruzzam Badr y Adurraheem Muslim Dost, liberados y ya en Pakistán, pero cuyos poemas siguen confiscados). La mayoría de poemas no ha sido declasificada por el Departamento de Defensa norteamericano porque si un verso dice “Perdóname, querida esposa,” se lo califica de intento de comunicación con una tercera persona (sólo pueden escribir a sus abogados) y su publicación queda prohibida. Bajo la ley actual, publicar ese poema sería un acto criminal. Falkoff anuncia que se están reuniendo poemas declasificados por el Departamento de Defensa para publicarlos en un libro, cuyas regalías serán donadas a la causa de los derechos humanos.

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Torres Gemelas

Posted by jortega@brown.edu on October 4, 2006

Prosa por las torres
EL PAÍS 12-09-2006
I.
Nos acompaña todavía el sabor de la ceniza. Nos cuesta descontar el luto.
Trabajadores inmigrantes de más de cuarenta países murieron en cada uno de los pisos. Dos suramericanos son mis muertos favoritos. El instante que decide sus muertes se revela como la historia completa de sus vidas, sus sagas de inmigrantes sumadas en español.
Uno de ellos vino de Colombia y trabaja de analista en una empresa inversora. El otro ha llegado de Perú, y es ayudante de cocina en el famoso restaurante del último piso. Ambos son jóvenes, viven con sus padres, trabajan diligentemente, y ahorran más de lo que pueden.
El día del horror era día libre para el peruano. Se había propuesto pasarlo con su madre, descansar, ir esa tarde al cine. Pero lo llaman del restaurante: uno de los mozos de la cocina se ha excusado a última hora. Salió de inmediato hacia la estación del metro. Siempre dispuesto a cumplir y, como dicen en Lima, “hacer alguito”. Apenas ha empezado su turno cuando el fuego los aísla, las salidas se cierran, la tierra se hunde.
Pisos más abajo, la hora del horror encuentra al colombiano en su escritorio. De inmediato los empleados buscan los ascensores, que bajan llenos y se demoran; pero no pierden la calma y deciden hacer dos grupos, uno frente a cada puerta para salir ordenadamente. Cuando por fin se abre el ascensor sólo hay sitio para uno más, pero él advierte que tras suyo una de las secretarias solloza, sacudida por el pánico. Decide tomarla de un brazo, cederle su turno: él esperará por el próximo ascensor.
El padre declaró que no le extrañaba el último acto de su hijo. Podía verlo, pleno en ese gesto que lo definía.
La madre declaró que su hijo jamás habría renunciado a una hora extra de trabajo, y no sólo por dinero sino por ser él quien era.
Que Alguien los tenga en su casa.
II.
Pero las nuevas torres no se deberán a la tragedia, se deben al futuro. ¿Qué puede ser la memoria sino un mayor proyecto?
No requieren perpetuar la violencia. Tendrían que proponer, a partir de cero, la suma de las lenguas. Podrían ser las nuevas torres del habla mutua.
En lugar de la torre de la venganza, de la torre de la guerra, la torre de los espejos multiplicados por una larga conversación.
Parque de los teatros de los cuatro vientos, arcadas de los libros sin fronteras, patios de música para cada orilla, centro de las artes por venir.
Por fin un cine de verdad para la gente de todas partes. Por fin los saberes del mundo, los sabores de su miga.
Y en lugar de una televisión que propaga el miedo, una posible dignidad del medio.
Monumento de las migraciones a que se debe este mundo, las nuevas torres podrían dar de beber al peregrino.
Albergue de los trashumantes, de los que se buscan en el futuro, en la residencia sin fronteras de una próxima ciudadanía.
Porque la violencia es la misma, pero cada víctima es diferente porque su sufrimiento es inadmisible.
Porque el valor del pronombre se alza vivo en la torre que cada uno pone en pie.
Allí donde nadie es ilegal.

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Por Colombia

Posted by jortega@brown.edu on October 3, 2006

Margarita Posada toma la palabra

Colombia es un milagro de la conversación. Su historia, su cultura, su literatura son una fragorosa, animada, íntima charla permanente. Hasta la guerra civil derivó en una gran conversación. Es cierto que algunos parientes pobres del diálogo reclaman silla en la tertulia nacional, pero su violencia los condena al ostracismo civil de los malos interlocutores. Aunque el discurso traumático (una vieja renuncia latinoamericana al diálogo) prefiere una Colombia degradada, su mejor literatura sigue apostando por el hilo del habla.

Desde “El Carnero” hasta “Cien años de soledad,” desde “María” hasta “La isla de la pasión,” la historia es aquí familiar, las sagas nacionales son campeonatos de oratoria, y hasta las biografías se hacen en la palabra mutua. Germán Arciniegas se pasó la vida conversando desde sus libros aliviados. Todo el Nadaísmo fue una charla vehemente en la plaza pública. Los escritores adquirieron identidad de acuerdo a su benevolencia en el tuteo. Los poetas han ampliando la calidad del coloquio, no sin humor y drama, entre Mario Rivero y J.M. Arango, Elkin Restrepo y Cobo Borda. La obra del mejor de los nuevos novelistas, Héctor Abad, traza la genealogía de la conversación en una Babel que debió llamarse no América sino Colombia, y que se debate entre el paraíso y el infierno. Sin olvidar los festivales de teatro, que consagran la conversión al habla; ni los recitales de poesía masivos, ese misterio anual. Esta vocación comunicativa tiene su parodia: la telenovela, cuyo tema son los secretos a voces.

En cualquier ciudad del extranjero hay un barrio colombiano donde uno ingresa en medio de una frase y forma parte de la familia. Esa conversación es un estado de habla distintivo: tiene un regusto de intimidad, una música interna que a un peruano como yo, que pertenece a una familia más bien lacónica, se le antoja nostálgica de un mundo que se debe a la humanidad hablada, que desaparecería si el diálogo cesa. Será por eso que García Márquez ha llamado al exilio una “habladera sin término”.

No extraña, por lo mismo, que los nuevos escritores empiecen buscando su lugar en el conversatorio nacional, y prueben su destreza en la textura emotiva de la comunicación, allí donde una buena novela es un manual de dicciones.
Leyendo la primera novela de Margarita Posada (De esta agua no beberé, Ediciones B, Bogotá, 2005), he creído escuchar la última reverberación de esa fabla que fabula. Se lee esta novela al calor de esa charla, a la luz y la sombra de su laberinto de voces. En su registro flexible de conversaciones inclusivas, los episodios ocurren simultáneamente, como en la fluidez asociativa de la conversación. Como todos los narradores, la autora hace periodismo, que debe ser una práctica democratizadora de la vida cotidiana, capaz de relativizar los ritos arcaicos y los rituales solemnes. En esta novela, además, se parte del “sagrado oficio de la hospitalidad,” que es el signo mayor de su calidad dialógica.

Se trata de un soliloquio que discurre con brío, entre diálogos de habla irónica y herida, como si la oralidad de la vida cotidiana fuese el sismógrafo de su escala emocional. Ese registro es un mapa social de la juventud que se inicia en las tareas adultas del compromiso, en las negociaciones de una política que ha reducido el arte de lo posible a la posibilidad del poder. El desencanto de la pequeña burguesía está contado con ingenio, con simpatía irónica. Y gracias a la integridad del lenguaje, el paisaje decadente se hace veraz.

Si el diálogo es el modelo de la cultura, su forma sintomática, Margarita Posada nos dice que a pesar de la desesperanza, la conversación sostiene la humanidad de las voces y la promesa de su verdad.

Para una primera conversación, esta novela promete mucho. Anuncia a una escritora capaz de devolvernos la palabra acrecentada por la vivacidad del instante, que recupera la historia del presente. Se debe, al final, a lo que ella llama el disco duro que no da tregua, el corazón.

Por eso, aun si esa historia es de agonías, sus voces la redimen.

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Por Cuba

Posted by jortega@brown.edu on October 3, 2006

Vanguardia cubana en Valencia
Admirable de novedades y calidades, “Cuba. Vanguardias, 1920-1940,” que estará hasta el 2 de julio en el Instituto de Arte Moderno de Valencia, descubre el valor intrínseco de unos artistas más reconocidos que conocidos. Aunque sólo Wilfredo Lam asoma con su entramado antillano en los museos principales del mundo, de varios de los otros hemos tenido larga noticia gracias a las revistas literarias (como la memorable “Orígenes,” que dirigió José Lezama Lima en los años 40) y a través de la excelente crítica de arte hecha en Cuba. Esta es una ocasión de comprobar su intensa calidad reflexiva.

En la generosa sala del IVAM, estos artistas recuperan la palabra, y el visitante pronto entiende que este es un arte que lo toma en serio. Sus cuadros no están hechos para ilustrar la actualidad, mucho menos para tributarla. Pocas “vanguardias”son tan maduras y duraderas. Reconocen sus fuentes pero construyen su propio horizonte, con gozo reflexivo. Artistas como Mariano Rodríguez, Amalia Peláez, René Portocarrero y Marcelo Pogolotti requerirían, cada uno, una sala para desplegar sus talentos y documentar sus preguntas. Son cuadros que narran su lugar como un nuevo espacio de colores multiplicados y formas neo-barrocas.

Vienen ellos de las vanguardias heroicas pero están libres de las trincheras de turno, y no tienen que probar su novedad porque se deben a su propia interioridad meditada. Sus formas y figuras afincan en la materia revelada como fecunda. La traza circular y la textura sensorial sugieren la fluidez como el orden de lo vivo. Sus retratos, paisajes, interiores y figuras se expanden como una presencia compartida, efervescente. Ese ardimiento del arte cubano ha sido siempre distintivo de su modo de afincar, plácido de estar y gozoso de ser. Ese es el relato subyacente de la muestra, porque las “vanguardias” son resueltas en la fluidez de su afincamiento. En el marco del VII Simposio Internacional “Diálogos Iberoamericanos: El paso de las ideas entre los mares,” convocado por Consuelo Ciscar Casabán, directora del IVAM, con la dirección académica de Fernando Castro y Kevin Power, esta muestra subraya, con pertinencia, que el diálogo es una educación a menos distancia, que nos debemos. Por ello, en su turno, estos espléndidos artistas demandan mejores interlocutores. La fuerza ética de esa demanda los hace más actuales.

Por lo demás, situada en el paisaje de su tiempo esta respuesta cubana a las vanguardias europeas se distinguen por el arte de la reapropiación feliz. No menos desenfado, autoridad y proyección tienen algunas otras vanguardias americanas. Basta recordar el muralismo mexicano ( que en el fresco italiano reemplaza angelotes rosados con campesinos plenarios); el modernismo brasileño (que en la “antropofagia” ejerce la parodia liberadora); y el constructivismo uruguayo (“orgánico” lo ha llamado Ángel Kalenberg), de signos arcaicos, que el maravilloso Joaquín Torres-García perpetuó en maderas de naufragio.

No menos notable, no menos actual, es que esta exhibición levante la imagen de un trabajo colectivo. El diálogo que estos artistas postulan se nos impone como una pregunta reflexiva por el lugar de su propia producción, por Cuba como lugar de lo que Lezama Lima llamó “los privilegios de la mesa y de la misa.” Esto es, los dones terrestres y su comunión consagrada en la imagen. Lo que entonces fue una reafirmación de vida frente a la pobreza espiritual dominante, hoy nos parece una permanente pregunta por la nación. La “Maternidad en verde” de Lam es una alegoría de la abundancia natural como origen, un tropo antillano de larga data, que anima el gran barroco cubano. “Mujer y casa” de Portocarrero, es una ecuación salvadora, propia de una visión de la mujer como el sujeto de lo moderno, que alienta en la poesía de Cintio Vitier y en la narrativa de Antonio Benítez Rojo. “El capitalismo” de Pogolotti, grafica a escala didáctica la división del trabajo, y lo hace con gracia que evoca las escenificaciones de Virgilio Piñera. “Retrato de Zora” es casi la alegoría nacional de esta Insula disputada: una muchacha robusta de ardor cobrizo y pelo negro que reposa, segura y alerta, ante ventanas donde se perfilan dos árboles como emblemas del doble origen. Esa fragorosa versión de la nacionalidad por venir es otra promesa del diálogo que aguarda, en este arte y parte, a quien pueda devolverle la palabra.

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